Barnaby Conrad

Conrad, en plena labor pictórica ante un retrato de Manolete. ARCHIVO ABC

Diario ABC, 25/02/2007. Por ALFREDO VALENZUELA. «Cuando el doctor me vio la cornada gritó: «¡Exactamente como la de Manolete!»»

Barnaby Conrad, diplomático, escritor, pintor, boxeador y torero. Vivió en Sevilla en los 40 y es autor de «Matador», novela inspirada en Manolete, de la que vendió más de tres millones de ejemplares y que la Fundación Lara va a reeditar a la vez que publica una biografía suya.

-¿Qué ha estado haciendo estos últimos días en el Pacífico Sur?
-De paseo, de vacaciones. Fuimos a veinte islas en veintiséis días, desde Fiji y Samoa a Tahití y Las Marquesas. Pienso escribir un reportaje para una revista sobre la isla de Hiva Oa, donde Gauguin vivió, pintó y murió. Hace muchos años viví en Tahití y escribí un libro sobre esa isla.

-¿Echa mucho de menos España?
-Sí, mucho. He visitado mi país predilecto muchas veces desde mi larga estancia allí, pero no he vuelto desde hace cinco años.

-Usted vive en California. ¿Es verdad que California se parece a Andalucía?
-Sí, donde vivimos, con la playa enfrente y las montañas detrás, se parece mucho al sur de España.

-¿Sabe que la ministra de Medio Ambiente ha pensado en suprimir la muerte del toro en las corridas?
-¡Qué horror! Será como en Portugal, donde no los matan en el ruedo sino después en los corrales a martillazos, de una manera más fea que en la propia arena.

-¿Su afición a los toros se debe a la lectura de Ernest Hemingway?
-Sí, leí su «Muerte en la tarde» y aquel fue un libro que «me cogió por la faja».

-En el pueblo sevillano de Castillo de las Guardas, en 1945, toreó con Juan Belmonte, quien le bautizó como «El Niño de California». ¿Qué recuerdo tiene de él?
-¡Con el mismo Belmonte! Belmonte fue uno de los hombres más interesantes que he conocido en toda mi vida, brillante y con un sentido del humor fenomenal. Cuando le brindé aquel toro, que resultó muy difícil, diciéndole «Voy a matar a este bicho por usted, don Juan», él me contestó: «¿Cu-cu-cu-cuándo?». Porque don Juan Belmonte tartamudeaba siempre...

-¿Le dio Belmonte algún consejo para torear?
-Muchísimos. Todos los días durante las tientas me los daba. Recuerdo que una vez le pregunté: «Don Juan, ¿cómo se hace una larga cambiada?», y él me contestó: «Pues nunca se me ha ocurrido hacer una larga cambiada».

-«Cagancho» le introdujo en el mundo taurino español ¿Qué recuerdo tiene de este matador?
-Era muy guapo, un Tenorio con muchas gachís, y un torero enorme cuando quería.

-Cuando usted tenía 19 años, en Ciudad de México se tiró de espontáneo al ruedo ante 15.000 personas. ¿Fue aquella la experiencia más fuerte que ha tenido en su vida?
-Sí... Bueno, pero en Castillo de las Guardas fue más fuerte todavía, porque entonces ya entendía mucho más lo que era la fiesta brava.

-Aquella tarde en Ciudad de México toreaba Félix Guzmán, novillero que era sobrino del filósofo Schopenhauer y que le ayudó a usted mucho...
-Sí, la madre de Félix se llamaba Schopenhauner. Él murió dos años después de una cornada.

-¿Cómo fue su encuentro en Lima con Manolete, el torero que inspiraría su novela «Matador»?
-Vino con Lupe a una fiesta en mi casa... Los peruanos se volvieron locos con él.

-De su cogida en El Escorial le operó el doctor Jiménez Guinea, el mismo médico que atendió a Manolete en Linares aquel día fatal. ¿Temió usted por su vida en aquella ocasión?
-Sí, porque al ver la cornada, el doctor gritó: «¡Exactamente como la de Manolete!».

-De su novela «Matador» vendió más de tres millones de ejemplares en Estados Unidos ¿Fue ese el mayor éxito de su vida?
-¡Desde luego!

-En su universidad, Yale, fue campeón de boxeo. ¿Sigue practicando?
-¡Con mis ochenta y cuatro años ya no boxeo ni con mi nieta de ocho años!

-¿Cómo fue el verano que trabajó como secretario del Premio Nobel de Literatura Sinclair Lewis?
-Era un hombre complicado pero genial, y aprendí mucho de él.

-Conoció a Truman Capote, Marilyn Monroe y Jack Kerouac. ¿Quién le pareció más interesante?
-Capote era un enano muy raro, pero también lo considero el mejor contador de cuentos, historias y chistes que he conocido.

-Usted ha debido de ser de los pocos toreros que han sido también diplomáticos. ¿Cree que esos mundos tienen algo en común?
-Sí, los toreros tienen que burlar al toro y los diplomáticos al público... Ja, ja, ja...

 


Barnaby y Mary Conrad fundaron la Conferencia de Escritores de Santa Bárbara en 1972, un poco después del movimiento a Santa Bárbara de San Francisco, donde Barnaby tuvo el célebre restaurante "Matador", llamado así tras su novela de gran éxito de ventas, "Matador". Autor de más de 30 libros, el último libro de Barnaby es el titulado "El Último Barco a Cádiz". 


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