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LAS ENTREVISTAS DE PORTALTAURINO

Entrevista a Pepín Liria

“Mi corazón todavía sigue aguantando"

Sábado, 24 de marzo´2001. Francisco Mateos. Foto de Javier Martínez
Cada año sigue la misma táctica. Una vez terminada la temporada taurina se relaja y disfruta de su familia. Aprovecha los meses de noviembre y diciembre para “asistir a las conferencias y coloquios que me solicitan y a recoger premios”. Procura agrupar en esos meses todas las salidas para que, pasada la festividad de Reyes, encerrarse en el campo y no salir “ni para ver a mi mujer y mi hija, que están en Murcia”. Pepín Liria sigue una disciplina casi militar para preparar una nueva temporada; para él, una nueva batalla de la que hay que salir victorioso.

PortalTaurino: En otras entrevistas me ha comentado que seguirá en activo mientras su corazón aguantara, porque seguir al ritmo que le exige el público durante varios años es muy difícil. ¿Cómo se encuentra su corazón después de siete años de alternativa?

Pepin Liria: Siempre lo pongo a prueba en Zaragoza, porque es un buen momento para medirlo bien. Si hasta octubre he sido capaz de mantener un nivel aceptable y soy capaz de superar un último esfuerzo en la temporada, entonces es que la cosa marcha, y este año me he dado cuenta de que el corazón todavía aguanta. Lo que yo sí quisiera es que la cabeza me siguiera funcionando tan bien como hasta ahora para darme cuenta de, llegado el momento, verlo tan claro que sea capaz de decirme a mí mismo: “esto se ha acabado, me voy”. No hay nada más triste que arrastrarse por las plazas, que no se le respete a uno como torero, como le ha pasado a algunas figuras por no retirarse a tiempo y no ser capaz de darle a la gente lo que quiere, lo que espera de cada tarde. En ese aspecto, yo soy consciente de que corro mucho peligro, porque he malacostumbrado al público.

PT: ¿A qué se refiere?

PL: Desde que triunfé con la escalofriante corrida de Dolores Aguirre en Madrid me puse un sello de pisar el acelerador a fondo en cada paseíllo, y ése es el Pepín Liria que emociona a la gente; yo soy consciente de mi propia realidad. Además, la gente no me admite que pueda ser de otra forma, porque si no fuera así todas las tardes comenzarían a decir que ya no soy el mismo.

PT: Y cuando decida que ya se acabó su carrera de torero en activo, ¿seguirá ligado de algún modo a la Fiesta?

PL: No, bajo ningún concepto. Esto del toro es muy duro, mucho más de lo que se imagina la gente. Yo lo he vivido desde dentro y por eso estoy seguro de que no estaré en este mundo una vez que decida retirarme. No me veo de ganadero; ni de apoderado, porque cómo voy a decirle yo a un torero que hay que ponerse delante con mucha verdad cuando sé que el toro es complicado y lo mal que se pasa ante un toro incierto; ni de empresario, porque no sería capaz de quitarle ni un duro al torero de lo pactado cuando, después de la corrida, haya que liquidar las cuentas. Vamos, que no, que no me veo en ninguna faceta. Estoy invirtiendo en algunos temas de construcción que, de momento, están saliendo bastante bien.

“He malacostumbrado al público; estoy unido al triunfo cada tarde, y eso es difícil con los toros que mato”

PT: La temporada pasada fue muy complicada. Es muy difícil mantener la sorprendente regularidad que hasta ahora había mantenido con los hierros que habitualmente mata...

PL: Eso es así; no se le puede dar más vueltas. Yo mismo estaba sorprendido de la regularidad que había mantenido todos estos años. Esta temporada pasada he fallado con la espada ciertos toros de triunfo con los que no podía permitirme fallar, porque soy un torero unido a las orejas y al triunfo continuado cada tarde, y cuando no se cortan las orejas parece como si no hubiera hecho nada. En el 99, de 71 corridas, en casi 50 salí a hombros, y el año pasado maté 45 corridas y no hubo tantos triunfos sonoros. Quien analice los números, como siempre ha ocurrido en mi caso, parece que me haya venido abajo; eso es así, y por eso decía antes que he malacostumbrado al público. Sin embargo, analizando serenamente la temporada me he dado cuenta de que he cuajado faenas muy importantes. Hay toreros que, cuajando cuatro o cinco corridas en la temporada, viven, porque esa es su circunstancia, pero mi realidad es muy distinta. Si yo hago una buena faena pero no mato al toro, no me cantan la faena.

PT: ¿Esa reflexión significa que quizá envidie esa especie de ‘carta verde’ que parecen ostentar algunos toreros?

PL: En absoluto. Sé quién soy y lo que me ha costado llegar hasta aquí, y aunque disfrute mucho con otros toreros y sepa que nunca llegaré a cuajar las faenas que estos genios realizan, no me cambio por ellos. No quiero cambiar. Mi mentalidad de querer triunfar como sea todas las tardes me ha dado la posibilidad de llegar a ser quien soy, y como me ha ido bien no quiero cambiarla. Pero si se analiza, esa mentalidad es muy dura, porque hay que mantener esa regularidad de triunfos con corridas de Victorino Martín, Cebada Gago, Celestino Cuadri, Dolores Aguirre,...

PT: ¿Y cómo se digiere que en el 99 se corten tres orejas en una Feria como Castellón, o cuatro ese mismo año en Alicante, y al año siguiente no le contraten, y así cinco o seis ferias más?

