LAS CASTAS

"No podrán lidiarse en ninguna clase de espectáculos reses que no estén inscritas en el Libro Genealógico de la Raza Bovina de Lidia".
Las principales castas son Cabrera, Jijona, Navarra, Vazqueña y Vistahermosa.

TIPOLOGÍA DEL TORO BRAVO

El toro bravo se distingue según su encornadura, estructura, maneras y pinta.

GANADERÍA DE LA SEMANA


 
 

ASOCIACIONES DE GANADEROS

 

FERNANDO VILLALÓN

Aparece un libro inédito de Villalón con epigramas de toreros de la época

Texto de Luis Nieto. Diario de Sevilla. Fernando Villalón (1881-1930), conde de Miraflores de los Ángeles, ganadero y consumado garrochista, sorprendió como poeta, a los 45 años, con su obra Andalucía la Baja (octubre 1926). Y labró más versos en su obra La Toriada (agosto del 28) y Romances del 800 (abril de 1929), donde en un poema magnífico describe la muerte y entierro de Manuel García 'El Espartero', el torero de valor escalofriante que acuñó la frase más cornás da el hambre. En prosa también escribió un interesante ensayo, Taurofilia racial (mayo de 1926), sobre los toros y el toreo y el drama Don Juan Fermín de Plateros (editado por la Diputación de Sevilla en 2000).

Hombre serio, pero ocurrente y supersticioso, fumador empedernido, se paseó por el mundo con su sombrero de ala ancha y rompió los esquemas de una sociedad cerrada, al entablar una relación marital, sin casarse, con Concha Ramos, una joven que vivía por la Puerta de la Carne y que no pertenecía a la alta sociedad. Una mujer que le acompañó en su lecho de muerte, en una clínica de Madrid, donde murió a causa de litiasis doble -infección en los riñoñes-. Allí, falleció arruinado.

Para apuntalar la figura de Fernando Villalón acudimos a una tertulia en el Barrio de Santa Cruz, en la que una terna de especialistas debate la figura del poeta-ganadero: el dramaturgo Salvador Távora, que se ha inspirado en Villalón para la creación de su obra 'Villalón. Fantasía vaquera', que estrenará el próximo 5 de febrero en la Feria Mundial del Toro; Manuel Barrios, quien publicó' Perfil, magia y versos de Fernando Villalón' (1986) y otra obra, inédita, 'El sacristán del diablo', con una sorprendente biografía; y Miguel Oliveros, ahijado de Villalón, quien mantiene el legado personal, como fotografías personales y las cabeza del caballo y del toro que dieron pie al verso 'Si no me parte el palo/ aquel torillo berrendo/ no me hiere a mí el caballo'. Una cornada mortal que tuvo lugar en 1909. El caballo, Gavilucho; el toro, Marinero, de la ganadería de Carvajal. Bajo sus cabezas, disecadas, inicia la terna de gala una tertulia amena y profunda.

Távora concreta que la veta de Villalón de su vena poética emerge “porque como el toro, para serlo, hay que estar entre la vida y la muerte: imaginando la muerte en vida e imaginando la vida en la muerte”. Sobre el éxito que obtuvo la obra 'Andalucía la Baja', Manuel Halcón, primo y biógrafo del ganadero, escribió: “La sorpresa de la gente al ver su nombre en la crítica de los periódicos fue inmensa, y culminó en la pregunta con que le recibió un día en el cortijo de Arriba el guarda Pedro Navarro, bajando la voz con mueca de curiosidad y de misterio:

-Don Fernando, ¿es verdad lo que dicen, que es usted escribano?”.

