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Toros en Guadalajara
Feria Taurina 1999
Resultados y crónicas
Sábado, 11 de septiembre. Novillos de Barcial (muy parejos, serios,
con trapío, bien armados; fuertes, excepto 3º -inválido- y 6º; varios derribaron. Con
casta, algunos mansos, dificultosos en general. 3º, noble), para García Poveda (estocada
-silencio-; pinchazo y estocada corta -algunos pitos-), Sánchez Vara (pinchazo, estocada
trasera y rueda de peones -palmas- bajonazo muy trasero y rueda de peones
-exigua petición y vuelta-) y Víctor de
la Serna (media -oreja-; estocada trasera ladeada y rueda de peones -minoritaria
petición y vuelta-). Crónica de El
Pais.
Domingo, 12 de septiembre. Toros de Domingo Hernández (1º), fuerte;
2º y 5º, Juan Pedro Domecq, nobles; 3º y 6º, Sayalero y Bandrés, flojos; 4º, Las
Ramblas, noble. Todos correctamente presentados y salvo el 6º -un borrego-, encastados.
Para Antoñete (pinchazo, estocada corta
contraria y rueda de peones -algunos pitos-; dos pinchazos -aviso-, rueda de peones y tres
descabellos -vuelta-), Curro Romero
(dos pinchazos, estocada corta delantera y rueda insistente de peones -pitos-; media
ladeada -oreja-); y Frascuelo (estocada -minor itaria petición, ovación y salida al
tercio- ; estocada -aplausos-). Tres cuartos de entrada. Crónica de ABC.
Martes, 14 de septiembre. Tres toros del Conde de la Corte, y 2º, 3º y 4º de María
Olea (todos con trapío, serios, cornalones aparatosos; 1º, con casta; 2º, bravo en
varas, y resto, mansos; todos dificultosos excepto el 5º, manejable), para José Luis Bote (pinchazo, media muy tendida,
pinchazo, media atravesada y nueve descabellos -silencio-; dos pinchazos, estocada corta
caída y dos descabellos -pitos-), Miguel Rodríguez (cuatro pinchazos,
media atravesada -aviso- y descabello -silencio-; aviso antes de matar y
estocada corta muy trasera y baja -vuelta por su cuenta con algunas protestas) y Pedrito de Portugal (dos pinchazos,
otro perdiendo la muleta -aviso-, bajonazo perdiendo la muleta y descabello
-silencio-; media atravesada y descabello -silencio-). Crónica de El
País.
Miércoles, 15 de septiembre.Toros de Los Millares (-dos despuntados para rejoneo-, los
cuatro de lidia ordinaria, con trapío, cuajo y cornalones, inválidos; 5º, sobrero, más
inválido que el devuelto. Los de rejoneo, uno chico y otro terciado, dieron juego y no se
cayeron), para Pepín Jiménez (pinchazo,
otro hondo tendido y rueda de peones -silencio-; pinchazo y media -silencio-), Juan Mora. (cinco pinchazos y se tumba el
toro -silencio-; estocada corta caída -palmas-) y Pablo Hermoso de Mendoza (pinchazo y
rejón bajo -palmas-; rejón muy trasero -oreja-).Crónica de El
País.
Jueves, 16 de septeimbre. Toros de Martín Lorca (muy bien presentados, algunos con
notable cuajo, muy bien armados y la mayoría cornalones; inválidos y aborregados,
excepto 1º y 5º, los de mayor trapío), para Pepín Liria (estocada -oreja-; media
atravesada, media, rueda de peones y descabello -silencio-), Dávila Miura (pinchazo, estocada,
rueda de peones y seis descabellos -silencio-; pinchazo, otro hondo, estocada y descabello
-silencio-) y Miguel Abellán
(estocada -aviso- y descabello -ovación y salida al tercio-; estocada atravesada -primer
aviso-, tres descabellos -segundo aviso- y descabello -silencio-). Crónica de El
País.
