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Feria Taurina del Corpus
Octava de Abono
PLAZA DE TOROS DE GRANADA
Tarde del sábado, 1 de junio de 2002
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Valdefresno,
bien presentados y de deslucido juego en líneas generales. 1º y 2º,
mansos y flojos, y 3º, con peligro, 6º, inválido; 4º, un sobrero de
Peralta, manso y peligro; 5º bis, de José Luis Pereda, manso y flojo.
Diestros:
Entrada: media plaza.
Crónicas de la prensa: El País
El País. Juan
Ortega. La calculadora y un toro
Esplá sustituyó a José Tomás, lo que provocó el rechazo de los
toros de Núñez del Cuvillo, que esperan congelados otro espectáculo
para figuras, que vaya espectáculo están dando: se han lidiado siete
corridas y han sido desechados más de 24 astados. Y lo que salió de
pena, por mucho indulto que se inventaran para posterior reingreso del
indultado en la carrera de semental. El público ausente fue compensado
por la rebaja de coste y la posterior mejora del balance de calculadora,
ya que el artístico no cuenta.
La primera mitad fue un homenaje a la mediocridad en el que se situó
Esplá, suficiente en todos los tercios ante el carro de la carne, que
acabó rajado.
Lo de Caballero es más grave, ya que aburre a las mismísimas ovejas:
una y otra vez recoge al toro con el pico, lo transporta hasta las
heredades vecinas y lo deja allí para volver a empezar.
El tercero salió con más gas y le soplaron un puyazo cruel. Se venció
por el derecho y golpeó la pierna del torero, agradecido como nunca a un
pitón romo. Con la muleta un despropósito, ya que el toro dudaba por la
derecha mientras que el matador lo hacía por el lado contrario.
El cuarto era ofensivo, bien hecho y con el suficiente trapío como
para afligir el ánimo. Esplá ordenó pegarle de firme antes de
banderillearlo menos que discretamente, a pesar de lo cual hubo de
plantarle cara en el último tercio, aguantando los sobresaltos que suele
dar un toro bravo, o sea, lo que las figuras ignoran. Estuvo a la
defensiva valiente y listo, aguantó siempre que pudo, pero no llegó a
meterse en harina para lograr los instantes de dominio que necesitaba su
oponente, el más toro de toda la feria.
Caballero sometió a los espectadores a un tostón que,
afortunadamente, tuvo fin. Con el personal en camisón y gorro de dormir
salió una sardina sin fuerza, digno epílogo de un espectáculo que sólo
interesó a la calculadora.
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