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Feria Taurina del Corpus
PLAZA DE TOROS DE GRANADA
Tarde del 12 de junio de 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Buenavista, desiguales en cuajo y comportamiento, flojos los dos primeros, manso el 3º y encastados los demás.

Diestros: 

  • Víctor Puerto, pinchazo, estocada trasera caída (oreja); medio bajonazo al encuentro -aviso- metisaca (gran ovación y saludos).
  • Jesulín de Ubrique, tres pinchazos -aviso-, descabello (ovación y saludos); pinchazo en los bajos (palmas y pitos).
  • David Fandila, Fandi, estocada trasera y desprendida (dos orejas); pinchazo y estocada trasera (dos orejas).

Entrada: tres cuartos de entrada.

Incidencias: durante la lidia del sexto toro ingresó el subalterno Alberto Martínez, que había sufrido una cornada grave en el tercio superior del muslo derecho.

Crónicas de la prensa:  El País, Diario de Sevilla


EL País. JUAN ORTEGA.  Cogida del banderillero Alberto Martínez

La diferencia de novillo a toro es determinante a la hora de desarrollar el peligro. La casta, en su madurez, también, aunque no rompa, necesariamente, en bravura. La corrida se definió por los dos tipos de toros que había enviado la ganadera de Buenavista, de los que solamente los tres últimos revestían importancia como tales toros; de ahí que la sensación de peligro también cambiara. El sexto, de salida, había metido la cabeza en el burladero buscando la presa. Maldita querencia, que se repitió al final del primer tercio, cuando esta vez consiguió su objetivo y, tras un golpazo enorme que dobló los hierros que sostienen la barrera, sacó prendido a Alberto Martínez, que al cierre de esta edición estaba siendo operado en la enfermería. Aún no se había facilitado parte médico.

La cogida pesó como una losa y El Fandi, que había recibido al toro con cuatro largas cambiadas de rodillas, tuvo el mérito de reponerse y dejarnos ver sus mejores momentos, a base de tranquilidad, sosiego y reposo, respuesta siempre valiente a un peligro cierto.

En cambio, durante la primera media corrida triunfal, torear, lo que se llama torear, se había hecho poco, teniendo en cuenta las características de unos toros que no tenían comportamiento de tales. Solamente El Fandi, de rodillas, había toreado por alto y por derechazos. Lo malo es que se tuvo que poner de pie y acompañar al toro a chiqueros donde hubo un toma y daca valiente pero con poco fundamento.

Jesulín y Víctor Puerto torearon a los dos primeros tocados con boina en vez de montera torera. Jesulín volvió a ser el de siempre con muchos defectos y escasas virtudes. A una derecha repetitiva correspondió una izquierda nada natural, metiéndose en la suerte esporádicamente y toreando, preferentemente, desde las afueras. Alargó su trabajo una eternidad y lo que no hizo con capote y muleta lo malogró con la espada.

Víctor Puerto puso voluntad y ganas de agradar que no se correspondieron con la torería exigible en el resultado final, ya que en el segundo sólo acompañó la embestida y se vio comprometido por el quinto, poco picado, que llegó al último tercio pidiendo la documentación. Perdió a los puntos.


Diario de Sevilla. EFE. El Fandi arrasa en su tierra

No hubo toros propicios para el lucimiento de los toreros, y por eso sorprende tan abultado número de orejas. Claro que tiene su explicación: el carácter generoso del público granadino, motivado de más por la presencia del ídolo de la tierra.

El Fandi es torero muy querido entre su gente, y no sólo por la simple razón de paisanaje, lo es también y sobre todo por sus proverbiales argumentos toreros. De antemano se notaba una predisposición en el tendido para que la fiesta fuera a lo grande. Y ahí, pese a la poca colaboración de los toros, se pudieron apuntar igualmente los dos espadas que iban por delante del local.