Viernes, 17 de septiembre. Cinco toros de Alcurrucén y uno de Laurentino Carrascosa, para Rivera Ordóñez (silencio y pitos), Uceda Leal (oreja y ovación) y El Juli (oreja y palmas).
Sábado, 18 de septiembre. Toros de Joaquín Núñez (cuatro bien presentados, con
genio; 3º y 6º anovillados sin trapío, inválidos y pastueños), para Luis Francisco Esplá (pinchazo hondo y
descabello -ovación y salida al tercio-; estocada corta ladeada y tres descabellos
-silencio-), Manuel Caballero (bajonazo
-silencio-; bajonazo -bronca-) y José
Tomás (dos pinchazos, estocada trasera desprendida, rueda de peones -aviso con
retraso- y se echa el toro -ovación y salida al tercio-; pinchazo y estocada
-oreja-). Crónica de El País.
Domingo, 19 de septiembre. Enrique Ponce, Rivera Ordóñez, y El Juli. Suspendida por lluvia.
Empresario: Maximino Pérez
Crónicas de la prensa
El
Pais, JOAQUÍN VIDAL. Albacete, edición del 19 de septiembre '99.
Los toros eran de esta galaxia.
Toreó José Tomás, a quien llaman torero de otra galaxia, pero los toros eran de
ésta. Y no concordaban.
Un torero de otra galaxia, como consideran a José Tomás por su toreo totalmente
distinto al que realizan las restantes figuras - de una hondura y una pureza punto y
aparte-, o se lo hace al toro íntegro que las restantes figuras no quieren ni ver o de lo
dicho no hay nada.
Y eso ocurrió: que los toros pertenecían a la galaxia terrenal con todas sus
miserias. Toros que ni parecían toros. Toros anovillados, febles, claudicantes,
sospechosos de pitón y borregos.
El reducto terrenal de nuestra galaxia posee suficiente genio creador para transformar
su fisonomía y dejarla irreconocible. El reino animal sobre todo, donde entraron los
taurinos a saco y lo que fue toro pletórico de majestad y poderío, lo han convertido en
lastimoso borrego.
Los toros de la galaxia mísera bautizada por la mismísima santa Biblia "Valle de
lágrimas" los echaron sólo al torero de la otra galaxia pues para sus compañeros
de terna -que son de este mundo- los dispusieron de mayor fuste e integridad.
Manuel Caballero, que hubo de torear dos de esos, a lo mejor se sintió discriminado y
tratado injustamente por un público que le abroncó a modo. La verdad es que con su
primer toro estuvo pegapasista, reiterativo y plúmbeo, incapaz de templar y reunir los
derechazos y los naturales que endilgó con denuedo. Y con su segundo -el de mayor cuajo
de la corrida-, extremadamente precavido pues al verse desbordado en los naturales por
aquel ejemplar, que además le hacía hilo, se limitó a machetear y lo pasaportó de un
bajonazo.
Mucho disgustó al público semejante alivio. Ahora bien: ¿Qué resulta más
inquietante? Machetear un toro bronco de aquí te espero o darle naturales exquisitos a
uno de esos toros mutilados, inválidos y bobalicones que ha engendrado el genio creador
de esta asendereada galaxia?
Las mismas cuentas se haría Luis Francisco Esplá, que sustituía a Espartaco. A
Espartaco le dio de súbito un flux -puede que al conocer el trato selectivo que iba a
recibir el torero de la otra galaxia-, y se cayó del cartel.
Lo celebró la afición conspicua al enterarse, ya que Luis Francisco Esplá no será
torero galáctico mas planetario sí, perteneciente al reducido y exclusivo grupo de los
maestros lidiadores, que son igualmente punto y aparte. Y no defraudó; antes al contrario
lidió seguro, banderilleó fácil, muleteó con oficio construyendo sendas faenas de
escaso arte y bastante pundonor.