PL: A mí no me sorprenden nada esas maniobras, porque conozco perfectamente mi profesión y sé cómo es, lo dura que es. Me conozco cada uno de los personajes, y por eso no me sorprende nada. Sí lo paso mal por la gente que se preocupa por mí por estas cosas, que me paran por la calle y me dicen que es una injusticia lo que me están haciendo, y yo les digo que no se preocupen, porque yo no lo estoy, ya que esto es así, así de duro. Y por esta misma razón disfruto mucho más que nadie con lo poco que consigo, porque sé lo que me está costando, y que nadie crea que soy victimista.

“Es más fácil dar orejas a ciertos toreros; premiar a Liria quizá acarrea que le señalen como mal aficionado”

PT: Lo cierto es que nadie le ha regalado nada: ni la prensa, ni los presidentes,...

PL: Lo de la prensa he optado por no leer ninguna, o bien sólo aquellos que sé que son íntegros y no tienen prejuicios. Lo de los presidentes es ya una costumbre; creo que soy de los toreros que más segundas vueltas al ruedo he dado obligado por la gente ante la negación de orejas. Este año pasado, cuando me volvió a pasar en Sevilla, de lo único que me quejaba es que siempre le pasara al mismo, porque injusticias de estas siempre han existido y existirán; pero, ¿que siempre me pase a mí? Es más fácil dar orejas a unos toreros que a otros, ‘viste’ más; darle una oreja a Pepín Liria quizá signifique que le cataloguen de mal aficionado. Pero el cariño y el respeto del público, su calor y sus ovaciones, esas no me las puede quitar nadie, absolutamente nadie.

“A mí me costó dinero torear”

  Pepín Liria encarna perfectamente la figura del torero de siempre, el curtido a sí mismo, el que se ha ganado a pulso lo que ha conseguido, al que no le han regalado nada, el torero libre y claro en sus aseveraciones y consciente de su propia realidad. Con el paso del tiempo, Liria recuerda los difíciles años de inicio en la profesión. “Hay muchos toreros que no quieren admitirlo, pero a mí no me importa decirlo. A mí me costó dinero torear en mis inicios, y he toreado gratis muchas tardes, y no me da vergüenza decirlo. Sé perfectamente quiénes son los que se han quedado con el dinero de aquellos primeros pasos de mi carrera. Pero ahora mismo mi situación no es ésa y no voy a permitir que pisoteen mi dignidad”. Pepín Liria no sólo defiende sus intereses, sino también los de su propia cuadrilla, tres banderilleros y dos picadores que, curiosamente, llevan con él muchos años si variar un solo miembro. “Cada vez que me visto de luces, además de yo mismo, mi gente tiene que cobrar lo suyo. No soy capaz de decirle a un hombre que se juegue la vida para después no pagarle, y eso existe. Esas maniobras no entran dentro de mi concepto de la profesión, porque yo sé lo que se pasa delante de un toro y el valor que tiene. Podría haber toreado algún año diez o quince corridas más a cambio de rebajar mis honorarios y no pagarle a mi cuadrilla lo suyo, pero es que no estamos de un hombre que está sentado en una mesa al que le vas a quitar veinte mil duros, sino de profesionales que se están jugando la vida”. Sin embrago, Liria reconoce haber estado ‘atrapado’ en grandes casas que explotan también plazas de toros y que no permitían la misma ‘independencia’ que desde hace tres años disfruta con Rafael Moreno, su apoderado. “Hay varias plazas en las que no han vuelto a contratarme desde que rompí con la casa Balañá, y mis corridas allí eran siempre con corte de orejas; lo mismo me ha ocurrido con La Coruña –cortó cuatro orejas en su última tarde- desde que rompí con Luis Álvarez. Pero lo importante es que, a pesar de no torear en muchas plazas que me las había ganado con mis triunfos, sigo estando aquí, y eso será por algo”.

El umbral de la dignidad

Desde que se hiciera cargo de su carrera Rafael Moreno –apoderado también de Espartaco- hace tres temporadas, Pepín Liria optó por unos planteamientos muy claros para vestirse de luces. Rafael Moreno es uno de los apoderados considerados como ‘independientes’, es decir, que no está vinculado a ninguna empresa que dirija varias plazas y apodere a un grupo de toreros. “Hablé muy claro con Rafa –como le llama- y le dije que había que respetar unos mínimos en todos los aspectos: dinero, plazas,... Y por eso no me importa torear menor número de corridas al año, pero en las que haya un mínimo de dignidad. Rafael sabe cuáles son mis números de corridas de toros para andar desahogado en la plaza, porque tampoco puedo sumar cien corridas en un año con los toros que mato; me quedaría sin aliento”. El año pasado las cosas no rodaron en la segunda tarde de San Isidro, con la de Cuadri, y la temporada se ponía cuesta arriba. “Mi apoderado me dijo que quizá se podía levantar un poco la mano en el tema del dinero y sumar más corridas, y le dije que no, que aunque toreara menos, la dignidad de un torero debía estar por encima de esas circunstancias. Y que nadie piense que yo estoy loco, que quiero ‘robarle’ la cartera a los empresario. Pido lo que razonablemente sé que me corresponde. Es muy fácil decir que fulanito no viene porque ha pedido mucho dinero. No, eso no es cierto, porque Rafael y yo sabemos hasta dónde podemos llegar”.

 

 

 
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