Jesulín rentabilizó poco el hecho de haber tenido el mejor lote. En el que abrió plaza estuvo nada más que vistosillo. Templado, pero sin apreturas, simulando una pelea que no llegó ni a ficticia. Un trasteo superficial, de muleta siempre retrasada, en el que fue mejor el aderezo de los adornos y desplantes que el propio guiso. Ni el pinchazo previo a la estocada, y aun siendo ésta de mala colocación, frenó a la parroquia la petición de oreja, que finalmente otorgó el usía.

Lo inconcebible fue que se dejara escapar el triunfo en el buen cuarto, el gran toro de la tarde. Había estado muy metido con él en lo que duró la faena de muleta. El de Buenavista, desplazándose largo y humillado, y repitiendo incansablemente, aportó muchísimo interés a la faena. Jesulín, aunque se apoyó de nuevo más en los adornos que en lo fundamental, con un final de molinetes en cadena, que fue la verdadera explosión, cuando sólo le faltaba la rúbrica de la espada para pasear las dos orejas, llegó el borrón. Dos viajes muy feos con la tizona, dejaron la cosa en una simple ovación.

Puerto, en cambio, no pudo aprovechar el ambiente a favor por las limitaciones que impuso su incómodo primero. Muy firme el hombre frente a la corta embestida del animal, que para mayor abundamiento no dejó de pegar cabezazos. Puerto lo había saludado en el tercio con una larga cambiada previa a una serie de lances de cierto arrebato para seguir con un galleo por chicuelinas al llevarlo al caballo. Fue lo mejor que hubo con este toro, que llegó a la muleta apagado y descompuesto, aunque todavía Puerto acertó a correrle la mano con cierta limpieza.

En el quinto parecía que podría haber faena, y de hecho los lances en el recibo y un quite por chicuelinas con media de rodillas dijeron mucho bueno. Incluso en los primeros compases con la muleta, Puerto puso arrebato y enjundia en el toreo por la derecha. Mas pronto el toro se vino abajo, revolviéndose por el pitón izquierdo. Y el torero, desencantado, optó por abreviar.

Lo de El Fandi fue como se esperaba, el auténtico acabóse. Mucho más que bullidor y vistoso, entregadísimo en todas sus intervenciones, El Fandi le dio una marcha increíble al llamado respetable. Muy seguro con el capote, ganando terreno en los lances de recibo. El espectáculo de las banderillas no tiene igual, por sus atléticas facultades, la exactitud al hacer las reuniones y la certeza al clavar, además del mérito que entraña el hecho de atacar indistintamente por los dos pitones.

Abrió faena de rodillas con muletazos por alto y otros corriendo la mano con tanta facilidad como si lo hiciera de pie. Pronto el toro se decantó por las medias arrancadas y la cara arriba, lo que no fue óbice para que el granadino, siempre muy encima y cruzadísimo, le sacara pases muy notables. Las series a lo sumo de dos, y tres con el de pecho, por tanto como le costaba al astado. Pero el epílogo de rodillazos, o el desplante y no se diga la voltereta que le costó la estocada, hicieron lo demás. Dos orejas, y todos tan felices.

Pero todavía habría más en el sexto. El Fandi había salido de la enfermería cojeando notablemente. Se veía que no estaba para otro alarde de facultades, aunque lo hizo. Tres largas de rodillas encadenadas a otros tantos lances de igual guisa. Ya de pie, galleo por chicuelinas, y por si faltaba cumplió también el tercio de banderillas con tanta brillantez como el anterior. A todo esto la impresión por la espeluznante cogida del subalterno Alberto Martínez, al que el toro sacó materialmente del burladero y pareció haberlo dejado inerte.

Por fortuna sólo fue una cornada grave. Y en clima de tanta euforia y consternación, El Fandi a la carga. Torbellino Fandi otra vez, aunque a ratos se templó en un toreo reposado de muleta que naturalmente hizo las delicias de todos. Tanto que le volvieron a dar nuevamente las dos orejas. Salida a hombros en plena apoteosis, y hay que recalcar lo de la apoteosis.