“Toreros
hay muchos, pero a figura sólo llegan los elegidos”
Dos
sueños por cumplir
Jueves, 25 de enero´2001
En
el mes de marzo cumplirá sesenta años, aunque ni por su espíritu, ni, sobre
todo, por su extraordinaria fortaleza física, parece que ostenta esa edad. Ha
sabido mantenerse en ese complicado segundo plano al que es tan difícil de
renunciar cuando se es, además de padre, pieza fundamental en la carrera de
una importante figura del toreo. Antonio Ruiz, el primero de los Espartaco,
fundador de una saga que ha dado gloria a la Fiesta en las últimas décadas,
sigue conservando intacta la afición que le inclinó al sueño de querer ser
torero. Esa pasión por la Fiesta le sigue empujando a entrenar todos los días
desde las siete de la mañana hasta las dos de la tarde, ayudar a Juan
Antonio, aconsejar a los muchos novilleros y toreros que le buscan para
mejorar la técnica...
PortalTaurino:
¿Cómo empieza su afición por el mundo de
los toros?
Espartaco
padre: mi familia no tenía antecedentes
taurinos; yo fui el primero en intentar ser torero. Con 14 años me fui a la
finca El Toruño, por mediación de un capataz de la ganadería de Guardiola.
Estuve allí de piensero, echándole de comer a los toros. Trabajé junto a
Joselito Calderón. El ganadero, Juan Guardiola, nos daba mucha cancha en las
fiestas que se celebraban en la placita de tientas sobre todo cuando por allí
estaba su hermano Salvador, el rejoneador. Allí dimos nuestros primeros
capotazos a las vacas. La trágica muerte de Salvador en la plaza de Palma de
Mallorca y algunas travesuras de Joselito Calderón y mía, propias de la
edad, provocaron que aquella etapa terminara. Joselito se marchó para Madrid
y yo me fui para Gómez Cardeña, la finca de Juan Belmonte.
PT:
¿Cómo le fue en esa etapa en la que
estuvo cerca de Juan Belmonte?
MB:
Me quedaba a dormir en un pajar del ganado.
Pronto me vio allí Belmonte y le preguntó a sus vaqueros que quién era, y
ellos le dijeron que se trataba de un chaval que quería ser torero y que se
negaba a irse de la finca. Belmonte me llamó y me estuvo haciendo varias
preguntas. Recuerdo que me llamaba ‘el remendao’, porque el pantalón
estaba lleno de remiendos. Es curioso, porque siempre siguió haciéndolo, ya
que después de cada festejo terminaba con el vestido completamente destrozado
por las continuas volteretas que sufría. Belmonte se portó muy bien conmigo.
Me compró ropa y me adecentó una habitación en la finca; incluso habló con
Paco Doña, de la plaza de Jerez, para que me pusiera en algunos festejos. Yo
estaba encantado de trabajar para él, en el guadarnés, cuidándole las
monturas y los caballos. La parte humana de Belmonte es impresionante. Para mí
ha sido como mi segundo padre, porque lo conocí siendo un niño, con hambre y
sin futuro, y fue él quien me acogió. Pronto hablaría también con sus
sobrinos, Juanito y Pepe Belmonte, para que me ayudaran, y me pusieron en 36
novilladas. Posteriormente, cambié de apoderados y me cogió El Pipo; fue la
época de El Cordobés, con quien toreé mucho. En el año 62 sumé 52
novilladas.
PT:
Y llegó la hora de pasar al escalafón
superior, al de matadores...
MB:
La alternativa la tomé el 19 de marzo de
1966, en la plaza de Huelva. Rejoneó Álvaro Domecq Romero. El padrino fue
Emilio Oliva y el testigo Efrain Girón, con toros de Eloy Jiménez Prieto.
Estuve tres o cuatro años de matador, pero la verdad es que toreaba poco y
las cosas no rodaron. Tuve la suerte de que Diodoro Canorea me llevó la plaza
portuguesa de Cascais y cada temporada toreaba bastante allí, con lo que pude
comprarme mi casita en Espartinas.
“No soy
partidario de que un padre apodere a su propio hijo; la figura del padre debe
quedar siempre a la sombra”
PT:
¿Qué cualidad le faltó para llegar
arriba?
MB:
Ser figura del toreo es casi imposible. Hay
muchos toreros, pero figuras sólo pueden ser unos pocos elegidos, porque se
tienen que reunir una serie de cualidades muy importantes, y por eso todo el
mundo no puede ser figura. A mí, Belmonte me puso en el camino para ser
figura, y si no llegué a serlo es porque algo fallaba. De mí, los que me han
visto, siempre han dicho que tenía mucho valor, pero que me faltaba cabeza.
