GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Corrida de abono
Feria de Begoña
PLAZA DE TOROS DE EL BIBIO
GIJÓN

Tarde del sábado, 11 de agosto del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: cinco toros de Garcigrande y uno (2º bis) de Domingo Hernández (mansos en general, destacó el 4º).

Diestros:

Entrada: media.

Crónicas de la prensa: ABC, La Razón.


La Razón. Juan Posada. Joselito y Finito, con dos orejas cada uno, a hombros en la primera de la feria de Gijón

Joselito dio muestras de su capacidad torera. En la última fase de su culminación profesional, se le nota el cuajo que proporciona la veteranía en un hombre joven como él. Aunó la buena técnica con el regusto que proporciona sentirse ante un excelente toro como fue el cuarto.
   Joselito anduvo con facilidad en todos los tercios con el primero, justito de cara, mansito y dócil. Se divirtió con el capote, aunque el público apenas se emocionó. Igual sucedió con la faena. Lo sacó fuera aunque la res miraba a tablas descaradamente. Por fin logró algunos muletazos con la derecha en el centro del ruedo, sin demasiado eco hasta el pase de pecho. Con la izquierda, los dos primeros muy buenos y los restantes, pasables. Bien es cierto que el viento dificultó su labor. Al final, ganó el toro y el resto de su labor hubo de ser realizada en el tercio. Allí cuajó los mejores naturales. Faena correcta pero sin olés y con buenos destellos a un toro que no transmitió peligro al personal. El pinchazo hondo arriba, suficiente, pero no para levantar entusiasmos.
   Sí los alzó al acabar la buena faena al excelente cuarto de estocada fulminante. Se acopló a la suave velocidad del toro desde los primeros lances. El quite por chicuelinas, recreado y gozado por el público. Con la muleta, labor relajada en la que se pudo apreciar su indudable maestría ante un animal tan propicio. Los primeros pases a dos manos ya mantuvieron la atención del respetable. Los olés por fin surgieron en los primeros derechazos, algo que no había sucedido hasta entonces. El público, identificado con toro y torero, se metió en la acción y gozó de la templanza de Joselito, a corde con el ritmo del toro, excelente. Faena de torero ducho que sabe lo que hace y por qué. Joselito dio sensación de seguridad y de buen gusto torero, que nada tiene que ver con hacerlo mejor o peor. La técnica, perfecta, la que exigía la bonanza del toro: media distancia, muleta levemente adelantada y suave compás al unísono del del animal. La estocada, un auténtico volapié.
   Finito no puso demasiado empeño en los lances de salida ni en la faena de muleta que inició con pases por bajo. El toro, que no veía bien de cerca, acudía a la voz con cierta dulzura, aunque al final del pase quedaba desconectado de la lidia. Finito cumplió, sin comprometerse ni intentar subsanar los defectos del animal. Faena sosa, ajena, como cumpliendo un deber dificultoso. El público no lo entendió así y se enfadó cuando atacó con la espada y pinchó en la panza del animal.
   Tampoco estuvo con él al iniciar la faena al flojísimo quinto. La verdad es que el animal, blando cual merengue, era un auténtico inválido. Los primeros lances templados calmaron un poco los ánimos, aunque las escasas fuerzas del animal dividieron las opiniones. El toro se repuso y la tanda de naturales que siguió levantaron aplausos. La tanda siguiente, con la derecha, bastante más rítmica y antendida por el personal. La faena fue a más. Los derechazos y naturales finales, muy acoplados, reconciliaron a todos.
   Javier Castaño se mostró voluntarioso con el capote, sin exquisiteces. Molestado por el viento, inició su faena con muletazos diestros con el defecto de retrasar el engaño por lo que el toro lo veía y achuchaba. Insistió por tres veces en la misma posición y la faena se convirtió en un toma y daca entre animal y hombre en competencia para averiguar quien era más tozudo; ganó la res. Castaño mejoró posición con la izquierda, adelantó suficientemente el engaño y logró enjaretar varios naturales, que se jalearon, con razón. No obstante, volvió a las andadas con la diestra, aunque en esta ocasión con espaldinas y demás alardes. Gustaron, aunque todo fue rematado por alto y sin calidad.
   Nota: Al término de esta edición sólo se habían lidiado cinco toros.


ABC. Lunes, 14 de agosto´2000. José Luis SUÁREZ-GUANES. Joselito y Finito de Córdoba salieron a hombros tras dos lucidas faenas

La Feria de Gijón empezó con bien. Vimos cortar dos orejas por partida doble a Joselito y a Finito de Córdoba, trofeos ganados en muy buena lid por la actuación completa del madrileño y el modo en que entendió el cordobés al quinto, un toro flojo, al que acabó toreando francamente bien.

Joselito dictó lección en el cuarto, con el que se lució de verdad, desde que se abrió de capa -perfecto un quite por chicuelinas- hasta que terminó su labor con un espadazo de los suyos. Por el medio su galana manera de andar a la res, su sentido del toreo en los pases fundamentales -mejor al natural que con la diestra-, lo rematado de los pases de pecho y el garbo de todos los muletazos accesorios, desde el molinete al abaniqueo del molinillo, pasando por las manoletinas.

Finito de Córdoba vio como su segundo tenía una tendencia genuflexa excesiva. Tras probarlo y mantenerlo lo toreó con una y otra mano francamente bien, a veces extraordinariamente bien. Faena larga que fue a más y que corroboró que Finito se ha convertido, en esta segunda parte de la temporada, en un torero importante en lo que concierne a su paso por el Norte.

Javier Castaño le arrancó una oreja al sexto por una faena de barullo, pero valiente. El toro tardó en caer por empeñarse el espada en no descabellar. En su primer enemigo también se había mostrado voluntarioso y con deseos, pero había vuelto a confirmar que continúa en agraz.

Joselito realizó en su primero una más que digna faena, bien concebida y con pasajes lucidos, rematada con acierto con la espada. Finito, en su turno inicial, se limitó a cumplir con un sobrero que sustituyó a un toro titular que se rompió una mano.

 

 
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