El arte vendría de la mano de José Tomás. De la mano izquierda en el tercer toro
(con la derecha se aclaraba poco); de la mano derecha en el sexto (con la izquierda le
faltó dominio y templanza). Hubo tandas de naturales en el tercero sencillamente
extraordinarias, con su aditamento de pases de pecho, cambios de mano, trincherillas,
molinetes invertidos y la inevitable ración de manoletinas. Hubo tandas de redondos en el
sexto de una suavidad excelsa. Y todo con impecable ligazón. Nadie, absolutamente nadie
del actual escalafón torea, manda, liga, con tanta naturalidad y pureza como José
Tomás, Mesías prometido que dicen vino de otra galaxia a redimir la fiesta.
Pero para redimir la fiesta con toros escachifollados no hace falta venir de otra
galaxia. Desde Getafe hasta San Feliu de Guixols, desde Tarifa hasta Finisterre, hay
suficientes toreros que, si es con esos toros, están dispuestos a hacer de redentores, a
mitad de precio.
El
Pais, JOAQUÍN VIDAL. Albacete, edición del 17 de septiembre '99. El síndrome
cular
Los toros de caían de culo. Qué cosas pasan en la que dice ser y llamarse fiesta
nacional.
No es la primera vez en la vida que a los toros se les aprecia ese curioso síndrome,
pero ocurre rara vez. Lo que suele suceder es que los toros se caigan ora desplomados o
quizá deslomados, ora vencidos a estribor o claudicando de hocico. Ahora bien, que se
caigan de culo y por las buenas, eso ya resulta bastante extraño.
Y no es que fueran toros de pitiminí. Antes al contrario eran toros de gran
arboladura, cuajados, hondos, provistos de unas temibles astas vueltas, desarrolladas y
buidas.
Comentaban por los mentideros taurinos que el trapío de los toros le provocó un
cólico nefrítico a Manzanares, anunciado para la función. Está por demostrar que esa
fuera la causa. Sin embargo lo del cólico nefrítico constaba en el certificado médico
que presentó, firmado por el doctor Crespo Rubio, y se cayó del cartel.
Debe de haber epidemia de cólicos nefríticos. El día anterior El Cordobés se cayó
del cartel alegando igual dolencia, según constaba, asimismo, en el correspondiente
certificado médico.
La que dice ser y llamarse fiesta nacional está infestada de cólicos nefríticos, que
también afectan a los toros y por eso se caen de culo.
Hubo dos que no se caían ni de culo ni de nada y además fueron los de mayor trapío
de la corrida. Uno de ellos abrió plaza, tomó tres varas, desarrolló casta brava y
Pepín Liria le hizo una faena de muleta valerosa y corajuda. Destacaron los ayudados
inciales embarcando muy toreramente al toro hasta los medios, donde remató con un ceñido
pase de pecho. Instrumentó luego derechazos y naturales de ardiente concepción, incluyó
un circular de varias vueltas metido en el costillar y mató de una estocada. La verdad es
que no se le podía pedir más. Cada cual tiene su capacidad, su idea, su cosa, y Pepín
es Pepín.
El otro toro íntegro saltó quinto y le correspondió a Dávila Miura. No lo tenía
fácil Dávila Miura pues el toro mostró su mansedumbre en todos los tercios, salió
suelto de cuatro encuentros con la acorazada de picar -que, como todas, le sometía a la
infamia de la carioca-, intentó brincar al callejón y se puso después bronco. Sin
fijeza en la muleta, que rehuía -hasta la llegó a tirar una coz-, Dávila Miura lo
trasteó un tanto demudado y azaroso y lo envió a mejor vida en cuanto le fue posible.
Las otras faenas de Dávila y de Pepín carecieron de fuste. A los toros que se caen de
culo es ridículo intentarles faenas con fundamento. Miguel Abellán, no obstante, puso
todo de su parte para cuajarlas íntegras, y el empeño le salió regular.
