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LAS ENTREVISTAS DE PORTALTAURINO

Entrevista a Juan José Padilla

"Había que demostrar que la portagayola no tiene truco"

Lunes, 2 de abril´2001. Francisco Mateos. 
Acaba de nacer. Diga lo que diga el carné de identidad del jerezano Juan José Padilla, cada 31 de marzo deberá cumplir años y celebrar que está entre los vivos, porque la muerte llamó a su puerta en una de las cornadas más espeluznantes de los últimos años. Fue el pasado sábado en San Sebastián, cuando un toro de Victorino Martín lo prendía angustiosamente por el pecho al recibirlo de rodillas a portagayola. Aunque se temió lo peor, la suerte volvió a estar al lado del torero y podrá contarlo.

PortalTaurino:

Juán José Padilla: Completamente. Algunos no creen en los milagros, y que yo esté hablando en estos momentos con usted es una prueba de que realmente sí existen. Es un milagro que la cornada no haya sido mortal, es así de claro y yo ya lo tengo asimilado.

PT: Aún no ha tenido oportunidad de ver las imágenes por televisión, pero ¿recuerda cómo ocurrió todo?

JJP:  Sí. El toro salió con una fuerte velocidad de la manga de los chiqueros, y eso es muy bueno para hacer la portagayola. Sin embargo, conforme se iba acercando a la posición que ocupaba y no obedecía a los cites que le hacía con la mano derecha, con la que cogía una punta del capote, ya supe que era muy probable que se viniera de frente, al pecho, pero...

PT: pero no se tiró al suelo y aguantó postrado de rodillas. ¿Por qué?

JJP:  Porque soy torero, y estas cosas sólo les puede pasar a los toreros. Es más, sólo los toreros somos capaces de saber entender el porqué de estas decisiones que rayan el suicidio. Estaba en una plaza de gran importancia, y por eso quise aguantar hasta el final, aún sabiendo que lo más probable es que me cogiera de mala forma. Desde que decidí ser torero tengo claras muchas cosas y sé qué es lo que me juego cada tarde: mi propia vida.

PT: ¿Notó qué estaba haciendo el toro mientras le arrastraba de forma angustiosa por la zona del pecho y el cuello?

JJP:  El golpe fue tremendo; tan fuerte que en esos momentos no sabes dónde tienes la cornada. El toro metió el pitón en la carne y en uno de los movimientos tuve la suerte de poder hacer que lo volviera a sacar y sólo quedara enganchado de la chaquetilla. Los arreones eran tremendos, porque un toro tiene una fortaleza y una fiereza de salida descomunal. Me zarandeaba todo el cuerpo y notaba cómo mis medallas se partían e iban cayendo a la arena. Cuando por fin me soltó me eché rapidamente la mano a la zona alta del pecho, cerca de la axila, porque sabía que por ahí estaba la herida. Incluso quise seguir, o al menos esa era mi intención, pero las fuerzas me fallaban; la paliza había sido fortísima, era como si me hubiera aplastado una apisonadora. Cuando llegaron mis hombres me asusté más, porque tenían la cara descompuesta, sobre todo mi hermano, que estaba con la cara blanca, totalmente pálido. Él fue el primero que me empujó para la enfermería.

PT: Y ese camino se haría eterno...

JJP:  Mientras me llevaban por el callejón yo me eché mano a la zona de la herida y pude meter mis dedos en el boquete, que era grande. Todos iban muy asustados porque la sangre salía de la zona alta del pecho, y ya se sabe que ahí es sinónimo de cornada mortal. Después, en la enfermería, a pesar de la gravedad, los médicos nos tranquilizaron a todos, porque, aunque se había dejado al descubierto muchas arterias y órganos importantes, Dios había vuelto a poner su mano sobre un torero.

PT: ¿Cómo ha pasado estas primeras noches desde la operación del sábado?

JJP:  Muy dolorido, muy mal. La herida me dolía muchísimo y he estado fuertemente sedado. Además, el cuello está muy inflamado y apenas puedo hablar y respirar con normalidad.

PT: El año pasado, un Miura le cogió en la portagayola en Sevilla; el sábado, uno de Victorino le coge en otra portagayola en San sebastián. ¿No es jugar demasiadas veces a pasar la raya de la suerte?

JJP:  Lo cierto es que son dos ganaderías que tienen su leyenda, y de dos toros de estas ganaderías me he salvado de puro milagro. Pero soy consciente de cuáles son mis armas para poder ganarme el lugar que creo que merezco en el escalafón. La portagayola es una suerte que tiene su parte de suerte, como cualquier otra del toreo, pero también tiene su técnica. Algunos aficionados y periodistas habían comenzado una campaña para desprestigiar esta suerte, diciendo que era el año mundial de las portagayolas, y había que demostrar que esta suerte no tenía truco ninguno, que es muy dura. Si le soy sincero, me alegro de que un toro me haya cogido, lo estaba deseando para acallar algunas voces.

PT: Y su mujer, ¿cómo ha reaccionado?

JJP: Pues al igual que mi familia, muy mal. Ella lo pasa fatal con lo de las cornadas, y yo soy un torero que ya llevo bastante leña de los toros. Pero sabe que está casada con un torero y que no voy a cambiar, que mi pasión es ésta, que es lo que sueño cada día.

PT: ¿Cambiará en algo su mentalidad tras verle las orejas a la muerte?

JJP:  Absolutamente en nada. Ya estoy deseando volver a entrenar para comenzar otra vez la batalla. El triunfo no se me va a escapar esta temporada. De hecho, estoy deseando ponerme de nuevo a portagayola, para sentirme vivo, aunque a alguno le pueda parecer una contradicción volver a intentar lo que ha estado a punto de costarme la vida.

 
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