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Feria Taurina del Corpus
PLAZA DE TOROS DE GRANADA
Tarde del 11 de junio de 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de María Luisa Domínguez y Pérez de Vargas flojos.

Diestros: 

Entrada: más de media entrada.

Crónicas de la prensa:  El País, Diario de Sevilla, Ideal


EL País. JUAN ORTEGA.  Unos toros poco toristas

El cartel reunía una corrida de las llamadas toristas con tres matadores de los considerados legionarios, todo ello en teoría, porque, a la hora de la verdad, nadie avisó a los toros acerca del papel que les correspondía y éstos prefirieron salir como se suele hacer diariamente, al uso y sin asustar demasiado, no vayamos a confundir.

El primero era un galán zancudo al que bastó cuarto y mitad de vara para estar picado y pasar a la unidad de cuidados intensivos. ¿Acaso se le podía considerar un barrabás torista? Se le enfrentó Pepín Liria, que comenzó con un pase cambiado en los medios, mientras la fiera echaba cuerpo a tierra, unas veces en la modalidad de dos y otras en la de cuatro patas. A pesar de la flojera, el toro repetía incansable mientras Pepín se repetía cansino. Sólo cuando un error de colocación propició la colada tuvo efímero sentido la tauromaquia de guerrillas de Pepín Liria, que no se correspondía con lo que tenía enfrente. No vamos a dudar del toreo cabal de Pepín, pero si no anda a guantazos con el toro, la cosa funciona regular. Se llevó al cuarto a los medios, posiblemente para que se cayera mejor, a todo lo largo y sin complejos. El buey anduvo a trompicones con la cara alta y manseando; Liria resolvió dignamente y puso fin al espectáculo. Las cuentas seguían sin salir, pues ni toros ni toreros seguían el guión marcado.

El segundo era terciado y tampoco tenía mucha fuerza -vaya torismo-, y fue pésimamente picado, casi tan mal como banderilleado. Llegó a la muleta con media arrancada, lo que el esforzadísimo Padilla aprovechó para crear un conflicto inexistente en cuanto quedó al descubierto una vez. También fallan las cuentas al evaluar la estocada: si Padilla mató de un bajonazo, ¿por qué sufrió un tropezón? Vale que te cojan al dejar un volapié en la yema, pero en un bajonazo... Recibió al quinto con una larga cambiada y verónicas con paso atrás rematadas voluntariosamente. Tras una lidia de capea, Padilla obsequió al respetable con un segundo tercio atlético y emocionante al jugar con el toro y recortarlo. La cosa estuvo a pique de un repique tras el segundo par, cuando el matador, desde el estribo, tuvo que tirarse de espaldas al callejón tras perderle la cara y venírsele encima la res. El toro, huérfano de castigo y a su aire en los dos primeros tercios, llegó alegre a la muleta, en la que Padilla le dio fiesta, nada ceñida por cierto y fuera cacho, pero bullidor siempre y pródigo en adornos, alardes y desplantes.

Tampoco se entiende bien que José Luis Moreno siente plaza en la legión. Destacó el recibimiento al sexto, por verónicas, y la lentitud con la que instrumentó un quite por chicuelinas en el tercero, toro en el que templó y puso suavidad, si bien no llegó a ligar los pases, que se producían de uno en uno. Cuando tocaron a matar al sexto, el recuerdo torista no existía y se esperaba que luciera la clase de Moreno. Hubo buen toreo a ráfagas y lo que se anunció como guerra terminó en fogonazos de arte mal rematados con el acero.


Diario de Sevilla. EFE. La terna desaprovecha una gran corrida de Guardiola

Una buena corrida en lo que a toros se refiere. Un espectáculo que, por circunstancias, ajenas a los toros, como es el fallo a espadas de los toreros, se saldó con un balance artístico muy pobre. Porque cuando el toro embiste con la clase, la calidad y, sobre todo, la bondad que tuvieron los guardiolas, parece extraño un marcador de trofeos tan exiguo.

Y no vale en esta ocasión la disculpa de la blandura, pues si perdieron las manos en alguna ocasión fue también más que nada por las brusquedades con las que se anduvieron los hombres. Una corrida, en fin, que ya quisieran las figuras, los que mandan y exigen en el toreo. Porque además, el encierro tuvo igualmente la virtud de la transmisión. Todos los toros, sin excepción, prestaron mucha importancia a lo que se les hizo.

Liria toreó con pasión al que abrió plaza. Muy bien en el recibo con el capote y bien a secas en la muleta, pues aun siendo buenos los pases, las series resultaron demasiado cortas. En todo caso se prodigó mucho en los remates, cuando menos dos de pecho en cada serie. Y por ponerle un pero más, le faltó reposo, ya que acabó recolocándose demasiado y con prisas, empezando un muletazo antes de acabar el otro. Aun así, de haber estado más contundente con la espada, con toda seguridad hubiera cortado una oreja.

El cuarto, flojo de más, se defendió mucho, quedándose a mitad del muletazo. Liria no lo entendió lo suficientemente bien.

Padilla no terminó de entender a su bonancible primero, cuya única limitación era la cortedad en la embestida por su falta de fuerzas. La verdad es que esa deficiencia del toro se notó más por la indisimulada rapidez del torero en todas sus intervenciones.

Padilla lo vio más claro en el quinto, al que recibió con una larga y puso banderillas con espectacularidad. El toro, el mejor de la corrida, quiere decirse que fue extraordinario, se comía la muleta a la menor insinuación, y allí estuvo Padilla acompañándole la mayoría de las veces las prontas y largas embestidas.

