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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MERCED
HUELVA
Tarde del sábado, 5 de agosto de 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Joao
Moura,
faltos de trapío y de fuerza, mansos. El 2º,
sobrero.
Diestros:
-
Curro
Romero,
pinchazo, cuatro descabellos (ovación
y saludos); dos pinchazos, tres descabellos (algunos pitos).
-
Finito de Córdoba,
estocada honda caída (ovación
y saludos); estocada trasera baja (oreja).
-
Morante
de la Puebla, pinchazo, estocada
atravesada que sale, descabello (ovación y saludos); dos pinchazos, tres
descabellos (silencio).
Entrada: tres cuartos de entrada.
Tiempo: calor en tarde agradable.
Crónicas de la prensa:
El Mundo, El País
El País.
JUAN ORTEGA. Curso de aburrimiento
general
La difícil labor de echar al corral al segundo toro, a causa de
su invalidez, pesó como una losa en la plaza y echó la tarde por el despeñadero
del aburrimiento. Antes, Curro Romero se había encontrado con un toro reservón
que, en otros tiempos, habría sido liquidado con presteza, pero es que empezó
a meterle el pico y vio que lo seguía obediente, por lo que se decidió y dejó
algún detalle, especialmente un natural rematado por bajo y dos ayudados por
alto, igualmente bien rematados por abajo.
Finito, en el segundo, impartió un curso de aburrimiento con notable éxito.
Muleta a la altura de la cadera, un poco por aquí, otro poco por allá,
demasiados pocos que fueron casi nada.
Una verónica y media y algún derechazo desperdigado constituyen el escaso
bagaje que presentó Morante de la Puebla ante un torete mansurrón que dudaba
entre quedarse o irse. Total, para lo que le estaban haciendo...
La segunda parte amenazaba ruina, pero Romero, en esta dorada senectud, tiene
el poder de encandilar y recibió al castaño astiblanco con unas verónicas que
brillaron especialmente por el pitón izquierdo. Fue un espejismo: el toro se
entableró y no hubo forma ni ganas de sacarlo. La decepción fue grande, pero
es que Curro, a pesar de que puede torear reses impensables, nunca ha hecho
milagros y, a estas alturas, tampoco. El quinto toro no es que fuera malo, que
no lo puede ser, sino que era basura. Anovillado de presencia, listo para rodar
el suelo, de rodillas ante el picador, con la trasera pegada a tablas, allí no
hubo nada. El público, en el segundo tercio, hablaba de sus cosas, se daba a la
bebida, o se entregaba sin recato a efusiones amatorias. El morucho iba y venía,
y la muleta volaba desde la distancia, completamente en desarmonía. Menos mal
que surgieron cuatro naturales en dos series antes de que se apagara el farol.
El presidente abrió la tómbola: una oreja de premio para el caballero.
El sexto era un horror de la naturaleza, bizco y destartalado; hubo en el
tendido alguien que se estiró por el cante grande, mientras que Morante trataba
de estirarse en el cite, pero que si quieres arroz, que el cite implica esperar
a alguien, que ese alguien era el toro y no estaba dispuesto a ir. En ocasiones,
hasta reculaba. Parece ser que, en un alarde de imaginación desbordante, los
taurinos anuncian que en la próxima corrida se van a lidiar los toros de
Guisando, que embisten igual o así.
El Mundo.
CARLOS
CRIVELL. Un poco de Romero
Todos los toros acabaron rajados cerca de las tablas; al menos, nos quedarán
algunos momentos inspirados de Curro Romero. El de Camas dejó algunos detalles
gloriosos de su tauromaquia. Los derechazos, uno de la firma, dos ayudados por
alto y un desplante al que abrió plaza... El mejor aroma currista.
La oreja que cortó Finito de Córdoba en el quinto fue producto del
cansancio del respetable. La virtud de Finito fue entender que el toro tenía
que ir muy tapado, y así logró algunos naturales largos llenos del empaque del
diestro cordobés. La estocada, un cúmulo de imperfecciones, dio paso a una
petición sin sentido. Y con el quinto, nada.
Morante de la Puebla se llevó lo peor de lo malo. Ni el tercero ni el sexto
embistieron con claridad a la franela de diestro de la Puebla. Con el capote,
Morante dibujó verónicas exquisitas por ambos pitones, mejores las del sexto,
pero la retina nunca borrará de su recuerdo la media de remate al tercero.
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