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A mediado del siglo XVIII, formó esta ganadería Gregorio Vázquez, de Utrera
(Sevilla), con reses de ignoto origen, a las que se añadieron otras de Cabrera
y de Bécquer. Su hijo Vicente José heredó la vacada en 1.778 y, tras innumerables
vicisitudes, logró aumentar la misma con reses del conde de Vistahermosa.
Gracias a ello y a la esmerada selección que practicó en la tienta, Vicente José
Vázquez logró crear una casta de toros muy bien armados, de variadísimas capas,
preciosos de lámina, cortos de patas y anchos. Fuertes, muy poderosos y bravos en el
primer tercio, en seguida gozaron de la predilección de los públicos.
Muchas fueron las ganaderías que nacieron de este tronco vazqueño. Cabe destacar la
del duque de Veragua por la línea más directa, así como las de Concha y Sierra y Trespalacios. De la estirpe de todas estas
vacadas hoy día quedan pocas muestras, ya que el ganado vazqueño ha sido en la mayoría
de los casos cruzado con reses de Vistahermosa. Sin embargo,
podemos aún admirar la belleza de estos toros en la ganadería de Concha y Sierra (si es que aún no se ha cruzado por
completo), posiblemente en la de Prieto de la Cal, en algunas
pequeñas ganaderías adscritas a la Asociación
Nacional de Ganaderías de Lidia y, sobre todo, en la portuguesa de los Herederos de D.ª María do Carmo Palha.
Las castas fundacionales y sus
derivaciones
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