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Festejo de feria
Plaza de toros de Granada
Tarde del miércoles, 10 de junio 1998
corrida de toros

Diario Sur. Granada. Caballero hace dos grandes faenas en víspera del Corpus

Otro de los matadores actuales que en la presente temporada gozan de estado de gracia es Manuel Caballero, pero la disfruta por el exclusivo mérito de su estar ante el toro y sin necesidad del preconcebido apoyo de los públicos ni de las babeantes campañas de prensa que ahora se prodigan para otro. Este miércoles, en Granada, lo dejó más claro aún que en su última intervención isidril.

Ambos toros tuvieron mucho que torear. El primero punteó fuertemente por arriba a los capotes, y de ahí la necesidad de meterle en la muleta muy por bajo y templando una barbaridad para evitar los enganchones. Manolo, percibido en los lances iniciales de tan peliaguda cuestión, plantó cara y desde el primer muletazo por bajo hasta el desplante final, cuajó sin duda a tan bravo enemigo, que, en sus manos, pareció dócil colaborador.

Las respectivas actuaciones de El Tato y de Víctor Puerto supusieron la cara y la cruz para ambos, independientemente de los resultados obtenidos, que aquí, como en casi todas partes, dependen de las veleidades del público. El aragonés anduvo algo impreciso con el tardo segundo, mientras que frente al quinto se templó. El manchego estuvo por bajo del gran tercero al que, tardó en tomarle el pulso y el ritmo en faena demasiado pueblerina de muy menos a más -habría sido injusto darle dos orejas después del faenón de Caballero.


Festejo de feria
Plaza de toros de Granada
Tarde del jueves, 11 de junio 1998
corrida de toros

Diario Sur. Granada. Ponce y El Cordobés triunfan con clasicismo y con valor en Granada

Enrique Ponce contrarió este jueves a los que últimamente cantan desde Madrid su eclipse y triunfó con dos reses sólo propicias en sus expertas manos. El segundo toro huía de su propia sombra desde que apareció en el ruedo hasta que salió en oleada hacia las tablas con toda la espada dentro, y el quinto no cesó de protestar y de frenarse tras arrancarse violentamente franco en cada embroque, lo que parte del público interpretó como reacción de brava condición sin que lo fuera.

Al segundo le enjaretó Ponce una larga faena con pases de todas las marcas ligados en distintos terrenos de la plaza tras cada huida del animal, a base de llevarle siempre sometido por bajo y muy tapado con la muleta, que manejó con exquisito temple y no poca enjundia, poniendo al público granadino de pie y dispuesto a pedir los máximos trofeos. Pero el toro se amorcilló tras la buena estocada y la presidencia, con buen criterio, no accedió a la demanda popular.

En cambio, sí concedió a Ponce la oreja del quinto, pese a los tres pinchazos que precedieron a una estocada, esta vez fulminante. De ahí que algunos aficionados, asimismo con razón, protestaran el dispendio. Aparte la polémica, esta segunda
actuación de Ponce tuvo aún más mérito que la anterior por cómo toreó de capa tanto en el recibo por verónicas rodilla en tierra, de pie y por excelentes chicuelinas arrastradas como en el quite, al que siguió una magistral y valerosa labor con la muleta, que terminó aguantando los parones del toro sin moverse, para reemprender los muletazos y varios pases de rodillas, totalmente entregado el de Chiva como si fuera un novillero.

Y es que Manuel Díaz «El Cordobés» acababa de formar un lío con el tercer toro, muy manso pero nobilísimo, al que tras bordarlo muy templado por lo clásico con ambas manos, añadió una sobredosis tremendista con desplantes de rodillas y
«ranazos» como postre que pusieron la plaza boca abajo, lo que fue suficiente para que también se le diera una oreja pese a pinchar dos veces.

Menos relieve

Lo acontecido en el resto de la tarde careció de relieve. Los dos toros de Litri fueron, con mucho, los peores del encierro, y tampoco Miguel estuvo en su mejor día. Demasiado precavido en el primero, al que mató de la peor manera posible, y muy empeñoso con el paradote cuarto, intentando acompañar a sus colegas en el éxito. El público se lo agradeció con cariñosos aplausos tras pinchar. Y en cuanto a Manuel Díaz con el sobrero sexto, más ganas y galería que otra cosa, entre algunos muletazos limpios que recetó con menor acople y bastante más distanciado que en su espléndida faena del tercero.


Festejo de feria
Plaza de toros de Granada
Tarde del viernes, 12 de junio 1998
corrida de toros

Diario Sur. Granada. Doble éxito de Vicente Barrera en una corrida muy sosa

Los aficionados de Granada suelen calentarse mucho con las estocadas de efectos rápidos, hasta el punto de pedir orejas en función de esta prontitud y, al contrario, se enfrían cuando los toros tardan en morir. Hoy cortó una oreja de cada uno de sus toros el valenciano Vicente Barrera, y otra el toledano Eugenio de Mora, más por sus estocadas que por cuanto llevaron a cabo con la muleta. Claro que, más culpa que ellos, tuvo el soso y desrazado comportamiento de los toros de sus apoderados. Barrera puso todo de su parte, actuó con notorio entusiasmo y fiel a su estilo mayestático, quietísimo y monocorde. Sin embargo, le vimos como queriéndose sacudir las miasmas de su comparecencia en San Isidro, intentando regresar a la más feliz de las realidades tras el gran fiasco venteño. Esta alegría, y la sensación de estar más ilusionado, las transmitió Vicente tanto con el capote en los recibos y en quites como en sendas faenas, en las que Barrera se arrimó como un jabato para compensar lo poco que motivaban las embestidas de sus respectivos oponentes.