Series cortas de pases muy rápidos, aunque en algún momento se relajó el torero. Aunque todos los méritos que valoró el tendido fueron más que nada los fogonazos de las prisas, incluidos rodillazos y un desplante que acabó en huida. Incomprensiblemente, tras la estocada, el público no se conformó con una oreja y pidió otra más. Pero el presidente, en su sitio, evitó el desmadre.

Moreno fue el que sacó mejor provecho de la corrida, porque la entendió como era y porque supo estar como procedía. Incluso en las secuencias claves de la lidia le dio a los toros el protagonismo que merecían. Por ejemplo a su primero, al que lanceó muy bien a la verónica, luciéndose después en un vistoso quite por chicuelinas. Con la muleta abrió por alto antes de dejar que se le viniera de largo para darle más arrogancia a su quehacer.

El toreo por la derecha tuvo estética, mucha limpieza, y tanta ligazón que el círculo entre toro y torero se hizo por momentos interminable. Hubo cierta desigualdad al cambiar al natural, pero como la serie fue también generosamente larga, a medida que avanzaba terminó casi perfecta. A todo esto, un afarolado y el de pecho, oportunísimos y de magnífica ejecución. Todavía más, con un tres en uno, otro del desprecio y una trincherilla, el cambio por delante y un par de remates. Perfecto todo. Por eso, por pinchar antes de la estocada, cortó sólo una oreja.

Todavía Moreno pudo recuperar lo perdido con el gran toro que le correspondió en segundo lugar, el sexto. Toro tan bueno como el quinto, o quién sabe, porque desde luego lució mucho en sus manos. Faena vibrante desde las probaturas, con una magnífica conjunción de toro y torero en lo que se entiende por fundamental, es decir, las series de derechazos y naturales. El toro, incansable en la embestida, larga y repetitiva. Y en adecuada compenetración, el torero. Faena que rozó la perfección de principio a fin, o mejor dicho, sin el fin deseado, le faltó la rúbrica de la espada. Debió ser de dos orejas y no pasó de la ovación.


Ideal. F. MARTINEZ PEREA. Corrida muy interesante y brava de Guardiola con toros excelentes

La apuesta torista de la feria, sustanciada en los 'pedrajas' de María Luisa Domínguez y Pérez de Vargas, no defraudó. Los seis 'guardiolas' que pisaron el albero de la Monumental granadina no dejaron indiferentes a los aficionados a pesar de que sólo dos -segundo y cuarto- sacaron condiciones diferentes a las comunes en las ganaderías llamadas comerciales. Los otros cuatro, encastados en distintos grados, pero francos y colaboradores, pusieron en bandeja el triunfo de los espadas. Fieles a las señas de identidad del encaste todos embistieron con la carita alta, pero hubo uno, el quinto, de extraordinaria calidad. Fue éste, de nombre 'Picador', uno de esos toros que sirven para reconciliar a todos con los ancestros de la cabaña brava y para recuperar rasgos que parecían perdidos en la metamorfosis de la fiesta. Se arrancó de largo al caballo sin atender los mandatos de los capotes, se enceló con ellos y peleó con bravura en todos los encuentros. Un toro muy en 'pedrajas' que, además, se empleó con fijeza y codicia en el último tercio, tuvo recorrido, repitió con clase y estuvo por encima de un entregado Juan José Padilla que tiró de todo su amplio y efectista repertorio -banderillas incluidas- y que cuajó una faena muy de su corte, con calado en los tendidos, pero sin la calidad que el astado demandaba.

Toro importante este 'Picador', pero no el único del encierro, que tuvo bondadosas prestaciones, aunque cierta blandura. El que abrió plaza fue toro franco, mucho más en manos tan curtidas como las de Pepín Liria. El tercero añadió a la franqueza la calidad y, además, se tropezó con un José Luis Moreno que atenuó su cantada flojedad a base de no violentarlo y de hacerle las cosas con admirable pulcritud y templanza. Y el sexto, igualmente extraordinario, fue toro, por tanto, propicio para el lucimiento.

En tarde de las llamadas 'toreristas' tan manifiestas bondades hubieran sido casi un desatino, pero de poner el picante ya se encargaron los otros dos astados, un segundo que dio impresión de tener un defecto de visión, atenuado durante la lidia, y un cuarto extraordinariamente listo, que cumplió con el guión de querer coger todo el tiempo y que sirvió para poner de manifiesto, por enésima vez, la capacidad, entrega y vergüenza torera de Pepín Liria, además de sus grandes dotes lidiadoras.

Dicho esto, cabe añadir que la Corrida de la Prensa tuvo aspectos extraordinariamente positivos. Y en este capítulo merece mención especial la demostración de torería, en sus dos faenas, del cordobés José Luis Moreno, que lució con auténtica galanura su capote y se gustó y gustó con la franela en series templadísimas, cadenciosas, magníficamente ligadas y cinceladas en la hondura. José Luis Moreno sacó todo el partido que tenía su flojito primero, al que prácticamente mimó para que no acentuara su manifiesta blandura y sirviera para la causa artística, y repitió una actuación harto convincente con el que cerró plaza, al que recetó varias series de trazo grueso, tanto en el fondo como en la forma. No mató bien y de ahí que su premio quedara en la oreja cortada a su primero.

Pepín Liria estuvo bien con el toro franco y mejor aún con el peligroso cuarto, lo que dice mucho en favor del murciano, mientras que Juan José Padilla, que cortó una oreja al formidable quinto, supo ganarse el favor del público a base de sacar todo lo que lleva dentro, de ser fiel a su personalidad artística y de demostrar que de valor y entrega anda sobrado. Feliz presentación la suya.