El toreo a la verónica lo hizo Miguel Abellán con galanura y pureza. Para el toreo de
muleta, en cambio, se tomó sus ventajas. La principal, rectificar raudo los terrenos y
darse una carrerita tras rematar cada pase. Al tercer toro, de mansa catadura y reservona
condición, le aplicó muchos derechazos y acabó oyendo un aviso. Al sexto le pegó pases
hasta en el carné de identidad sin tener en cuenta que el animalito padecía el síndrome
cular en grado superlativo y entre derechazos se quedaba sédente mirando a Zaragoza; con
lo cual los avisos le llegaron por duplicado.
Y la que dice ser y llamarse fiesta nacional sigue. Degradada y corrupta pero sigue.
El
Pais, JOAQUÍN VIDAL. Albacete, edición del 16 de septiembre '99.
Vuelve el toro que se bebe la coñá
La feria de Guadalajara iba de cine, con toros íntegros; incluso salió el toro del
coñá, ése que se parece al que anuncia un coñá en la carretera. Pero ha vuelto a
salir el que se lo bebe.
No se afirma que los toros de Millares le daban al frasco; sólo que lo parecía.
El cuajo que sacaron, la seriedad de la cara, la arbolada cornamenta, el engallado
otear, no guardaban relación alguna con el volatineo que se traían. O iban cocidos o no
se explica.
Les daban un capotazo, y al suelo; un pingüí, y al suelo también. O peor, porque, a
veces, aguantaban de pie, fijos en la pañosa sugerente, y la debían ver doble pues
acudían a tomarla inciertos, azarosos y trastabillantes. Y luego se paraban, desnortados
y azarosos.
Eso ocurrió con los toros de lidia ordinaria y un sobrero, sustituto del quinto
devuelto al corral, que aún estaba más sopa. Los de rejoneo, en cambio, no se caían. A
lo mejor eran abstemios.
Suele ocurrir. La afición lleva años preguntándose por qué los toros de lidia
ordinaria se caen siempre y los de rejoneo no se caen nunca. Los taurinos tienen la
respuesta: "Porque los de rejoneo no se emplean".
Creen los taurinos que han descubierto la pólvora con ese argumento y, sin embargo, el
propio sentido lo desbarata: los toros de rejoneo se la pasan galopando sin parar, les
meten una tunda de hierros que los dejan convertidos en acericos, y no se caen; mientras
los toros de lidia ordinaria apenas saltan al redondel y pegan dos carreras ya están
rodando por la arena.
Los toros de Millares destinados al rejoneo no debían ser del mismo encaste que los
dedicados a lidia ordinaria pues, sobre no caerse, lucían muy distintos en lo físico y
en lo político. En realidad dieron juego y Pablo Hermoso de Mendoza lo aprovechó con la
facilidad y la sobriedad propia de los caballistas buenos; pero sin emoción ni
brillantez. Únicamente los cruces, las pasadas y las templanzas jinete de Cagancho
-tampoco muchas- ofrecieron variedad a una tarea que resultó bastante aburrida.
Cierto que si se compara con lo acaecido en la lidia ordinaria, el rejoneo resultó ser
la alegría de la huerta. Porque la lidia ordinaria -la ordinariez de lidia, para decirlo
con propiedad- consistió en perpetrar puyazos a unos toros que no tenían dos tortas,
fingir faenas de muleta imposibles alegando pinturerías diversas.
Pepín Jiménez, en sus porfías a los obtusos inválidos, logró sacar algunos
derechazos y naturales rápidos. Juan Mora también a su primer toro. El otro, sexto de la
tarde, se iba al suelo con sólo mirarlo y Juan Mora, que quizá no le miraba por si
acaso, le anduvo alrededor componiendo las castizas posturas que muestran los
daguerrotipos de las añejas tauromaquias. Con lo cual, al contemplar aquella surrealista
situación, era el público el que creía que la había cogido de zapatero. Y a algunos
les entró la llorera.
