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Feria Taurina del Corpus
PLAZA DE TOROS DE GRANADA
Tarde del 10 de junio de 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Gabriel Rojas, bien presentados.

Diestros: 

Entrada: menos de media entrada.

Crónicas de la prensa:  El País, Diario de Sevilla.


EL País. JUAN ORTEGA. El clamor popular

Las claves del clamor popular en las plazas de toros permanecen ocultas. Hace falta una explicación, no para regañar al público, harto sufrido, sino para tratar de entenderlo. Es habitual que en estos días se regañe constantemente al intransigente público de Madrid, y sería lógico que ahora al humilde público de provincias más dado al aplauso se le elogiase sin tasa ni medida, pero tampoco, todo lo más se le tacha de acomodaticio y hasta de justiciero.

Teniendo esto en cuenta, hay que resaltar que la labor de El Cordobés en el primero fue muy del gusto del respetable. Un solo puyazo bastó no sólo para picar, sino para hacer picadillo al toro, que se fue al suelo una vez cumplido el castigo. Manolo comenzó de rodillas y su antagonista no quiso ser menos, arrodillándose también al segundo pase. Se sucedieron los derechazos terminados con la muleta arriba, los naturales por banderazos, reminiscencias del vistoso Palio sienés, acompañados por la música, que entró a todo trapo. Protestaron algunos, pero nada, que si quieres arroz. Continuaron tandas picudas, siguió el número del subalterno que quiere entregar la espada a su matador para que finiquite con tanta exposición y no dejaron de verse otras varias zafiedades taurinas de índole variada a las que respondió el júbilo popular que llegaba hasta las nubes. Luego, dirán los intransigentes.

Lo del cuarto fue un concierto de sosería en el que rivalizaron toro y torero, pero no fue muy diferente de lo anteriormente jaleado, que esta vez discurrió ante el pasotismo del público, quizá por efecto de la merienda. El pueblo no respondió hasta que El Cordobés se lució en un brillante bajonazo. Raros matices del comportamiento sociotaurino del espectador de feria.

El calor popular hacia Pedro Pérez se explica por causa de paisanaje, que no iba a entretenerse en matices. Chicote ejecutaba los naturales a un toro de carril a base de brazo largo, desde las afueras, siendo, no obstante, muy celebrados. Los derechazos, embarcando con el pico y las espaldinas, en cadena, también gustaron, así como unos ayudados por alto algo atribulados, entre carreras, no se sabe si para ganar o perder la posición. El sobrero de Peralta, corto de cuello y cuerna, parecía el padre de todos los demás y fue picado con saña en tres entradas y mil lanzazos de los que salió por su cuenta. Manso y aquerenciado, obsequió con arreones a los banderilleros y fue lidiado con solvencia por Paco Arijo, el único que no perdió la brújula. A estas horas, el clamor popular se había extinguido, de modo que, cuando Chicote, pasándolas moradas, vino sacar los mejores muletazos de la tarde, por expuestos y difíciles, pasaron casi de puntilla.

El tercero salió como un tren, se montó en el burladero tras Juan Montiel y Dávila lo recibió con una larga cambiada de rodillas. El toro fue de nobleza extrema para la muleta y el torero correspondió fuera cacho, con el pico y sin acoplarse. Fue muy jaleado. El sexto, miniatura en castaño, encontró a un público que había perdido todo el gas, por lo que decidió sentarse complacido en el ruedo en varias ocasiones. Al final, tanto el clamor como el propio público quedaron para el arrastre.


Diario de Sevilla. EFE. Oreja y triunfalismo

La feria granadina del Corpus, inmediatamente después de la de San Isidro, es un alivio para todos los estamentos taurinos. Descansan los aficionados madrileños al cabo de veintinueve tardes ininterrumpidas de mucho suplicio y poca diversión. Los granadinos, se supone, tienen por fin su merecida fiesta anual. Pero a los que mejor les viene es a los toreros, pues tal y como está el panorama muchos de ellos ni siquiera necesitan el respaldo de un triunfo en Las Ventas para estar en el circuito de las ferias menores como ésta de Granada.

Aquí las exigencias son menores, por no decir que prácticamente no existen. Y como el talante del tendido es divertirse a toda costa, tampoco se preocupa mucho el sistema de que las cosas vayan del todo por su sitio. Así se cuela con facilidad el medio toro, como ayer ocurrió con los tres primeros, con los que los toreros andan más que relajados, en actitudes de tanto desenfado que el espectáculo pierde toda seriedad.

Que El Cordobés interrumpiera su primera faena dejando a un lado sobre la arena los trastos para colocarse la zapatilla con el mayor desprecio al toro, a sólo un metro de los pitones, o que el subalterno Juan Montiel se pavoneara dando largas brazadas y pasos cortos a la salida de sus dos pares en el tercero. Lo cierto es que la gente se ríe, una forma también de divertirse.

Y después de eso nadie puede pensar que se pueda pedir desde el tendido algo tan esencial como que se cumpla el tercio de varas en su mínima expresión. Ni que decir tiene que los titulares pasaron por los montados con apenas un picotazo cada uno (otra cosa fue el sobrero de Peralta, que se llevó una buena ración a pesar de irse suelto las tres veces que le obligaron a ir). Claro que de no haber sido así, los toros no hubieran aguantado, pues los seis de Rojas anduvieron con las fuerzas demasiado justas.

El Cordobés hizo faena de menos a más en el que abrió plaza, también porque el toro, que al principio blandeó mucho, se recuperó al final. Aquel esperpéntico pasaje de las zapatillas tuvo un antes y un después de pases muy buenos tanto en el toreo por la derecha como al natural. Por eso, a pesar de todo cortó una oreja. El cuarto, tardo de embestida, se defendió en exceso, y al darse cuenta el torero abrevió sin más.

El local Chicote, sustituto del lesionado Califa, cumplió una actuación muy digna en su primero. Torero que apenas se viste de luces, anduvo con relajo y buena compostura en éste. Si acaso, por momentos le perdieron las ganas, cuando se metió demasiado en el toro. Pero en conjunto lo hizo todo con buen ritmo y unidad.

En el sobrero de Peralta no tuvo tanto ánimo el torero, mediatizado por la violencia del toro en los dos primeros tercios. Le costó mucho ponerse con la muleta, pese a que el animal obedecía siempre. Cuando Chicote superó su propia indecisión le pegó pases, pero sin terminar de rematar.

Dávila Miura, sin cortar orejas, no estuvo ni mejor ni peor que los compañeros, sencillamente no mató como es debido y ahí perdió la oreja en su primero. Derroche de voluntad desde que se abrió de capa en una larga cambiada en el tercio a la que siguieron portentosas chicuelinas. En la muleta mucho temple y ligazón en el toreo fundamental, con especial énfasis en una tanda por el izquierdo rebozándose auténticamente de toro.

La misma decisión con el que cerró plaza, al que toreó muy bien a la verónica, pero la falta de fuerzas del animal impidió profundizar con la muleta.