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Festejo
PLAZA DE
TOROS
DE LA MERCED
Tarde del viernes, 3 de agosto de 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de La Dehesilla
(sin fuerza
los tres primeros y el 5º, bravo el 4º, fuera de tipo y manso el 6º).
Diestros:
Entrada: lleno
Tiempo: calor.
Crónicas de la prensa:
Portal
Taurino,
El País, Agencia Efe-Huelva
Portal
Taurino.
MANUEL
VIERA.
Ponce
en plenitud
Esta vez los toros no molestaron, se
dejaron torear casi a placer, acudían a los engaños nobles y
paraditos, con escaso fuelle, solo señalar la puya y listos para la
muleta. Es el toro de hoy para el toreo de hoy que gusta a los que tienen mando en
plaza. Así que, Enrique Ponce, conocedor de tan colaboradores enemigos
se encontró con un primero, soso y sin fuerzas, al que con oficio
mantuvo en pié. Pero salió Habanero,
un castaño de bonitas hechuras, muy bravo, que acudió a los engaños
con prontitud, clase y recorrido, y al que el torero de Chivas le
adelantó la muleta, le mando la embestida y le llevo largo con la
cadencia y el sentimiento de los elegidos. Ligó las series y ajustó su
templado toreo en perfectos circulares con la diestra. No lució
igual en el toreo al natural, quizá porque ni encontrara el ritmo ni la
distancia. La perfecta estocada rubricó la obra
de un Ponce en plenitud
Dispuesto.
No es normal ver anunciado en los carteles de importantes ferias
a Pepín Liria con toros pastueños y con autenticas figuras por delante y por detrás. Tuvo
en Huelva esa justa oportunidad, y quiso demostrar que es torero también
con este otro toro sin
malas ideas. Liria toreó al noble y paradito segundo con la muleta a
media altura. Muy despacio trazó muletazos cortos, porfiones, y sobre
todo demostrando la verdad de su toreo con estos animalitos sin
transmisión. Toreo a la verónica sin un solo paso atrás. Toreo
despacio y corrió la mano con perfecta técnica, pero no emocionó, sólo
lo hizo tras la perfecta estocada que le valdría la oreja. Quiso Pepín
Liria hacer su acostumbrado esfuerzo de cada tarde, y muy dispuesto se
fue a portagayola. De rodillas toreó después. Acortó terrenos, se
metió entre los pitones del quinto, pero no bastó, demasiado parado
estaba tan noble ejemplar. Otra vez la espada le valió la oreja y el
honor de acompañar a Ponce en la salida triunfal.
De tramite.
No fue el tercero un toro para las características de El Juli.
Soso, sin humillar, y con las fuerzas justas solo le sirvió para ligar
una faena con demasiados altibajos, hasta en banderillas estuvo
desigual. De nuevo el buen manejo de la espada le bastó para que le
concedieran una oreja. Tampoco el sexto fue del agrado del madrileño,
manso el de Pereda, ni siquiera lo utilizó para su espectacular suerte
de banderillas, se las cedió a su cuadrilla que inexperta, por la falta
de práctica, clavaron mal y de puro tramite. Como de tramite fue el
intento de faena de El Juli a tan nulo ejemplar.
El País.
JUAN ORTEGA. Enrique Ponce, la mejor derecha
Sabido
es que Enrique Ponce maneja la derecha de manera superior a la
izquierda, que sintoniza muy bien con los tiempos y que éstos no están
para otra cosa, faltaría más. Así, el cuarto toro, que sólo se cayó
una vez, coincidiendo con el torero, que entraba a matar, ya es mala
suerte, llegó al último tercio galopando; allí lo esperaba la
derecha, muy centrada, de un matador que empapó la embestida en
series realmente magníficas, emocionantes por la acometividad de la
res y la prodigiosa muñeca que ejecutaba con brillantez.
Una vez la izquierda en el ruedo, bajó el nivel de entendimiento,
luciendo menos los naturales y mejorando en el pacto final del remate.
El toro se apagó y cayó en la suerte suprema, lo que no fue óbice
para que la generalidad del público y Mariano de la Viña pidieran
las orejas. Ponce se pasó de faena en el primero; le había salido un
torito recortadito, bizco y abrochadito de pitones, ideal para el
toreo moderno, alejado de horrendas fieras que escribía la antigua épica
y propio lo del arte. Empleó el mando a distancia con la capa,
ganando terreno en los lances de recibo y en el quite por chicuelinas,
llevando la mano baja y el toro lejos. Empezó rodilla en tierra,
mientras el toro ponía las dos, por lo que el matador hubo de
asistirlo: guantes de goma bien calados, aséptico el ruedo, tanto
como el torero, que, de tiempo en tiempo, instrumentaba un derechazo.
Cambió la muleta de mano y cumplió no menos de 25 pases sin que nada
hubiera pasado. Después el toro se paró, derrotó y se quedó corto,
siendo muy aplaudido por el público. Tras esta lectura no se puede
decir que se hubiera pasado de faena, sino que se había pasado de no
faena, de no toreo, de asepsia.