El
Pais, JOAQUÍN VIDAL. Albacete, edición del 15 de septiembre '99.
Vuelve el toro del coñá
Salió el toro del coñá. Así llamaban las antiguas cuadrillas al toro de aquí te
espero. Volvían del sorteo y si le había caído en desgracia al matador ese toro, le
decían compungidos: "Hay que apretarse los machos; te ha tocado el toro del
coñá". En caso contrario le decían jubilosos: "¡Es un dije!".
Toro del coñá y dije son expresiones obsoletas. El vocabulario taurino ha sufrido una
transformación profunda, al hilo de los cambios experimentados en la propia fiesta. Ahora
los toros no son ni del coñá ni dijes: simplemente, sirven o no sirven. Y se dice así:
"Va a servir, no va a servir". Por extensión, y por pura lógica, concluida su
lidia se definen de la misma manera: sirvió o no sirvió.
Y de ahí en adelante. Las reglas del arte han quedado reducidas a un sucinto palabreo
de corte surrealista: "tócale, pónsela, amonó"; y los pelajes de los toros,
que si no son negros totales los denominan burracos. Hasta los instrumentos toricidas han
cambiado de nombre; como el estoquillador (palo donde se apoya el estoque), que ya llaman,
incluso en los diccionarios taurómacos, estaquillador (palo donde se apoya la estaca).
El toro del coñá -es evidente- viene del espléndido torazo creado por Manuel Prieto
que asoma majestuoso por las lomas próximas a la carretera y forma parte del paisaje.
Ahora bien, a veces la realidad supera la ficción y eso fue lo que aconteció en
Guadalajara. Pues el toro que allí se lidió superaba en trapío al toro del coñá,
lucía una cornamenta de impresionante arboladura, y su fosca cara inspiraba poca
confianza.
Pocas bromas con esos toros, hierro Conde de la Corte unos, hierro María Olea otros
(que son marido y mujer). Pocas bromas, en efecto, ya que sobre el trapío y las temibles
cabezas, sacaron casta mala, o quizá sería más propio precisar media casta y de las
malas. Mansos con los caballos la mayoría, devenían probones, reservones e inciertos.
Hubo excepciones notables, sin embargo. El primero sacó la casta propia del toro de
lidia. Y José Luis Bote no se confió. Lo tomaba de muleta y al intentar el siguiente
pase se le venía encima.
Hay un procedimiento, acaso único, para dominar a los toros de casta: ligar los pases.
Para eso se inventó lo de parar, templar y mandar cargando la suerte naturalmente, que no
es dogma sino técnica, muy estudiada y experimentada para dominar la casta de los toros.
Lo hubiera hecho así José Luis Bote y estaríamos hablando de un triunfo apoteósico.
Aunque también podríamos hablar de volteretas y sinsabores. El toreo hecho en pureza no
es un seguro de vida. Grandes faenas se vieron truncadas por la cornada, pues ese riesgo
trae lo de parar, templar y mandar... cargando la suerte.
Miguel Rodríguez, a base de ligar y todo eso, se hizo con el quinto toro condeso, que
se comportaba como un mulo. Era el revés del segundo (María Olea) que desarrolló
bravura en el primer tercio, arrancándose pronto, recargando fijo las dos varas que
tomó, si bien rebajó se vino abajo en el último tercio y Rodríguez le porfió mucho
sin apenas lograr prenderle media docena de embestidas.
El quinto, descastado y atontado, no sacó mala intención y Miguel Rodríguez, tras
banderillearlo sin brillo (en el segundo estuvo peor), le enceló de tal modo que
consiguió hacerlo embestir humillado y pastueño. Fue en cuanto se echó la muleta a la
izquierda y cuajó tres tandas a base de parar, templar y mandar cargando la suerte, con
impecable templanza y ligazón. Una faena importante, que afeó el diestro por el mal uso
del acero.
