Desde las doce de la mañana se sabía que el quinto toro -había
fumado mucho- estaba descoordinado. En lugar de ser rechazado por la
autoridad competente, fue enchiquerado, sabiéndose de antemano que había
grandes posibilidades para que fuera devuelto. Así las cosas, se mantuvo
al primero en la arena, un novillo que a lo lar- go de la faena de muleta
sufrió cuatro caídas y un derrumbe.
Si un tironero de medio pelo quita el bolso a una abuelita ante la
mirada complacida de una pareja de la policía, posiblemente ésta sería
propuesta para sanción; sin embargo, no se tienen noticias de que el señor
presidente haya sido sacado del palco por la autoridad superior y puesto a
vigilar los establos de la policía montada.
Finito se destapó en dos tandas de derechazos y una de naturales que
descubrieron al gran torero que lleva dentro. Rivera Ordóñez, con
precauciones en el primero, dio un largo concierto de pico en el segundo,
y en la suerte de matar salió antes de entrar.
Así las cosas, lo de Fandi era una gloria; puso entusiasmo, ganas de
agradar, valentía y mandó a la ortodoxia de vacaciones. Sus paisanos decían
que, con la muleta, ya tendrá tiempo de aprender, de lo que se puede
deducir legítimamente que todavía no sabe. Se lució en verónicas
atropelladas con paso atrás, lopecinas espectaculares y pares de
banderillas en los que se mostró como un torero de facultades a pesar de
que éstas habían quedado mermadas en la corrida anterior.
Lo de los toros es alarmante. Parece como si en Granada valiera lo que
no quiere nadie. Menos mal que luego se queman las pruebas, los toros y
las ideas en un cumpleaños feliz que todo lo perdona.
Otra vez El Fandi fervor y pasión del público de
Granada, sin duda, el plato más caliente de su feria. El Fandi es ídolo
en esta plaza. Lo malo es que la gente se ciega tanto con él que ya no
quiere ver otra cosa, por ejemplo, la bonita y muy bien conjuntada faena
de Finito a su segundo toro. El diestro cordobés quedó inédito del todo
en el que abrió plaza a pesar de su reiterado esfuerzo por torear a un
animal prácticamente inválido, que perdió las manos infinidad de veces.
En el cuarto en cambio fue muy distinto, el toreo casi sublime, de pasmosa
y exquisita naturalidad, de temple, ligazón y mucha profundidad. Incluso
se notaron las apreturas entre toro y torero, la pasión y el sentimiento
del hombre entregado y disfrutando de su quehacer.
Finito había toreado muy bien con el capote en el recibo y lo bordó
con la muleta. Especialmente las series por la derecha tuvieron usía.
Hubo también naturales con mucha enjundia. Y no se diga cómo fueron los
remates de pecho. Fue sin duda la faena de lo que va de feria, y como además
tuvo buen remate con la espada no deja de sorprender que le dieran sólo
una oreja.
Rivera Ordóñez cumplió en su primero faena de aseo. Estimables
lances con el capote a pies juntos y trasteo muleteril a menos conforme se
apagó el noble toro, que terminó negándose al final, lo que aprovechó
el torero en un pasaje de ensimismo con toque de pitón que fue a la
postre lo único que entusiasmó. Devuelto el quinto, al negarse
reiteradas veces a seguir los cabestros, Rivera tuvo que estoquearlo en el
ruedo. Al sobrero de Martín Arranz le saludó con una larga en el tercio
y enjundiosos lances rodilla en tierra. Buen quite a la verónica que
abrochó con dos artísticas medias. El tercio de banderillas fue
realmente desastroso de parte de su cuadrilla con cinco “palos” en el
suelo y sólo tres en el toro después de muchas pasadas. Pero Rivera
recuperó el buen ambiente tan pronto se puso a torear de muleta.
El astado, codicioso y humillado, se encontró con la oportuna
respuesta del torero, tan dispuesto como resuelto. Dos primeras series por
la derecha antes de meterse de lleno por el otro pitón. Con el toreo al
natural, de mucha fibra, Rivera cumplió el más largo tramo de la faena.
Una de las mejores actuaciones de Rivera Ordóñez esta temporada. Hay que
volver al Fandi para detallar que en su primera faena lanceó en el saludo
ganando terreno, lo que provocó el primer jaleo de olés. Hizo un vistoso
quite por zapopinas, los lances que trajo El Juli de México rebautizándoles
como lopecinas. En banderillas formó la mundial, especialmente en un
segundo par al violín. Y con la muleta, a pesar de que el toro no
terminaba de humillar, también pegó pases de mucho mérito. Derechazos y
naturales en series cortas y final de frenesí con molinetes, manoletinas
y abaniqueo. Le dieron sólo una oreja y hay que advertir que si llegan a
ser dos no hubiera habido regalo.
El Fandi salió en el sexto otra vez a revientacalderas. La larga
cambiada en el tercio previa a los lances de pie y quite por navarras. En
banderillas casi se sale, con un cuarto par en el que citó de rodillas y
esperando en un ajustadísimo y limpio quiebro. La plaza se arrancó por
bulerías cuando tomó la muleta. Apertura por bajo muy a modo con el toro
venido arriba, y faena vibrante precisamente por esa circunstancia.
El Fandi quiso estar en lo fundamental a pesar de todo, y en ese a
pesar hay que precisar que el animal rebañaba escandalosamente por el pitón
izquierdo. El valor expresado con mucha pasión, lo que quiere decir que
en ocasiones faltó sosiego. Pero había que ver cómo lo vivió la plaza.
Otras dos orejas, que sumadas a las anteriores hacen un balance de siete
en dos tardes. Seguro que si sigue así El Fandi, y no se andan con
complejos en otras plazas y ferias, estará pronto en el estrellato.