DANIEL VÁZQUEZ DÍAZ

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La muerte del torero. 

La exposición comienza con un prólogo en París, donde seguimos al joven Daniel desde sus "aves nocturnas", un poco en el espíritu de Lautrec, hasta ese intento de españolismo modernizado que es la Muerte del Torero de 1912

El arte de Daniel Vázquez Díaz se consagra a los toreros vistos en la impotencia de su carácter. Los efigia quietos, duros, penetrados de la gravedad de su profesión, como ejemplares de pétrea serenidad ante el riesgo moral

Daniel Vázquez Díaz (Nerva, Huelva, 1882/Madrid, 1969)


Retrato de Juan Belmonte

Sus toreros urgen entre un color de ocasos modernistas y el misterio de una raza; también herméticos o en definiciones exactas...

Una empleada del museo contempla «Las cuadrillas de Frascuelo, Lagartijo y Mazzantini» (1936), de Vázquez Díaz, propiedad del Reina Sofía. EFE

El Reina Sofía revisa la obra de Daniel Vázquez Díaz, «un clásico moderno»

Madrid. Hasta el 10 de enero´2005. Museo Reina Sofía. Martes cerrado.
Bilbao. Museo de Bellas Artes. Febrero´2005 


La exposición pone de relieve el papel que tuvo en Francia "como aprendiz de la modernidad y como difusor de la pintura moderna española", así como su interés por el simbolismo, "convirtiéndose en satélite de ese movimiento que se trajo a España".

Quizá la obras más emblemáticas es «Las cuadrillas de Frascuelo, Lagartijo y Mazzantini» (1936), propiedad del Reina Sofía.

Después de un tiempo de seguir los dictados de la vanguardia radical, alineado con el ultraísmo, "aceptó las recomendaciones de su amigo Juan Ramón Jiménez y se convirtió en columna vertebral de la modernidad suave, clásica", según los comisarios. 

La exposición se ha dividido en nueve ámbitos que permiten recorrer la trayectoria del artista, comenzando por los años que vivió en París, entre 1906 y 1918, donde asimiló aspectos de las vanguardias radicales, pero conservando un sentido de moderación clasicista. El apartado Los orígenes de las vanguardias abarca entre 1918 y 1923, años en que se muestran las huellas de su estancia en París. 

Jaime Brihuega, comisario de la exposición junto a Isabel García, insiste en el desamparo historiográfico en el que cayó la obra de Vázquez Díaz, al que considera «protagonista de primer orden, epicentro estético de la modernización del arte español en los primeros años del siglo XX». Aunque siempre gozó de reconocimiento, habla de cierto olvido (no de declive) de su figura y cree que era de justicia una revisión profunda de su trabajo. Para llevarla a cabo han colaborado estrechamente con los comisarios desde la nieta del artista, Laura Vázquez Díaz, o Rafael Botí (amigo del pintor y uno de sus mayores coleccionistas) hasta Ana Berruguete, que prepara su catálogo razonado. El artista dejó más de tres mil obras como legado.

El artista se forma en Sevilla, influenciado por la pintura de El Greco, Zurbarán, Zuloaga y Sorolla. En 1906 se instala en París, «donde fue aprendiz de la modernidad y difusor de la pintura española». Sigue los pasos de Cézanne y los postimpresionistas. En 1918 regresa a España con una pintura simbolista. En Fuenterrabia cultiva el paisaje vasco como género. Desembarca en Madrid. Los críticos le tachan de afrancesado, pero Juan Ramón Jiménez le erige en estandarte de la modernidad y le anima a la vuelta al orden tras sus escarceos con las vanguardias. Entonces practica «un cubismo atemperado, frío», según Isabel García, la otra comisaria. 

205 obras se exhiben en la tercera planta del Reina Sofía, que ha coproducido la muestra junto al Museo de Bellas Artes de Bilbao.

 

Daniel Vázquez Díaz
Vázquez Díaz en el Museo de Bellas Artes de Sevilla

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