El resto de la corrida sólo trajo quebraderos de cabeza. Bote, en cuanto comprobó la
catadura del cuarto, se lo quitó de encima sin contemplaciones. Pedrito de Portugal
intentó reiteradamente el buen toreo, interpretado con reposo y finura, mas era imposible
con aquel descastado género.
La feria de Guadalajara ha empezado con una sorprendente seriedad en cuanto concierne
al ganado: gran novillada de Barcial el primer día, decorosa corrida para la terna
bicentenaria y, a la tercera, el toro del coñá. Claro que en breve vienen las figuras y
con ellas ya se sabe.
ABC.
José Luis SUÁREZ-GUANES. Edición del 13 de
septiembre´99. Curro Romero y
Antoñete bordaron el toreo eterno
El cuarto de la tarde había salido con aire distraído. Antoñete -que no se había
podido lucir con el anterior- pegó algunas verónicas de buen porte en periodos
diferentes y una media extraordinaria: una media de Antoñete de las que dejan poso en el
recuerdo. Con la flámula anduvo bien a la res, con una trinchera de lujo. Tres derechazos
de gusto y el consabido de pecho. Luego, un pase de trinchera de museo tras verse una
«miajita» achuchado, después de dos derechazos. Con la izquierda fue a mejor. Otra vez
la torería inaudita. Otra vez el natural mandón y artístico, aunque fueran lógicamente
en tandas de tres para sacarse en el trance final todo el toro por delante, con la
galanura del pectoral. Y así en tres o cuatro tandas: ¡qué lástima que no lo matara!
Pero la gente le obligó a dar una vuelta al ruedo con fuerza.
Temple y despaciosidad
Tampoco Curro Romero pudo redondear en su primero, pero en el quinto lo bordó con la
flámula, con solo el lunar de la defectuosa forma de entrar a matar. Dos o tres series de
derechazos recreándose, sintiéndose artífice de su propia obra. Muletazos de tela tersa
e inmaculada, con ese gusto, esa majestad y esa armonía que tiene el toreo etéreo de
Romero. Con su habitual temple y despaciosidad. Más joven que nunca y con muchos más
ánimos que en sus años de plenitud. Nos recordó que el toreo también es soñar y le
concedieron una oreja que nadie pudo discutir.
Ya hemos dicho que Chenel no pudo hacer nada en el que abrió plaza, que habían picado
en demasía y quedó con poco motor. Había aguantado al lancear e, incluso, había
dibujado una verónica aislada de las suyas. Con la muleta: tal o cual trincherazo, un
pase de la firma y poco más. No había material asequible. Pero siempre «tragó». Nunca
volvió la cara.
Ganas y coraje había tenido Romero al lancear al primero de su lote. Tuvo que cortar
la faena de muleta después de una serie diestra, pues el bovino no tenía recorrido.
Además mató con muy poca galanura.
Frascuelo, sustituto de Curro Vázquez, hizo cosas torerísimas en el tercero, al que
debió cortar la oreja, pero ni la gente la pidió suficientemente ni tampoco accedió el
duro presidente alcarreño. Hubo varios pases para dejarlos grabados en la memoria. El
sexto tenía muy poca fuerza y a pesar de las ganas y la decisión de Frascuelo, este no
pudo hacer nada.
Cuando nos encaminábamos hacia Madrid nos quedaba en la memoria histórica el modo de
ser torero de Chenel y la inmaculada manera de concebir el toreo de ese faraón
incombustible que se llama Curro Romero.
El
Pais, JOAQUÍN VIDAL. Albacete, edición del 12 de septiembre '99.
Emoción con los "patas blancas"
Una gran novillada inauguró la feria de Guadalajara. Los taurinos dirán que fue la
peor del mundo, pero los aficionados estaban en que esa es la fiesta, ahí está el
fundamento de la lidia, lo que da emoción al toreo y mérito a los toreros: el toro.
Toro íntegro; en la presente ocasión novillo íntegro, con más trapío y poder, con
mayor casta y codicia que esos toros con vocación de borregos que les echan a la figuras.
