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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS CRUCES
GUADALAJARA
Tarde del sábado, 16 de septiembre del 2000
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros: tres de Los
Bayones, dos primeros devueltos por inválidos; tres últimos de Hermanos
Badía, el 5º sobrero; 1º sobrero de El
Ventorrillo; terciados, armados, inválidos, manejables.
Diestros:
-
Curro Vázquez,
estocada corta baja (pitos); dos pinchazos y estocada perdiendo la muleta
(ovación y salida al tercio).
-
Enrique Ponce,
pinchazo, media trasera y rueda de peones (silencio); pinchazo -aviso- ,
estocada caída y rueda de peones (ovación y salida al tercio).
-
David
Luguillano, dos pinchazos bajos, estocada corta tendida trasera -aviso-
y descabello (silencio); estocada delantera (oreja).
Entrada: Tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
El País
El País.
JOAQUÍN VIDAL. Los malos modos
Para ver unos detalles de torería a cargo del maestro Curro Vázquez y
diversas voluntariedades de sus compañeros de cartel, hubo que soportar ciertos
malos modos. Como si se tratara del impuesto revolucionario. Últimamente están
muy levantiscos determinados miembros de la grey coletuda. Parece que todo les
fuera debido y se ponen bastante impertinentes. O dicho en plata: lo que se
ponen es bastante groseros.
El día anterior fue El Juli quien dio la nota. Según testigos que le
oyeron, insultó al presidente desde el redondel, y luego en una desafiante acción
sin precedentes, le brindó el toro lanzándole la montera al palco.
Esto ocurre hace años y se entera El Juli. Hace años un torero que cometía
semejante intemperancia no se iba de rositas. Y si era con el público, menos aún.
En la corrida de ayer Curro Vázquez le llamó varias veces golfo a un
espectador de barrera, porque le había recriminado que se guareciera en el
burladero cuando el toro se arrancó a un peón.
Poco después, dos miembros de su cuadrilla se pusieron a discutir en ese
mismo burladero y no paraban de alegar. Más tarde un peón de Enrique Ponce se
puso a pegarle patadas al toro mientras lo apuntillaba y aún le arreó otra en
la cara después de acertar el cachetazo. Se ignora el motivo de la agresión
pues el pobre animal había sido un inválido y su única fechoría consistió
en desbaratar un burladero, con amontonamiento de tablas y astillas que
lesionaron una mano al también peón Antonio Tejero.
Sí, sólo unos años atrás estas groserías las cortaba de raíz la
autoridad, y por supuesto el público, que no las consentía de ninguna manera.
Ahora, en cambio, depende. Tantos presidentes como hay al servicio de los
taurinos (la mayoría) y tantos públicos que han renunciado gratuitamente a sus
derechos y se dejan tomar el pelo, dan pie a que el atropello tome carta de
naturaleza y se cometa impunemente.
El fraude ha tomado carta de naturaleza. Digámoslo claro: el 90 por 100 de
las orejas -hasta podría ser el cien por cien- se las cortan las figuras a
toros mochos y absolutamente inválidos. Así está la fiesta. Esas son las
gestas que -dicen- protagonizan las figuras y les permiten salir a hombros cada
día por la puerta grande de todas las plazas del mundo conocido.
El mismo cuento de la buena pipa lo vendieron en Guadalajara, con la
diferencia de que el público no era tan escandalosamente triunfalista como en
otros pagos y de que ese coso tiene un presidente, Eduardo Ranz se llama, que
sabe ejercer con dignidad y criterio de aficionado sus funciones reglamentarias.
Y no hubo mil orejas: sólo hubo una oreja. Peluda, igual que todas, pero una.
Una oreja que se llevó Luguillano por una larguísima faena al sexto toro,
en la que destacó un par de tandas de naturales, no más. El otro padecía
invalidez y le desarmó muchas veces. Curro Vázquez se alivió con el primer
sobrero y al cuarto toro le pasó por verónicas preciosas y le cuajó dos
tandas de redondos y de naturales de inmarcesible torería. Ponce no pudo lucir
con el inválido segundo y al quinto le corrió bien la mano en los derechazos.
Sin embargo la superficialidad de la faena impidió que el toro quedara dominado
y no se le cuadraba ni a la de tres, oyó un aviso.... En fin, lo de siempre.
Y van de maestros. |