Pepín Liria circulaba por calles que frecuenta poco; recibió al
segundo con dos largas seguidas de efervescentes verónicas a pies
juntos y de un puyazo apenas señalado. El torete, alegre y con
tranco, se fue al suelo rápidamente y repitió las costaladas de
continuo. Para un boxeador, debe ser emocionante ver cómo el
contrario se autonoquea; así queda la cosa para la estética del vacío.
El quinto llegó al último tercio con una embestida codiciosa hacia
los adentros, que se transformó, nada más caerse un par de veces, en
una insoportable media arrancada. Liria había salido a todo gas, con
una larga comprometida a porta gayola, verónicas, chicuelinas,
media de rodillas, galleos y gaoneras. Hubo de amainar el vendaval con
la muleta y ni hablar de la espada.
La figura del día se llama, sin lugar a dudas, Julián López:
llena las plazas y arrebata a los públicos; otra cosa es lo que
ocurra en el ruedo. Correspondió a la figura un novillote ligero de
estampa y sin afanes de batalla; tampoco se empleó el torero, vulgar
con capote y banderillas, mientras el toro se caía a la salida de los
dos primeros pares. La faena se diluyó por falta de consistencia. Al
último lo despachó de forma profesional y precavida.
EFE.
Huelva. Enrique Ponce cuaja una
faena redonda y sale a hombros con Liria
Una de las faenas más redondas de Enrique
Ponce esta temporada, tuvo lugar ayer en Huelva, con premio de dos
orejas y la consiguiente salida a hombros, que compartió con Pepín
Liria, que obtuvo asimismo un apéndice en cada toro de su lote.
Día grande de Las Colombinas, en la fecha que conmemora la salida
de las tres carabelas al descubrimiento del Nuevo Mundo. Y en
consonancia, el cartel más rematado del ciclo, aún con la sustitución
del lesionado José Tomás, cuyo puesto vino a ocupar Enrique Ponce,
nombre también habitual aquí este día en otros años.El lleno en la
plaza, justificado una vez más tanto por la festividad misma como por
la presencia del fenómeno Juli, aunque a la postre fue éste el único
de la terna que no salió a hombros.
TEMPLADO Y LIMPIO
Ponce toreó templado y limpio, pero sin ajuste en el que
abrió plaza. El toro se defendió mucho, con la cara arriba y frenándose
a mitad del recorrido, en tanto el torero se alivió la mayoría de
las veces. En definitiva,faena pulcra aunque por la periferia.
Muy distinto el Ponce del cuarto toro, claro que también hay que
advertir que éste fue un gran toro, el mejor de la corrida de La
Dehesilla. Un animal pronto, que iba largo y humillado, al que Ponce
lanceó con temple y mucha estética tanto en el saludo, como en el
correspondiente quite. En el último tercio el astado se comía
materialmente la muleta, en tanto el torero se rebozó con él en
series por la derecha cada vez más largas y con doble y hasta triple
remate de pecho.
La faena tuvo igualmente buen toreo al natural y otras «alegrías»,
como el molinete invertido, cambios de mano, trincherillas y
circulares en tres tiempos. Se notó que Ponce disfrutó mucho
toreando, y desde luego que verle fue un verdadero deleite. Sin duda
una de las mejores faenas del valenciano en esta temporada.
Liria era en teoría el hermano pobre del cartel, al que de alguna
manera venía a abaratar. Aunque no conforme con ese papel el hombre
fue todo entrega en sus dos toros. A su primero dos largas cambiadas y
lances con mucho ajuste. Una pena que el toro, con muy buena clase,
tenía poca fuerza, y así no hubo ni una sola serie sin que perdiera
las manos. Liria alternó las dos manos en una faena que no pudo tener
mayor hondura por la condición del animal. Lo mejor, dos circulares
invertidos al final, y por encima de todo la estocada.
El murciano volvió en el quinto a pisar el acelerador a tope, de
nuevo con larga cambiada esta vez frente a chiqueros. Lances a la verónica
con arrojo, galleo de frente y por detrás para poner en suerte y
quite por gaoneras. La faena de muleta tuvo variedad y sobre todo
entrega, aun con el toro apagándose poco a poco. Liria se metió
mucho con él y le aguantó una barbaridad especialmente en los
parones. Nuevamente la espada fue otra vez buena aliada, al rodar el
astado sin puntilla.
ARROJO Y TALENTO
El Juli fue en su primero una mezcla de arrojo y talento.
Lucidas intervenciones al torear a la verónica, en un quite por
faroles invertidos y en banderillas. La faena de muleta, estructurada
sobre series cortas, tuvo suavidad y mimo. Muy resuelto, pulcro y
cuidando de las escasas fuerzas del toro. La estocada, de efecto
fulminante, fue definitiva para cortar la oreja. En el sexto, apagado
y muy protestado de salida, ni siquiera se molestó en banderillear.
El toro, tardo y con feo estilo, no terminó de entregarse, y El Juli
no pasó de un simple proyecto de faena.
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