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Martes, 6 de
marzo´2001. FRANCISCO MATEOS
La Real
Maestranza de Caballería de Sevilla le ha rendido recientemente un
homenaje a Diodoro
Canorea. La Junta de Gobierno de la Real Maestranza de Caballería
aprobó la colocación de un azulejo en su memoria, junto al que posee el
rejoneador Javier
Buendía, en el pasillo que accede al coso por la puerta más cercana
a la enfermería, entre los tendidos 6 y 8. El teniente hermano mayor de la Real
Maestranza, conde de Luna, en presencia del hijo de Diodoro Canorea y actual
gerente de la empresa, Eduardo Canorea, fue el encargado de descubrir el azulejo
y describir “con emoción a una persona que está tan profundamente ligada a
la historia reciente de esta plaza de toros de la Real Maestranza”. En el
azulejo que ha quedado colocado en la plaza se puede leer el siguiente texto:
“La Junta de Gobierno de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, en
reunión celebrada el 4 de abril de 2000, acordó dedicar este azulejo en
memoria de Don Diodoro Canorea Arquero, por la gestión de esta plaza de toros,
durante 40 años ininterrumpidos”.
Diodoro
Canorea falleció en su domicilio el viernes 29 de enero de 2000, víctima de un
paro cardíaco. Fue su hija Mercedes la que, a las cinco de la madrugada,
alertada por la luz del salón de la casa, descubrió a su padre gravemente
enfermo, sentado en un sillón y con la televisión encendida. Canorea, que fue
asistido de urgencia por Ramón Vila, que vive muy próximo a su domicilio, fue
trasladado de inmediato al hospital Sagrado Corazón de Sevilla. Al día
siguiente, sábado, tuvo lugar el funeral de córpore in sepulto en la
parroquia sevillana de Los Remedios. Allí recibió y despidió el duelo, al que
asistieron muy diversas personalidades del mundo taurino. Posteriormente se
procedió a la incineración de sus restos en el cementerio de San Fernando. En
el funeral estuvieron presentes Curro Romero, Litri, Paco Camino, Espartaco,
Rivera Ordóñez, Enrique Ponce, Paco Ojeda, El Tato, José Luis Moreno, José
María Manzanares, Tomás Campuzano, Joselito, Victorino Martín, Manuel Prado y
Colón de Carvajal, Juan Pedro Domecq, Gabriel Rojas, José Luis Lozano, Simón
Casas...
Sorpresa por su muerte
La sorpresa de su muerte fue generalizada. Canorea
realizaba vida normal, aunque su salud se había deteriorado en los últimos
tiempos. A principios del mes de diciembre estuvo hospitalizado durante una
semana a causa de una neumonía, y había sufrido dos infartos, el segundo en
octubre de 1998. Asimismo, el empresario padecía un grave problema de azúcar
que le había afectado a la visión, y en el 99 fue intervenido quirúrgicamente
de una dolencia en la lengua, teniendo que extirparle parte de ella, lo que
produjo cierta dificultad para hablar. A pesar de estos achaques de salud,
estaba trabajando de lleno en los carteles de la Feria de Abril. El mismo día
de su fallecimiento había hablado con varios apoderados pro teléfono para
seguir apuntalando los carteles de la Feria de Abril. De ahí que su hijo,
continuador de la empresa, indicara en la presentación de los carteles de la
Feria de Abril del año pasado que “estos son los carteles de Diodoro Canorea”.
Diodoro
Canorea Arquero tenía 77 años. Nació en Cabezamesada (Toledo) el 22 de
noviembre de 1922. Comenzó su vida laboral en el Banco Central en Madrid, donde
conoció y contrajo matrimonio con Carmen Pagés Prieto, hija de Eduardo Pagés,
empresario de Sevilla desde el año 1934. A partir de 1959 se hace cargo de la
gerencia de la plaza sevillana, cuando la Feria de Abril sólo constaba de cinco
festejos. La plaza sevillana es propiedad de la Real Maestranza de Sevilla, que
firmó con su suegro, Eduardo Pagés, un contrato de arrendamiento hasta la
tercera generación. Desde la muerte de Eduardo Pagés, la empresaria es su hija
Carmen Pagés, aunque los asuntos gerenciales los llevó siempre su esposo,
Diodoro Canorea. En la temporada 1999 gestionó las plazas taurinas de Sevilla,
Toledo, Pozoblanco, Andújar, y negociaba la temporada en El Puerto de Santa María
para el 2000. Ha sido el empresario taurino de mayor calado de todos los
tiempos, y el más antiguo, y durante sus largos años de trabajo ha llevado
plazas como la de Madrid, Zaragoza, Córdoba, Úbeda, Jaén, y otras en Francia,
Portugal y Venezuela. Es su hijo varón, Eduardo Canorea Pagés, quien lleva las
riendas de la tradicional empresa, en compañía de su cuñado, Ramón Valencia,
casado con Carmen Canorea Pagés. Su hijo, abogado, que siempre se había
ocupado de ver los toros en el campo con su equipo y de resolver los
reconocimientos veterinarios, ya había comenzado a implicarse más con el padre
en los últimos años. El empresario de Sevilla llevaba más de cuarenta años
al mando de la plaza de la Real Maestranza de Sevilla, donde hizo sus primeros
pinitos en la feria de 1959, precisamente la primera que toreó Curro Romero.
Con la pérdida de Diodoro Canorea se fue una forma de hacer contratos, un espíritu
del toreo de otra época en el ámbito empresarial. De él se pueden contra
muchas anécdotas. Según contaba, fue el primer empresario en pagarle un millón
de pesetas a un torero; fue a Manuel
Benítez ‘El Cordobés’. Se negó a que en los despachos de las
oficinas de las empresas entraran las nuevas tecnologías y nunca hubo en vida
de él un ordenador para llevar el inventario o despachar las localidades, algo
que ahora, tras su muerte, sí está instaurado. Y, sobre todo, queda esa frase
que solía decir cada vez que se le preguntaba por las ausencia de algún torero
el día que presentaba los carteles de la Feria de Abril: “Es un torero joven
y la plaza seguirá estando ahí; si no ha venido este año, ya habrá tiempo
para que venga”.
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información de Canorea
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