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Feria Taurina del Corpus
PLAZA DE TOROS DE GRANADA
Tarde del 17 de junio de 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Flores Tassara, bien presentados.

Diestros: 

  • Javier Buendía, tres pinchazos (silencio).
  • Leo Hernández, rejón y descabello (una oreja con petición de la segunda)
  • Fermín Bohórquez, rejón (una oreja con petición de otra).
  • Martín González Porras, medio rejón atravesado y rejón (una oreja).
    En colleras: Buendía-Bohórquez, rejón del primero (una oreja con fuerte petición de la segunda, que compartieron con el mayoral de la ganadería la vuelta al ruedo); y Hernández-González Porras, pinchazo del segundo trompicado (una oreja)

Entrada: media entrada.

Crónicas de la prensa:  El País, Diario de Sevilla


EL País. JUAN ORTEGA. Saldo de éxitos en el festejo de rejones de Granada

Con la plaza prácticamente llena, se lidiaron toros de la viuda de Flores Tassara, que dieron buen juego, excepto el cuarto, que perdió las manos. Sin justificación aparente la salida a hombros del mayoral.

Javier Buendía colocó cuatro farpas muy reunidas, yendo al toro de frente y templando. Utilizó tres rejones de muerte y se silenció su labor.

Leonardo Hernández puso tres farpas al quiebro, una de ellas en el brazuelo, tras dos intentos fallidos, dos más templadas y un par a dos manos. Mató de rejón trasero y descabello. Una oreja.

Fermín Bohórquez también cortó una oreja tras una labor algo premiosa en la que lució en tres farpas, un par a dos manos y dos rosas. Mató de un rejón defectuoso.

Martín González Porras protagonizó una vistosa charlotada a caballo: entre otras lindezas, intentó el quiebro cuatro veces fallando otras tantas. Al colocar una banderilla en el tercio posterior del toro, o sea, en las proximidades del rabo, la res alcanzó al caballo, desmontó al rejoneador y se ensañó con él. Luego dirán del afeitado y del peligro.

Insólitamente, tras esta torpeza, casi se vio obligado a dar la vuelta al ruedo. Después de clavar al aire una vez más, utilizó tres rejones de muerte mientras sus ayudantes llamaban la atención del toro hacia otras regiones menos comprometidas. La broma continuó cuando cortó una oreja y se le pidió otra.

Por parejas, Buendía y Bohórquez obtuvieron una oreja, al igual que sus compañeros, todo ello en la ventajista modalidad de colleras, que no tiene razón de ser y que algún día, pensando en la fiesta, debería desaparecer.


Diario de Sevilla. EFE. Salida a hombros de un rejoneador desastroso 

El buen rejoneo de Leonardo Hernández y de Fermín Bohórquez fue la nota destacada de la corrida de la especialidad que cerró en Granada la Feria del Corpus, en la que se sobrevaloró el extraño estilo de González Porras, que compartió con los anteriores la salida a hombros, y con ellos el mayoral de la ganadería.

Pablo Hermoso de Mendoza no pudo comparecer por la lesión que sufrió en Madrid, sustituyéndole Hernández. Lo malo es que no todos lo hacen con la torería, dignidad y respeto que merece la actividad de torera por los caballazos, saludos a destiempo, carreras alocadas, saltos sin venir a cuento, humillaciones al caballo al ponerlo de rodillas y otras al propio toro clavándole lo mismo en el brazuelo que en el rabo. Esto último, por Martín González Porras, que cumplió la más indigna actuación que se puede esperar de un profesional. Estuvo a punto de sacrificar un caballo, cuando lo volcó materialmente sobre el toro en el tercio de banderillas, consecuencia de su más que probada ineptitud.

Desastrosa la actuación del mencionado González Porras, que viendo incluso cómo blandeaba el toro tras el primer rejón de castigo atacó con una segunda agresión. En banderillas se prodigó mucho con los quiebros en falso, bruscas pasadas que volvieron a tirar al astado. El colmo fue el “quiebro” encima del caballo, saliendo éste y el hombre por los aires, buscándole a continuación el toro por el suelo. Se salvó de milagro. De aquel encuentro quedó la banderilla a dos palmos del rabo.

En contraste, el verdadero rejoneo vino de la mano de los otros tres jinetes, con muy buena fortuna en la realización, aunque las orejas concedidas no establecen grandes diferencias.

Buendía falló al parar con la garrocha a su primero, aunque acabaría templándole en los primeros galopes. Un solo rejón de castigo para dejarlo muy entero y cuatro banderillas ejecutadas las suertes con mucha limpieza y ajuste. Fallo en la segunda corta, y fallo sobre todo con el rejón de muerte.

Leonardo se hizo con cierta facilidad con su distraído toro, al que también castigó con un solo rejón. Espectacular, sincero y muy certero en cuatro de cinco banderillas que puso, las dos primeras citando de plaza a plaza para terminar con un quiebro muy ajustado. Especialmente brillante en un par a dos manos.

Bohórquez hizo lo más auténtico, desde el galope largo y templado de salida hasta el rejón final. Vibrante rejoneo, en los preparativos; en banderillas con galope de costado, a dos pistas; en la forma de atacar, de frente y siempre hacia los medios; en las reuniones al estribo; y en las torerísimas salidas. Apenas necesitó tres zarpas, un par a dos manos y dos rosas para poner la plaza al rojo vivo.

Otra paradoja del festejo fue la salida a pie de Buendía, cuyo estilo reivindica precisamente el rejoneo más clásico y puro, en contraste con el circo de uno de los triunfadores.