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Feria Taurina del Corpus
Tercera de Abono
PLAZA DE TOROS DE GRANADA
Tarde del lunes, 27 de mayo de 2002
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Guadalest,
bien presentados y de juego desigual.
Diestros:
Entrada:
Crónicas de la prensa: El País
El País. JUAN
ORTEGA. La feria al revés
La ganadería de Guadalest posee un escudo
de prosapia, el de Hidalgo Barquero, eclesiástico que marcó con sus
iniciales un cruce de Vistahermosa y Vázquez hace 160 años. Luego, le añadieron
la corona y, después, la actual propiedad invirtió el sentido de las
letras. Puso el hierro del revés y, con él, la ganadería, que ya había
perdido la ilustre procedencia y entró en manifiesta bastardía, como
atestiguaron los dos primeros torillos, de afeitado manifiesto, de los que
el segundo lucía una cornada abierta en el costado derecho. El espectáculo
bochornoso y denigrante que ofrecieron toros y toreros dio la razón al
antitaurinismo radical. Lamentable.
Atravesábamos el desierto cuando, a la
tercera, salió un toro que, si bien con la permanente hecha en los
pitones, se arrancó de largo, embistiendo con fijeza al jaco en la única
ocasión en que se lo pusieron delante. José Luis Moreno, honrado a carta
cabal, imitó el toreo en cuatro series por la derecha en las que el toro
campó a sus anchas, huérfano de mando; tal era el grado de autonomía
bovina, que se vio obligado a cambiar el cite natural por la derecha por
el cambiado del circular invertido. Sólo unos naturales tardíos y unos
por bajo muy buenos, prólogo de una estocada ejecutada con bien, fueron
toreo real. Para tan escasa cosecha habíamos esperado una hora y sentido
mucha indignación. Dio lástima verlo desaprovechar el gesto, apuesto
entre series, toreando empicado, sacando de vez en cuando un rápido
muletazo limpio desde la distancia y rematando en la provincia limítrofe.
Mandó tanto que acabó en chiqueros.
Víctor Puerto trató de resarcirnos de la
tomadura de pelo del segundo y realizó un voluntarioso quite por
chicuelinas solo en el centro del ruedo, que no fue bien correspondido por
la fiera, un animal de trote cochinero con apariencias de toro ancestral
depositario de valores telúricos y corneado en el anca derecha, que se
bamboleaba amagando la caída. Como el toro no iba ni de corto, Puerto lo
intentó de largo, cuidándolo mucho, no sea que se fuera al santo suelo.
La emoción erizó el vello de la concurrencia mientras desgranaban una
sintonía de molesta discordancia que terminó después de torpes
intentos. Un alivio.
Quizás El Cordobés sea inglés puesto
que, sólo con su mayor dosis de seriedad, llega a provocar la sonrisa,
retorciéndose ante un marmolillo cobarde agobiado a mantazos. La corrida
terminó entre cánticos penitenciales de los aficionados, sabedores de
haber cometido pecados nefandos.
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