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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MERCED

HUELVA
Tarde del viernes, 4 de agosto de 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería Toros de José Ortega, correctos de presentación, flojos, descastados y nobles. Los mejores, tercero y sexto. El mejor fue el tercero. El quinto, manso y enfermo. 

Diestros:

Entrada: media plaza.

Tiempo: calor en tarde agradable.

Crónicas de la prensa: El Mundo, El País


El País. JUAN ORTEGA. Demasiado difícil

Si hay algo que ha pervivido a través de los dos últimos siglos taurinos es la dificultad del toreo. La realidad de cada tiempo ha venido marcada por la escasez de figuras y, antiguamente, también por los fracasos de esas figuras, ya que, cuando el toro mandaba correr, se huía. Es verdad que hoy se fracasa menos, o tal vez sea que el fiasco se disfraza. 

Pero sigue siendo difícil entender a un toro, saber y, sobre todo, aplicar lo que se sabe, pues si bien las tauromaquias tienen por objeto el mejor conocimiento de la lidia, de tal modo que favorezca la seguridad del lidiador, ésta no se obtiene si no es por caminos de exposición muy difíciles de tragar con la garganta seca. 

De ahí que a Víctor Puerto le resultara complicado interpretar las intenciones de su primero, un enano inválido, escarbador, incierto, quedado y con tendencia a los adentros, que se vino al suelo al primer pase por bajo. Tardó media faena en descubrir el pitón izquierdo, de salida el mejor, por lo que su labor careció de continuidad, teniendo que andar avisado ante la violenta y pegajosa arrancada. En el cuarto anduvo en pelea más que en dominio; tal vez a esta edición de Víctor Puerto le haga falta el reposo y la quietud necesarios para trascender las ganas de pelea. 

Dávila Miura ha debido mamar una leche taurina sin ventajas baratas, pero, ante el toro, debe ser más fácil aligerar la suerte que cargarla, colocarse fuera de cacho, más que ante el pitón contrario y, a la hora de matar, seguir la tendencia del hombro izquierdo que marca el camino de la huida. La invalidez del quinto nos privó de cualquier atisbo de toreo. 

El tercer toro fue de una bravura atosigante y Francisco Barroso harto hizo con manifestar una gran dosis de valor que tapara la falta de sitio que dio el oficio. Siempre en los medios, faltó el temple necesario, que no la voluntad. El sexto, noble y pastueño, le dejó tiempo y sitio para un toreo correcto que vino a entonar la eterna canción del torero local, falto de oportunidades por lo poco que torea, y torea poco por falta de contratos. Hay que tener mucha moral para salir cada año en la tierra de uno, dispuesto a jugarse la vida, sabiendo en lo más íntimo, que sólo te puede servir para volver a hacer el paseíllo el año siguiente en la misma fecha y en la misma plaza. Si además de eso, tienes que torear y, encima, te sale un toro de notable bravura, es para irse a casa y blasfemar un rato. Todo demasiado difícil.


El Mundo. CARLOS CRIVELL. Barroso, mejor de las figuras

Con un cartel de modestos, una corrida igual que las que torean las figuras. Algo mejor presentada que la calamitosa que abrió Colombinas, pero su mínima casta, las escasas fuerzas y la sosería eran similares a las que matan las figuras todas las tardes.

Francisco Barroso, en la faena al tercero logró el milagro de una tanda de naturales de perfecta ejecución y le cortó las dos orejas. Su lidia ante el sexto fue una faena menor.

Víctor Puerto logró momentos muy brillantes ante sus dos toros. La recreación de ese quite que ha puesto en circulación, una mezcla de serpentina, revolera y chicuelina citando con el capote liado al cuerpo, fue clamorosa, pero no pudo hacer nada más. Tampoco el cuarto le permitió torear por derecho. En el reparto de la corrida hueca de Ortega, el sevillano Dávila Miura se llevó el lote de menos posibilidades no pudiendo lucirse en ningún momento.

 

 

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