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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS CRUCES
GUADALAJARA
Tarde del jueves, 14 de septiembre del 2000
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Cebada
Gago, desiguales de juego.
Diestros:
Entrada: menos de media entrada.
Crónicas de la prensa:
El País
El País.
JOAQUÍN VIDAL. Padilla en guerra
Juan José Padilla está en guerra permanente. Juan José Padilla pretende un
puesto cimero en el escalafón a costa de lo que haga falta, y por eso cada
tarde anda en guerra con el toro, con el público, consigo mismo.
Juan José Padilla se pega unas palizas impresionantes. El público le ve
correr, brincar, sudar, y acaba estremecido, si no es agotado por la pura
solidaridad que sienten los seres humanos bien nacidos con quienes se esfuerzan
y hasta sufren por triunfar en la vida sin hacer mal a nadie.
Y pues con lo que desplegaba sus alardes gimnásticos Juan José Padilla eran
toros, corría el peligro inherente a esta poco recomendable compañía y acabó
siendo víctima de la intemperancia que los toros se gastan, si son de casta. De
donde Juan José Padilla, sobre pegarse el palizón de correr, saltar y sudar,
se llevó varios pitonazos y una voltereta, y acabó cojeando, con el dolor que
delataba su rictus cuando volvía de abatir al toro que cerró plaza.
Claro que ese su regreso no era triste sino que le acompañaba el clamor de
la multitud, un frenesí de pañuelos pidiendo el galardón orejil; y una vez
concedido, los capitalistas lo sacaron a hombros por la puerta grande.
Tremendo este Juan José Padilla, que quizá no esté llamado para
interpretar la excelsitud del arte, pero entrega sin reservas la verdad de su
toreo. Y lo ejecuta en todos los tercios con las más variadas suertes,
preferentemente si son temerarias o requieren una atlética complexión.
De manera que si fuera necesario andar a tortas, a tortas iría Juan José
Padilla, con las ventajas que le reporta su complexión atlética más que
sobrada para triunfar en Guadalajara, o en Sydney si hiciera falta.
Los toros de Cebada Gago, sin embargo, no requerían tanto y Juan José
Padilla recibió uno de ellos de rodillas a porta gayola, a los dos los pasó
por verónicas ceñidas, los banderilleó mediante decorosas reuniones, los retó
en las faenas de muleta, oponiendo a las inciertas embestidas el arrojo, la
valentía, la decidida voluntad de triunfar.
Inciertas y por añadidura encastadas embestidas -se debe precisar- lo cual
es peor. Porque el toro encastado es fiero y si en lugar de nobleza saca unas
reservas de mal genio o de aleatorios comportamientos, lleva peligro y puede
provocar el percance. Y eso es lo que sucedió, para perjuicio de Juan José
Padilla.
La historia de la corrida, argumentada sobre los toros de la famosa ganadería
de Cebada Gago, que carecieron de trapío, y si lo tenían les desmerecían unos
sospechosos pitones mochos, y mostraron casta y plantearon complicaciones, empezó
y terminó en Juan José Padilla. Pues sus compañeros de terna no parecían
dotados para el arte, ni aportaron ningún recurso lidiador de mediana eficacia,
y pasaron sin pena ni gloria. Con mucha más pena que gloria, si nos atenemos a
la realidad.
Trasteos espesos planteó Zotoluco a sus dos toros, que resultaron
manejables. A El Tato, la encastada nobleza de su primero le inspiró
desconfianza. El que hizo quinto exhibió una docilidad rayana en la borreguez,
y lo muleteó confiado, mas no torero, abusando de los habituales trucos propios
de la tauromaquia pegapasista, que consisten en no ligar, descargar la suerte,
meter pico; esas cosas de cada día.
Asombra el conformismo que tienen la mayoría de los toreros actuales, aunque
anden lampando. Lo que hace dudar seriamente de que quieran ser toreros. Por eso
cuando aparece uno como Juan José Padilla que sí quiere, y va a por todas con
generosa entrega, y batalla en todos los frentes sin conceder cuartel, hay que
darle paso y asignarle el sitio que pretende. O sea, un respeto. |
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