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Feria Taurina del Corpus
PLAZA DE TOROS DE GRANADA
Tarde del lunes, 16 de junio de 2003
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Guadalest
(bien presentados).
Diestros:
Entrada: Un tercio de entrada.
Crónicas de la prensa: Diario
de Sevilla
Diario de Sevilla.
JUAN MIGUEL NUÑEZ.
La nueva
tauromaquia light
Si Lagartijo o el Guerra levantaran la cabeza se
volvían locos. Aquellos toreros que, como recursos, utilizaban varios
trucos para aplacar la violencia de los toros, se hubieran quedado ayer
boquiabiertos en Granada. Trofeos por labores ante toros nobles, pero que
eran auténticas ruinas.
Hemos llegado a tal degeneración, que la casta y la fiereza del toro son
condiciones que en nuestros días suenan a chino. Y no es derrotismo.
Agudicen el oído cuando hablen los taurinos. No tiene guasa eso de que el
toro sea colaborador, sirva, se entregue, obedezca y cumpla. Como
continúen así, al paso que llevan, acabarán convirtiendo al toro en un
oficinista, que termine hasta fichando. "¡Hay que cuidar al
toro!"; la frase, de puerta grande, la repiten en los callejones
hasta la saciedad.
La corrida de Guadalest fue una auténtica delicia para los toreros por su
nobleza y careció de fuerza y poder alguno. Así es que el espectáculo
estuvo huérfano de emoción. Un espectáculo light en el que Vicente
Barrera, Morante y Abellán cortaron cada uno una oreja. Fue el madrileño
el que realizó la faena más redonda, al tercero, que malogró con la
espada.
Vicente Barrera tuvo en sus manos un lote moribundo. Al que abrió plaza
consiguió sacarle un par de tandas con planta asentada y vertical para
matar mal.
El torero valenciano logró un trofeo del inválido cuarto, por una labor
de enfermero en la que el animal se cayó en varias ocasiones, pese a que
el espada lo llevó siempre con suavidad y sin bajarle la mano. Mató de
pinchazo y estocada.
Morante consiguió los mejores muletazos en su primero. Al descastado
animal lo toreó con pinturería. Hubo gotas de gran calidad, como un
molinete, un kikirikí o un pase del desprecio. Pero manejó la espada de
manera pésima.
Con el noble quinto, que tuvo como mejor pitón el derecho, el torero de
La Puebla cumplió en una labor entonada y a menos, que remató con un
sartenazo. Fue premiado con una oreja.
Miguel Abellán ha retornado con ganas y buen aire tras su grave cornada
en Vistalegre. Al bombón tercero lo lanceó a la verónica con gusto.
También se lució en un quite por chicuelinas. Y sufrió un susto al caer
delante de la cara del toro, al tropezar. La faena, en los medios, fue la
de mayor cuerpo del festejo. Dio sitio. Con la derecha templó en dos
series muy templadas. Por el izquierdo, por el que el astado se quedaba
corto, la cosa tuvo menor relieve. El mal uso de los aceros dejó el
premio en una vuelta al ruedo.
Al que cerró plaza, único toro con temperamento, al que le faltó
humillar, Abellán lo recibió con dos largas cambiadas de rodillas en los
tercios. De pie, lanceó ganando terreno. En el tercio de varas, el astado
derribó al piquero sin consecuencias. Al salir en su ayuda, un monosabio
se tropezó con la cabeza del caballo y se estrelló contra las tablas.
Tuvo que ser trasladado a la enfermería. Carlos Ávila también pasó
apuros en el tercer par, cuando el toro le lanzó un hachazo. Aunque no
mató a la primera, le concedieron un trofeo.
Así es que un balance que no maquilla un festejo light. Un triste
balance, con un trofeo para cada diestro. Premios muy generosos. Porque
faltó toro y, además, los matadores, que no supieron aprovechar la
nobleza, no hicieron honor a su título.
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