Como ganadero, Villalón luchó por preservar la línea Saavedra. Su ganadería, con el hierro de Adalid, que compraría más tarde Juan Belmonte, no despertó simpatías entre las grandes figuras del momento. El poeta ganadero buscaba un toro mítico, con poder, más allá de una bravura para la lidia. Fue una lucha ardua, en la que derrochó más ilusión que buenos resultados. Propietario de varias fincas de labrantía, perdió parte de su fortuna en el toro. Dentro de su quimera, se llegó a decir que quería criar toros con ojos verdes. Sobre este asunto, Halcón, afirmó: “No es cierto que Fernando intentase jamás, como se ha dicho, criar toros con los ojos verdes. Ésa fue una de tantas bromas de sus postrimerías cuando ya no pudo criarlos con ojos negros”. Manuel Barrios opina que “también podría ser que aludiese a la brillantez de los ojos del toro en campo”. Y Távora añade: “En cualquier caso eso es algo precioso”. Y es que los toros de la antigua ganadería de Saavedra presentaban la característica de un tono verdoso en la cepa de sus cuernos, y valiéndose de esta característica Villalón quería preservar la pureza de la vacada.

Pero en una corrida en Cádiz, según Halcón, los resultados fueron tan negativos que “me levanté, impaciente, y me puse detrás de mi tío, que buscaba los lentes de ver cerca, y leí, sin atreverme a despegar los labios: ‘Corrida celebrada hoy. Tres toros fogueados. Uno al corral. Público pide cabeza del ganadero. Dime qué hago. -Fernando”.

Como caballista se tiene una imagen de consumado jinete hasta el punto de que “…tanto gravitaba su corpulencia sobre el animal, tan caballista era, que sin el aislamiento de las azaleas, hubiese corrido el peligro de soldarse al lomo del caballo”.

El propio Villalón, en su poema 'Garrochistas', recogía:'Mi caballo se ha cansado./ Mi caballo el marismeño, que no le teme a los toros/ ni a los jinetes de acero./ Por la madrugada,/ música de esquilas y espuelas,/ garrochas/ cruzadas. Y al caballo lo elogió con versos sublimes: Mi caballo es buen mozo;/ ir en jaca es ir a pie,/ que nadie llegó a La Habana/ en un cascarón de nuez'.

Hasta la garrocha, con la que el ganadero apartaba los toros y se metía en faenas de acoso y derribo, la ensalzó en sus versos: 'En las salinas del puerto/ se encarga a los salineros/ las garrochas de majagua/ que gastan los mozos buenos./ Si no me parte el palo/ aquel torillo berrendo/ no me hiere a mí el caballo'.

Por encima de todo, Fernando Villalón estuvo unido a la tierra, a la tierra que lo vio nacer y donde se crió. Aquí se sintió, con el cielo azul de techo y las marismas, en muchos atardeceres, de testigo. Aquí nació su poesía, al tiempo que volaba con la libertad que da montar a caballo. En su testamento ológrafo dejó escrito que le enterrasen con traje corto, botos y espuelas. Y fiel a su linaje, poéticamente, lo cantó de manera soberbia: 'Que me entierren con espuelas/ y el barbuquejo en la barba,/ que siempre fue un mal nacido/ quien renegó de su casta'.

Carta de Luis Nieto a un andaluz de pura cepa


"La corrida del domingo
no se encierrra sin mi jaca.
Mi jaca la marismeña,
que por piernas tiene alas.
Venta vieja de Eritaña
la cola de mi caballo
dos toros negros
peinaban..."
FERNANDO VILLALÓN


El País. Viernes, 21 de junio´2002. AV GARCIA. Aparece un libro inédito de Villalón con epigramas de toreros de la época

La casa natal de García Lorca en Fuente Vaqueros prepara la edición de Semblanzas de toreros, un libro inédito del poeta y ganadero sevillano Fernando Villalón en el que, con estilo mordaz o amigable, retrata a quince toreros. El manuscrito, escrito en versos epigramáticos hacia 1917, procede del archivo de Villalón que se conserva en Fuente Vaqueros. La edición ha sido preparada por Jacques Issorel.

En un estilo desenfadado, cómico y en ocasiones muy sacástico Villalón retrata a grandes trazos tanto a los grandes de la época, como José Gómez, Joselito y Juan Belmonte, como a matadores de escasa monta que debieron su fama a accidentes extra taurinos. Es el caso del diestro sevillano Francisco Posadas que alternaba la estancia en los ruedos con el internamiento en un manicomio y que inspiró a Viallón estos versos: 'A Faustino Posadas, / que murió, / sucedióle Currito Posadas, / Majaró'.

