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El Reina Sofía revisa la obra de Daniel Vázquez Díaz, «un clásico moderno»
Madrid. Hasta el 10 de enero´2005.
Museo Reina Sofía. Martes cerrado.
Bilbao. Museo de Bellas Artes. Febrero´2005
La exposición pone de relieve el papel que tuvo en Francia "como aprendiz de la modernidad y como difusor de la pintura moderna española", así como su interés por el simbolismo, "convirtiéndose en satélite de ese movimiento que se trajo a España".
Quizá la obras más emblemáticas
es «Las cuadrillas de Frascuelo, Lagartijo y
Mazzantini» (1936), propiedad del Reina Sofía.
Después de un tiempo de seguir los dictados de la vanguardia radical, alineado con el ultraísmo, "aceptó las recomendaciones de su amigo Juan Ramón Jiménez y se convirtió en columna vertebral de la modernidad suave, clásica", según los comisarios.
La exposición se ha dividido en nueve ámbitos que permiten recorrer la trayectoria del artista, comenzando por los años que vivió en París, entre 1906 y 1918, donde asimiló aspectos de las vanguardias radicales, pero conservando un sentido de moderación clasicista. El apartado Los orígenes de las vanguardias abarca entre 1918 y 1923, años en que se muestran las huellas de su estancia en París.
Jaime Brihuega, comisario de la exposición junto a Isabel García, insiste en el desamparo historiográfico en el que cayó la obra de Vázquez Díaz, al que considera «protagonista de primer orden, epicentro estético de la modernización del arte español en los primeros años del siglo XX». Aunque siempre gozó de reconocimiento, habla de cierto olvido (no de declive) de su figura y cree que era de justicia una revisión profunda de su trabajo. Para llevarla a cabo han colaborado estrechamente con los comisarios desde la nieta del artista, Laura Vázquez Díaz, o Rafael Botí (amigo del pintor y uno de sus mayores coleccionistas) hasta Ana
Berruguete, que prepara su catálogo razonado. El artista dejó más de tres mil obras como legado.
El artista se forma en Sevilla, influenciado por la pintura de El Greco,
Zurbarán, Zuloaga y Sorolla. En 1906 se instala en París, «donde fue aprendiz de la modernidad y difusor de la pintura española». Sigue los pasos de Cézanne y los
postimpresionistas. En 1918 regresa a España con una pintura simbolista. En Fuenterrabia cultiva el paisaje vasco como género. Desembarca en Madrid. Los críticos le tachan de afrancesado, pero Juan Ramón Jiménez le erige en estandarte de la modernidad y le anima a la vuelta al orden tras sus escarceos con las vanguardias. Entonces practica «un cubismo atemperado, frío», según Isabel García, la otra
comisaria.
205 obras se exhiben en la tercera planta del Reina Sofía, que ha coproducido la muestra junto al Museo de Bellas Artes de Bilbao.
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