Ni siquiera podía haber comparación entre los novillos de Barcial -conocidos por los patas
blancas- y lo que sueltan por ahí cada tarde de feria. Novillos serios, bien armados,
astifinos; algo que rara vez se ve en los tiempos que corren.
Novillos parejos en pesos, tipos y pelajes. Todos terciados y bajos de agujas aunque
luciendo un trapío irreprochable. Todos exhibiendo en los bellísimos pelajes sus señas
de identidad sin faltar detalle: negros o entrepelaos, acaso girones también, y además
bragaos, calceteros y luceros. Así los seis.
Los hubo bravos, los hubo mansos, pero la casta era inequívoca en los seis. De ahí su
dificultad. De ahí el mérito enorme de los novilleros, que no se amilanaron en absoluto.
Los novilleros -los tres- estuvieron hechos unos jabatos. Cada cual con sus capacidades
y sus limitaciones, mas pundonorosos y valientes a toda prueba. Si los novillos no daban
facilidades, y probaban las embestidas, o se quedaban cortos, o no las probaban ni se
quedaban cortos sino que sacaban el peligro inherente a los toros encastados y codiciosos,
se recrecían plantando cara a la adversidad. La emoción también estaba ahí -sobre todo
estaba ahí- en esa generosa entrega.
Lució especialmente Víctor de la Serna. Valeroso y torero en las verónicas con que
saludó al tercero, que resultó ser el más noble de la novillada. Decidido y hondo en la
faena de muleta, que planteó al natural. Apenas había instrumentado unos redondos cuando
se echó la muleta a la izquierda, ligó las suertes y, al concluir con un ceñido pase de
pecho la primera tanda, ya se había hecho con el novillo. Instrumentó tres series más,
llevando con pulso y mando la humillada embestida. Se adornó mediante una sucesión de
ayudados, trincherillas y cambios de mano, y un molinete barroco puso punto final a la
faena. Lástima que no llevara el estoque pues en ese momento el novillo le pidió la
muerte. Marchó a buscarlo y, al volver, el patas blancas ya no se le cuadraba. El largo
trasteo que empleó para perfilarse impidió que alcanzara un triunfo grande. De todos
modos cobró media y le valió la oreja.
Con el sexto estuvo igual de entregado si bien la estimable faena ya no alcanzó tanta
hondura y ligazón. Y aunque mató otra vez a la primera no hubo petición suficiente para
concederle la oreja y perdió la salida a hombros que estaba cantada.
El toreo al natural: lo practicaron también o por lo menos lo intentaron con ahinco
los otros dos espadas. Apenas se doblaban con el toro, ya tenían la muleta en la
izquierda. El primero de García Poveda traía peligro por el sentido que desarrolló en
el transcurso de la azarosa faena. Al cuarto, en cambio, que se comportó con poder y
bravucona mansedumbre durante el primer tercio, García Poveda no le sacó partido pese a
que el animal devino manejable, y suplió el toreo por un cúmulo de alborotadas suertes y
desplantes.
Dificultades tuvo asimismo el lote de Sánchez Vara, y no le arredraron. Banderilleó
rápido, porfió naturales a su primero, que se quedaba en la suerte, y en su segundo -ya
manejable- ciñó derechazos, cuajó una estupenda serie al natural, pasó de rodillas,
tiró de manoletinas y hubiera alcanzado el éxito si no llega a ser porque metió un
indecoroso bajonazo.
Triunfos merecían los tres espadas, con aquellos patas blancas de casta y poder. El
que hizo cuarto, cuya lidia estuvo plagada de incidentes, provocó una imagen hoy
insólita, que parecía escapada de las estampas de La Lidia: dos caballos
derribados, uno en el platillo, otro en el tercio, mientras acosaba a las cuadrillas el
novillo cárdeno girón berrendo bragao lucero calcetero, más serio que un juez a la
antigua usanza y con una cornamenta de aquí te espero. |