Los poemas aluden en ocasiones a inclinaciones particulares de los toreros. Así, de Belmonte escribe: '¡Belmonte...! ¡Querido amigo...! / ¿Qué le pasará contigo / a las mujeres? / ¡Me las hieres / con tu cupidesco dardo! / ¡Y a ti te ponen a cardo...! / Quitándote de los tosos, / so moro'.

Aunque el manuscrito no tienen fecha, del contenido de los poemas el editor deduce que fueron escritos entre 1917 y 1920 y que su tono humorístico impidió su inclusión en alguno de los libros que Villalón publicó más tarde. Las alusiones sarcásticas a amigos suyos también debieron influir a juicio de Jacques Issorel en que Semblanzas de toreros quedara inédito, así como que algunos poemas, como el dedicado a Joselito, resultaran impubicables después de su muerte en Talavera de la Reina en 1920.

De Joselito escribe el ganadero sevillano: 'Con la garrocha en la mano / no dejas becerro sano... / Bailarín y tirador, / choffeur y envenenador / de almas de cupletista... / Fuerte cuenta-correntista, / y el mejor... / Sólo falta ser divé [Dios en caló]. / José'.

Villalón utiliza algún pasaje para ajustar cuentas con individuos que no debieron caerle muy bien. Es el caso del ganadero bilbaíno Félix Urcola al que retrata de esta guisa: 'Feo, fanfarrón, grosero, / caballero de cartón, / que buscaste un soto de matón / cuando el trato de Villalón. / Cabrón'. Aunque hay quien sale peor parado como un tal Jaime Picola, Pelao: 'Esbelto fue como una caña / de lacio pelo y se cagó en España, /por eso el Rey cuando lo ve se esconde, / y no oprime amiga la mano del conde, /ni tiene amistades, ni hace simpatías / ni entre los burgueses, ni en la torería'.

El editor Jacques Issorel concede al inédito de Villalón la misma importancia que los libros más conocidos, como Andalucía la Baja, La Toriada o Romances del 800 y se manifiesta a favor de su inclusión en la próxima edición de las obras completas.

El archivo del peculiar escritor sevillano, amigo de buena parte de los autores de la Generación del 27, ya ha deparado otras sorpresas, entre ellas cuatro cartas cruzadas con Luis Cernuda en un periodo especialmente crítico, recién fallecida su madre y cuando está preparando su trasladado al sur de Francia.


Carta a un andaluz de pura cepa. Texto de Luis Nieto.

Estimable don Fernando:

Le envío estas líneas para decirle que un loco maravilloso -Salvador Távora-, que fue sobresaliente y hoy en día es un dramaturgo de matrícula de honor, se ha inspirado en su figura para una obra que se estrenará el 5 de febrero en la Feria Mundial del Toro.

Con el mismo cielo azulado de siempre, sus campos, sin embargo, no son los mismos. La aviesa especulación cornea un día sí y otro también los terrenos cercanos a Sevilla.

Si en sus versos relataba: 'Ya mis cabestros pasaron/ por el puente de Triana,/ seis toros negros en medio/ y mi novia en la ventana'; ahora, el puente, es una riada de coches, atascos y accidentes; cuando no obras.

Y en La Fiesta, ahora el milagro no sería alcanzar toros con ojos verdes. Ahora la alquimia es encontrar una corrida completa, con poder y auténticamente brava.

Y en eso estamos. Han cambiado muchas cosas desde que se fue. Aunque nos queda lo primordial. A los aficionados nos late el pulso más fuerte porque la Feria de Abril ya está a la vuelta de la esquina.

Y los criadores de palabras -aunque ahora ya no utilizamos esa majagua de tinta que es la pluma, si no una especie de arado con pantalla que denominan ordenador- sembramos ya el terreno con vocablos, con el anhelo de que germinen y crezcan.

Palabras como ganadero, poeta, garrochista y andaluz. Palabras mayores que le definen y me estremecen. Y que seguro que le llevará un día de estos el espíritu de un caballo alado, en una noche cuajada de estrellas, elevándose sobre el manto de las marismas sevillanas.

 

 

 

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