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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MERCED
Tarde del viernes, 1 de agosto de 2003
Corrida de toros

Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería  Toros de Gerardo Ortega, desiguales de presencia, noble flojos y faltos de raza.  El tercero tuvo calidad. El sexto lidiado como sobrero.

Diestros:

Entrada: un tercio de entrada en tarde de calor sofocante.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, ABC, Diario de Sevilla.


PortalTaurino. Manuel Viera El Fandi, cala, funciona y engancha...

Insoportable. No lo que pasó en el ruedo, sino lo que se padeció en los tendidos. Valor, afición desmedida y ganas, muchas ganas de ver toros hay que tener  para asfixiarse sentado en los ardientes ladrillos de la plaza. Calor para dar y tomar en la tarde onubense. Insoportable, agobiante, inhumano. 

Y  abajo, en el ruedo,  pese a las orejas concedidas y la salida a hombros por la puerta grande de El Fandi, el valor de Barroso y la voluntad de Ferrera, la temperatura de la emoción no llegó, ni mucho menos, a ser tan elevada como  arriba, en los tendidos y gradas. Y es que los nobles toros de Gerardo Ortega demostraron una casi total ausencia de casta y de fuerzas. Sólo el tercero se salvó de la quema y tuvo calidad en sus embestidas hasta que se rajó.

Tan buen animal lo aprovechó a la perfección David Fandila El Fandi, que tras torear de capa con gusto lo banderilleó con enorme espectacularidad, sobre todo el segundo par, todo un compendio de fuerza, raza y valor. Sensacional  este Fandi que ofrece con las banderillas  todo un repertorio de autentica verdad. La sobresaliente ejecución de la suerte ha demostrado, una vez más, el atractivo de este torero que, gustando más o menos, nunca hace engañosa su particular representación en el ruedo. Además, el toreo de El Fandi cala, funciona engancha... ¿qué más se le puede pedir?. Trazó el natural con ritmo, lo alargó y lo hilvanó con elegancia. El toreo en redondo, muy despacio, alcanzó altas cotas hasta que el toro le aguantó. Después la estocada certificaría la oreja, la única justa de toda la tarde. Con el  manso y parado sexto, lidiado en quinto lugar por correrse turno, destacó también en banderillas, pero nada pudo hacer  después ante la negada embestida del animal.

Lo mucho, o poco, que Francisco Barroso haya conseguido en el toreo es sin duda fruto de un enorme esfuerzo y una ambición poco frecuente. Y a pesar de que su paso por tan difícil oficio está cada vez más lleno de obstáculos insiste en su titánico esfuerzo por torear y triunfar contra viento y marea. Incluso con la indiferencia demostrada de las empresas, e incluso contra sus propias limitaciones. Esta tarde gozaba de una nueva oportunidad, la que le brinda su plaza de Huelva cada año, porque no tiene otra más.  Menos mal que el reconocimiento se lo da  su gente, que de nuevo le agradeció con la concesión de una oreja su voluntad por agradar, su valor desmedido y sus ansias por triunfar. Expuso una barbaridad con el desrazado segundo y estuvo firme y decidido con el  soso, parado y complicado quinto lidiado en cuarto lugar. 

Salvo algunos aciertos parciales, muy pocos, el toreo de Antonio Ferrera ha ocupado un lugar secundario en la calurosa tarde de toros. Además tuvo, Ferrera, el infortunio de que se le clavara en la pantorrilla un arpón de  banderilla tras la ejecución de un par. El diestro extremeño tuvo que ser intervenido en la enfermería de la plaza y necesitó de ocho puntos de sutura en la herida. Se corrió turno, y esperó lidiar el cuarto toro en sexto lugar. Ferrera, mermado físicamente, poco o nada le pudo hacer al invalido primero. Con su segundo, un sobrero también sin fuerzas, abrevió sin demasiada insistencia.  Y mañana más, calor, claro.  


ABC  Fernando Carrasco. El Fandi templa entre descastados

Mal comenzó la Feria de Colombinas. Ello fue debido al percance sufrido por Antonio Ferrera cuando banderilleaba al que abrió plaza. Había ofrecido rehiletes a su compañero El Fandi y se dispuso a clavar el primer par. El de Gerardo Ortega le esperó y echó la cara arriba. Uno de los palitroques salió despedido y se clavó un poco más arriba de su tobillo derecho. Saltó la barrera con precisión pero cuando apareció por el burladero, el caño de sangre era evidente. Tanto que hubo que hacerle un torniquete. El torero permaneció en el ruedo e incluso estoqueó a este astado, nada del otro mundo, por otra parte. Abrevió el extremeño que pasó a la enfermería.

Fue intervenido durante toda la tarde y salió a matar, con ocho puntos en la herida, su segundo en último lugar, que fue devuelto. El sobrero no mejoró a sus hermanos. No lo banderilleó. Bien que hizo. Otro toro por los suelos.

La tarde, al margen del percance de Ferrera, contó con varios elementos esenciales. El primero, el increíble calor. El segundo, las pocas fuerzas de la corrida de Gerardo Ortega que, salvo el tercero, muy dulce pero que se rajó, se paró en el tercio final.

