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PLAZA DE TOROS DE GRANADA
GRANADA
Tarde del jueves, 22 de junio del 2000
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Luis Algarra,
desigualmente presentados, sin trapío ni fuerzas. El 1º, más inválido,
fue sustituido por otro de la misma ganadería.
Diestros:
- Juan Mora,
pinchazo hondo y descabello (silencio); pinchazo trasero caído y descabello
(saludos).
- José Tomás, estocada
trasera (oreja); bajonazo (aplausos).
- El
Juli, media perpendicular y cuatro
descabellos (saludos); tres pinchazos y 10 descabellos (silencio).
Entrada: cerca del lleno.
Crónicas de la prensa: El
País.
El País. 22
de junio´2000. JUAN ORTEGA. Asco, náusea y
porquería
Lo único sensato de la tarde fue la bronca final. Los popes de esto se lo
llevan a cambio de nada o, peor, a cambio de ensuciar un espectáculo que debía
ser cuidado como la manifestación cultural grandiosa que es. De eso, nada. Lo
único espectacular es cómo se llenan los bolsillos.
Los bueyes, recién apartados de la carreta, no andaban. No es que fueran
mansos, es que eran de cemento, como ciertas caras; hacer crónica taurina de
esto no es posible: sustituyan la palabra toro por la que peor huele y no
piensen que la náusea viene del París de los años cincuenta. El asco nació
en Granada, un día del Corpus, cuando los toros se trocaron en porquería.
Si se torea como se es, José Tomás debe ser muy complicado, al mantener la
serenidad que muestra en su toreo, que bien podría tacharse de frío si no
sintiera tan próximo el caliente aliento del toro. Después de unas verónicas
y de unas gaoneras ya no hubo toro. Tomaba la muleta punteando, en un intento de
prolongar una agónica embestida que no iba a ningún sitio. José Tomás se
plantó en las manoletinas, se colocó ante los pitones, aguantó hasta la
voltereta y siguió aguantando después, impávido.
Quizás la lucha no tuviera sentido, pero en el ruedo había olor a torero, y
El Juli empezó con una larga cambiada de rodillas, verónicas más de clamor
que de arte y un quite por faroles que entusiasmaron a unos tendidos propensos
al delirio. Expuso en un primer par de banderillas, falló dos veces por los
adentros y cuadró bien en un tercero hacia fuera. Eso fue todo. El toro era de
mármol.
Unos cuantos lances en el sexto sirvieron para que el novillete clavara los
pitones en tierra. Se remedó la suerte de picar y en banderillas El Juli puso
un par trasero, otro mixto -en el toro y en el suelo-, y el tercero, arriba.
Encimismo, empujones, sobresaltos y algún pase aislado. No va más.
El quinto se desmayaba ora por delante, ora por detrás. Picotazo de guasa y
media tonelada de carne de toro por los suelos. Era muy triste ver a José Tomás
brazo en alto, tratando de mantener en pie al toro y dándole distancia para
aprovechar la carrerilla. Menos mal que acabó pronto, aunque fuera de aquella
manera.
El sobrero ante el que se puso Juan Mora no pasaba de ser un novillo
brevemente armado, que tomó la vara de reglamento sin fijeza y apretaba hacia
los adentros. Si el titular fue devuelto por inválido, el suplente no andaba,
todo lo más un lento paseo de aquí para allá y vuelta. Olía mal.
El cuarto toro, o lo que fuera, se derrumbó ya en el primer tercio y, por
supuesto, en el primer pase de muleta. Mora se estiró con admirable donosura
ante la bestia claudicante, componiendo un hermoso cuadro cada vez que ésta se
desparramaba por los suelos. Un exceso de posturas para torear al aire que fue
muy reconocido por el público.
Torear cien corridas al año necesita, sin duda, de toros parados para que
ande el corazón, que de los toros bravos es difícil guardarse. En el caso de
José Tomás, esto no es vendible, ya que siempre manifiesta su deseo de
espaciar sus actuaciones para poderse consagrar a ellas con la dedicación que
tan tremendo oficio exige. Si hace caso a cantos de sirena puede conseguir que
acaben con él.
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