Hay una anécdota de Belmonte, que, después de verme en una plaza, me dijo
que nada más saliera el toro me pusiera detrás del burladero y me agachara
para que viera que tenía los cojones más grandes que los míos. Con ello
quería decirme que en el toreo no todo se basa en el valor.

PT:
¿Y cómo encaja que, siendo el primero de
los Espartaco que hubo en el toreo, se le conozca como ‘Espartaco padre’?
MB:
Encantado. Es curioso, porque cuando llamo por
teléfono a profesionales taurinos soy yo mismo el que me presento como el
padre de Espartaco, ya que por
Antonio Ruiz a secas no me localizan.
PT:
En la actualidad, los padres de varios
toreros importantes están tomando mayor grado de protagonismo. Bajo su
experiencia de tantos años, ¿cuál debe ser el papel que debe adoptar el
padre de un torero?
MB:
Todo padre quiere para su hijo lo mejor, y por
eso es perdonable todo lo que hagan los padres de toreros que no hayan sido
antes torero, porque no conocen el tema. Yo he estado con Juan Antonio desde
que era becerrista, desde que, a través de Manolo Luque, Pablo Lozano se
interesó por mi hijo. Me fui con él a América, ya que por la edad no le
permitían aún torear en España. Creo que el padre de un torero puede estar
al lado de su hijo en todo lo que necesite, pero sin ser protagonista de nada,
a la sombra, en la preparación, ayudándole. Por eso creo que debe tener su
propio apoderado, al margen de la ayuda que pueda aportar el padre. No
comparto la idea de que un padre apodere a su propio hijo.
PT:
Su hijo se retirará, casi con toda
seguridad, a finales de esta temporada. ¿Comparte esta decisión?
MB:
Si yo fuera él me hubiera retirado incluso
antes, porque lo tiene todo y ha conseguido lo que se ha propuesto. Es un
hombre muy feliz con sus hijas y su mujer, que es encantadora y
extraordinaria, porque todo parece que le ha venido rodado a Juan en esta
vida. Pero él, cuando le he dicho que ya debía retirarse, me contestaba
“bueno, papá, y tú cómo me
dices que me retire si tú mismo toreas en festivales”.
PT:
¿Por qué varios toreros destacados en el
escalafón, como han podido ser los casos de Pepín Liria, El Cordobés o más
recientemente El Califa, le han buscado en los inviernos para que les ayude a
corregir ciertos defectos?
MB:
Yo no he sido figura porque algo me ha
faltado; eso es así de claro. Pero, sin falsa modestia, creo que soy un buen
profesional y, sobre todo, buen aficionado. Veo al torero por fuera y sé qué
le ocurre. Y lo más importante es que soy capaz de transmitirle cuál es el
fallo. Que toreros importantes me pidan ayuda es para mí un orgullo.
PT:
Hace algunos años se decidió a estrenarse
como apoderado. ¿Lo volverá a hacer?
MB:
Apoderé a Juan Manuel Benítez porque tenía
unas cualidades muy buenas, pero después, en el desarrollo de la temporada no
lo vi claro; por eso duró tan sólo unos meses. Pero es algo que me ilusiona
y que estoy seguro que volveré a intentar en el futuro, porque mi vida es el
toro. Pero eso sólo será cuando mi hijo se retire; mientras tanto seguiré
con él, porque está acostumbrado que sea yo quien le haga de toro con el
carretón.
Dos
sueños por cumplir
Los dos
hijos toreros de Antonio Ruiz –tiene otro, Manuel Jesús, que es picador–,
Francisco Jose ‘Espartaco Chico’ y Juan Antonio ‘Espartaco’, tomaron
la alternativa en Huelva, como su padre. El doctorado de Juan Antonio estaba
previsto que se celebrara en la plaza de Jerez, compartiendo cartel con
Antonio Ordóñez y Rafael de Paula, un cartel extraordinario. Pero las
fuertes rachas de viento provocaron que se suspendiera la corrida. Manuel Benítez
‘El Cordobés’ le dijo entonces a Juan Antonio que reaparecería para
concederle la alternativa, lo que se llevó a cabo ya en la plaza de Huelva.
Espartaco padre ha toreado junto a sus dos hijos en una ocasión, en
Espartinas, aunque ellos vestían de luces y él de corto. Le quedan dos sueños
por cumplir en esta vida, que aún no sabe si podrán ser realidad. Uno de
ellos es volver a torear en la Maestranza, aunque sea en un festival, junto a
Juan Antonio. “Y mi segunda ilusión es que la última corrida de Juan
Antonio Ruiz ‘Espartaco’ sea en una corrida de toros que comparta cartel
conmigo y su hermano, los tres Espartaco juntos. Y, ya que los tres hemos
tomado la alternativa en Huelva, esta plaza sería el mejor escenario. Ojalá
pueda ser realidad”.