Un tercer elemento se vio en el tercero de la tarde, donde El Fandio, que formó un auténtico lío con las banderillas -dos pares corriendo hacia atrás de manera vertiginosa y un tercero al violín- para luego sorprender con la muleta. Antes había dejado dos largas cambiadas en el recibo y lances aseados, para ejecutar un quite por zapopinas o lopecinas -vaya usted a saber- muy conseguido. Templó en una faena presidida por el toreo al natural, donde se gustó y supo pulsear perfectamente las embestidas del animal, franco como escribimos, pero queriendo las tablas de manera inmisericorde. Dos series diestras tuvieron largura y ligazón, que no es poco. Supo dejar la muleta en la cara, taparle su querencia y enjaretarle una faena que caló de verdad. El temple presidió su quehacer. Se le pidió con fuerza la segunda oreja pero el presidente no la otorgó.

La voluntad fue la constante en su labor al segundo de su lote, pero no pudo sino evidenciar sus portentosas facultades físicas. Exprimió todo lo que pudo y más a este animal, quedado y sin raza alguna. Lo puso todo El Fandi, que ejecutó un volapié de los que no se olvidan. ¿La oreja? En compensación por la otra denegada en su primero.

Francisco Barroso apechó con un auténtico lisiado, muy protestado por la concurrencia. La labor de Barroso comenzó de rodillas para, ya erguido, intentar tirar de su enemigo. Concluyó con su ya clásico toreo de cercanías, que dispuso al respetable. La estocada fue contundente y la oreja, aliento de sus paisanos. Inédito quedó prácticamente en el segundo de su lote.


Diario de Sevilla. Luis NietoTriunfo con la F de Fandi

Era el día de las efes. Francisco, Ferrera y Fandi. Y ganó El Fandi. El granadino enfandiló Huelva en su debut en la Merced gracias a su variedad en el capote, recursos para la lidia, facultades portentosas en banderillas, un toreo natural cadencioso en su primero y un volapié de ejecución soberbia en el otro. El Fandi arrasó en una tarde bochornosa en la que la corrida de Gerardo Ortega pareció acusar la terrible cornada del termómetro. Parecía increíble que mientras el personal sudaba la gota gorda en los tendidos de sombra, sentados, el diestro granadino se moviera como una centella y anduviera a gorrazos con los astados que, justitos de casta, adolecieron de fuerzas. A la mayoría se les cuidó en varas, con un picotazo o, a lo sumo, un puyazo.

Ambiente festivo. E increíble. Porque dentro de la plaza, al sol, en busca de los cincuenta grados, un centenar de kamikazes vivió sin desfallecimiento alguno las evoluciones de la lidia. Incluso en el tendido de los sastres había espectadores. Desconozco si pertenecían a alguna asociación extraña, como Amigos de la lipotimia o algo así. O bien habían hecho una apuesta con su vecino para entrar en el guinness. Pero les juro que pasaron dos horas sin que se movieran a más de cuarenta grados al sol ¡para que luego digan que no hay afición...L!

El festejo comenzó con mal pie. Antonio Ferrera, tras mostrarse airoso en los lances de recibo, se hirió la pierna derecha con el arponcillo de una banderilla, caída, al clavar el primer par al que abrió plaza. Con un torniquete, aguantó en un trasteo al acobardado toro, que se entableró. Tras pasaportarlo pasó a la enfermería y no salió hasta el sexto, por lo que se cambió el turno de los toros.

El sexto fue devuelto por problemas de visión. En su lugar se lidió otro toro del mismo hierro, flojo y noble. Ferrera, mermado de facultades, no pudo banderillear. Y cortó pronto una labor en la que no se acopló.

El local Francisco Barroso se estrenaba esta temporada. Y lo hizo con un lote deslucido. Lo más destacado fue su voluntad. Al flojísimo, noble, pero gazapón segundo, le cortó una oreja de escaso peso. Lo toreó bien a la verónica y se desenvolvió bien en un quite en el que ligó una gaonera con una caleserina. Con la muleta, inició su faena de rodillas en los medios. El toro perdió al poco las manos. El diestro onubense consiguió algunos pases aislados por el lado derecho, el pitón más bonancible. Por el izquierdo sufrió un serio achuchón. Acabó en un desplante a cuerpo limpio en el que hizo retroceder al descastado animal.

Con el cuarto, el peor en juego, siempre a la defensiva, realizó una faena encimista por ambos lados. El toro volteó de manera espectacular, y sin más consecuencias, al banderillero Manolo Contreras.

El Fandi se mostró con la solvencia propia de quien lidera el escalafón. Al tercero le saludó con dos largas cambiadas de rodillas en los tercios. En su variedad capotera, hizo un quite por lopecinas. En banderillas puso al público en pie en dos ocasiones, en un segundo par a la moviola, en la misma cara, y un tercero, muy espectacular, al violín. Pero lo más auténtico fue la primera serie con la izquierda, con unos naturales cadenciosos y muy templados. Lástima que el animal se rajara en la siguiente tanda. Aún así, con recursos, sacó bellos pases aislados, aprovechando las querencias del astado. La bronca al presidente por no conceder el segundo trofeo fue de órdago. Y también justa.

Al quinto lo lanceó de rodillas, tras dos largas cambiadas. En banderillas volvió a cosechar una ovación estruendosa. Y con la muleta se esforzó en una labor porfiona con un animal noble y paradísimo. Mató de un auténtico volapié, pues el toro no movió ni un músculo. Y rodó tras una estocada formidable.

El espectáculo estuvo marcado con el hierro de la F de El Fandi, fantástico en los tres tercios, y con el calor sahariano de una de las tardes de mayor bochorno climatológico que uno recuerda en una plaza de toros
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