Eugenio de Mora salió a por todas en el tercero, con larga cambiada de rodillas, varios muletazos diestros también genuflexo y asimismo arrodillado al final de su tosca faena, en la que sólo hubo limpieza con la diestra mano hasta que el toro se vino completamente abajo. Repito que la oreja fue sólo por la gran estocada. Luego, con el sexto toro, que fue el peor de toda la corrida, luchó por redondear el triunfo, pero fue imposible, y encima pinchó.


Festejo de feria
Plaza de toros de Granada
Tarde del sábado, 13 de junio 1998
corrida de toros

Diario Sur. JOSÉ ANTONIO DEL MORAL. Granada. Joselito, Rivera y José Tomás entre el escándalo y el clamor

La tarde del reventón acabó como el rosario de la aurora por culpa de la nula fuerza del último toro de Juan Pedro Domecq que trajo a Granada un encierro basculado entre la nobleza y la invalidez. Desesperante desigualdad de juego que estuvo a poco de provocar una verdadera catástofre.

Misterios del toro y poder del toreo capaz de levantar una tarde que empezó de la peor manera posible con dos animales prácticamente inservibles. Joselito que ayer anduvo con unas ganas tremendas de triunfar, abrió el turno con una faena exhaustiva a la par que destemplada, luego remediada en el cuarto -noblón aunque apagadísimo- con otra labor bastante más templada y de no poco valor: larga cambiada de rodillas para abrir boca, preciosos lances a pies juntos en el quite y faena muy pausada que terminó con mayor intensidad y ligazón que al iniciarla, casi toda basada en la mano derecha.

El contundente aunque caído espadazo de José, le dió oportunidad de tocar pelo después de que José Tomás armara el taco con el bajísimo y nobilísimo tercero. Antes, un Rivera Ordóñez cariacontecido por la extrema debilidad del segundo, se había eternizado intentando mantener en pie al semoviente. Por eso, y gracias a la nobleza y mayor fuerza del toro que siguió, la tarde su alzó hasta las nubes con un José Tomás gloriosamente perfecto. Los lances a la verónica del recibo, sensacionales. El quite por chiculeinas, como el de Madrid, impresionante. Y la faena de muleta, purísima y hasta genial en su último tramo por pedresinas metido en la mismísima cara del toro.

Ya estaba la plaza volcada y en pie cuando entró a matar derecho dejando una estocada fabulosa, el toro a sus pies y la tarde también. Fue el resorte que empujó a Joselito y más aún a Rivera Ordóñez con el quinto, el otro buen toro del envió, al que cuajó la faena más ligada de las pocas buenas que lleva hechas en la presente temporada. Pero llegada la hora de la verdad, Rivera hizo mal la suerte, pinchó a cambio de espeluznate cogida, logrando enterrar la espada al cuarto intento, pese a lo cual y gracias al clamor logrado, se le concedió la pedida oreja. El emperramiento de la presidencia al negar la devolución del inválido sexto, terminó por reventar una corrida que se había arreglado.


Festejo de feria
Plaza de toros de Granada
Tarde del domingo, 14 de junio 1998
corrida de toros

El correo. JOSÉ ANTONIO DEL MORAL.Granada. Gloriosa despedida de Ortega Cano en el final de la feria granadina

Antes de entrar en detalles sobre la corrida de ayer, merece la pena que hagamos un breve balance de lo mucho bueno que acabamos de ver en Granada: dos actuaciones triunfales de los novilleros Miguel Abellán y El Juli; una faena redonda de Pedrito de Portugal; enorme en dos toros Manolo Caballero; magistral en otros dos Enrique Ponce; magnífico con otro El Cordobés; bien con dos ejemplares mediocres Vicente Barrera; sensacional José Tomás; estupendo Rivera Ordóñez y bien Joselito. Y en la postrera tarde, faenón de despedida de Ortega Cano, artista y entregado Finito y valentísimo Liria en su reaparición tras la cogida de Madrid. Y en total, 23 orejas. La mejor feria de la presente temporada hasta el momento y lo demás, son cáscaras.

En cuanto a la despedida granadina de Ortega Cano, siempre con suerte en esta plaza que le ha visto las mejores faenas de su vida y en esta última ocasión la culminante frente a un extraordinario ejemplar de Núñez del Cuvillo con el que Cano se desmelenó y acabó con el cuadro. Su mejor toreo sobre ambas manos y en todas las versiones por lo que respecta a la entrega, al temple, a la donosura, la variedad y la inmensa felicidad que transmitió a los espectadores entre tanda y tanda.
Una pena que no matara bien ni pronto después de que parte del público pidiera el indulto del toro. Había sido faena de rabo, pero los pinchazos no evitaron la apoteosis del cartagenero.

Del resto de la última corrida del Corpus, destacar el buen juego de los dos toros de Finito que, asimismo, mostró ganas y derrochó arte en sus dos faenas, aunque quepa matizar la excesiva velocidad que imprimió a cuanto hizo con capote y muleta. Pudo cortar tres orejas, pero pinchó al quinto y la cosa quedó en un solo trofeo.

Lo mismo que Liria, también demasiado acelerado por entregadísimo y hasta heroico con el difícil tercero, frente al que logró importantes momentos al natural pese a la embestida alta que le impidió matar como quería.

 

 

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