Victorine Meurent vestida de torero,
que se muestra ahora en el Museo del Prado y que procede del Metropolitan
Museum de Nueva York, la primera en donde aparece la modelo Victorine
Meurent, a quien había conocido Manet en el estudio de Couture y quien se
convertirá en su modelo favorita, apareciendo en el emblemático Desayuno
sobre la hierba. Precisamente junto a Desayuno... fue presentada esta escena
en el Salón de París de 1863, acabando ambas en el Salón de los
Rechazados al no ser admitidas por el jurado. Observamos la existencia de un
homenaje a la Tauromaquia de Goya en la escena del fondo.
La figura de Victorine se recorta sobre un fondo similar a
un telón, ya que Manet emplea diferentes
perspectivas para ambas escenas: frontal para Victorine y de arriba hacia
abajo para la escena taurina. Incluso recurre a distintas pinceladas ya que
el fondo es más suelto mientras que existe mayor número de detalles en
primer plano. La iluminación utilizada recuerda a la estampa japonesa al
proceder de la zona trasera, poniendo de manifiesto una de las influencias más
comunes en el Impresionismo. Respecto a los colores, continúa con sus
contrastes entre tonos claros y los oscuros, animando más la composición
al recurrir a los rojos de la capa y del fondo. El gesto de la mujer, que
mira al espectador y levanta las manos para llamar a un supuesto toro,
demuestra la capacidad del maestro para realizar retratos, una de las
especialidades en las que triunfará.
OBRA TAURINA
Corrida de toros
Museo: Colección Particular
Caracteristicas: Oleo sobre lienzo 90 x 110 cm.
Desde sus primeras visitas al Louvre,
alentadas por su maestro Couture, Manet sintió una gran atracción por la
pintura española. El Barroco español, con la figura de Velázquez a la
cabeza, y Goya hicieron mella en el sentimiento del joven artista. Además,
en Francia estaba de moda lo español desde el Romanticismo, moda que se vio
acentuada con el matrimonio de Napoleón III con la española Eugenia de
Montijo. Tras los primeros varapalos en el Salón - Desayuno en la hierba y
Olimpia - decidió Manet conocer España, viajando durante el verano de 1865
por la meseta castellana y visitando el Museo del Prado. Una de sus
atracciones preferidas serán los toros, realizando numerosas escenas a su
regreso a París en las que la tauromaquia será la protagonista. Una de
ellas es esta preciosa Corrida de toros, en la que el artista refleja los
recuerdos de los espectáculos presenciados en España, junto a las escenas
de toros pintadas y grabadas por Goya. La rapidez de la factura resulta
sorprendente; mientras que en los primeros planos existe mayor nitidez en
las figuras, los espectadores del fondo están tratados como manchas de
color. De esta manera muestra una magnífica estampa en la que la violencia
de la fiesta y la luz española son captadas a la perfección.

Torero saludando, 1866-67
Museo: Metropolitan Museum
Caracteristicas: Oleo sobre lienzo 171 x 113 cm.
Aunque
de manera paulatina Manet sustituye la temática hispana por asuntos más
relacionados con el París del Segundo Imperio, en alguna ocasión - como en
este caso - recurre a su temática inicial, quizá por el éxito obtenido con Guitarrista
español. La figura del torero saludando se sitúa sobre un fondo neutro,
que elimina cualquier referencia espacial - como ya había hecho en el Pífano
-. Las armonías entre las tonalidades grises y negras son habituales en este
tipo de figuras, al igual que la pincelada rápida, que aparenta detallar el
traje de luces, pero cuando el espectador se acerca contempla la soltura del
trazo. Para animar la composición utiliza tonalidades más claras, como el
rosa o el rojo, que contrastan con el marrón, gris o negro. Quizá este
torero sea un recuerdo del viaje que realizó el pintor por tierras españolas
en el mes de agosto de 1866, visitando Burgos, Toledo, Valladolid y Madrid,
donde recorrió el Museo del Prado y contactó con uno de los mejores
continuadores de Goya, Eugenio Lucas.

Torero
muerto, 1864-65
Museo: National Gallery de Washington
Caracteristicas: Oleo sobre lienzo 75´9 x 153´3 cm.
Manet envió al Salón de 1864
dos obras, Cristo muerto con dos ángeles y La Corrida. Las
durísimas críticas que recibió ésta última, especialmente respecto a la
perspectiva empleada, llevaron al autor a dividir el lienzo en varios
fragmentos, conservándose sólo dos en la actualidad. El Torero muerto
es el más significativo, mientras que La Corrida de la Frick
Collection de Nueva York muestra la escena del fondo, ejecutada con mayor
soltura. La figura del torero en escorzo fue acusada de parecer de madera, a
pesar del interés que muestra Manet por conseguir la sensación de
realismo. Quizá se inspiró en un Soldado muerto, atribuido erróneamente
a Velázquez, que pudo contemplar en las reproducciones fotográficas de la
época. De nuevo el personaje se recorta sobre un fondo neutro - la arena
del coso taurino - y es iluminado por un potente foco de luz que apenas crea
sombra, influencia de la estampa japonesa y muy habitual en el
Impresionismo. También recurre a los ya tradicionales contrastes entre
blancos y negros - que también veíamos en Desayuno en la hierba o
la Olimpia - obteniendo un juego de tonalidades que llama la atención
del espectador. No debemos olvidar una referencia al exquisito dibujismo que
nos muestra Manet, sobre todo en los contornos y el volumen de la figura.
Destaca la calidad de las telas, la seda de las medias y de la capa.
Orgulloso de su figura, el maestro la presentó en su exposición individual
de 1867 con el título de Hombre muerto.
Museo del
Prado
Manet en el Prado. Madrid.
Hasta
el 8 de febrero 2004
Índice de
Exposiciones