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LAS ENTREVISTAS DE PORTALTAURINO

De tal palo tal astilla

“Cuando un torero cumple todas sus metas, ¡puerta!”

"Ya sé que no soy el que era"

Viernes, 19 de enero´2001
Ya no es el torero de abundante flequillo que disfrutaba dándole la espalda de rodillas al toro cuando lo tenía completamente dominado tras una poderosa faena. El toreo de
Juan Antonio Ruiz 'Espartaco' es ahora más reposado, más pausado, con mayor capacidad y exquisitez. A sus 38 años, una figura del toreo que marcó la pauta de la segunda mitad de los ochenta y la primera de los noventa enfila la que será su última temporada en activo. 
Por Francisco Mateos
Fotos de Javier Martínez


Después de cuatro años de inactividad, el año 2000 se convertía en la luz al final del oscuro túnel de una gravísima lesión. Pero la temporada no ha sido como cabía pensar, a pesar del triunfo que ha supuesto el enfundarse de nuevo el vestido de luces.

Ha sido un año durísimo. A la primera de cambio, la cornada de Valencia en Fallas, que me destroza. La recuperación me impide estar en Sevilla y Madrid. Después, cuando la cosa se entonaba, llega lo de El Puerto y me destroza la mano, obligándome a cortar la temporada en pleno verano, con tan sólo 16 corridas. Pero esto no es nada, porque mi compensación este año, en cambio, ha sido muy grande, a pesar de estas adversidades, porque he estado mucho tiempo sin poder dar ni una carrera; y, al cabo del tiempo y con mucho sacrificio, haber logrado de nuevo ponerme delante de un toro ha sido mi mayor triunfo, que no se paga con nada.

La temporada de 2001 se presenta, otra vez, como una reaparición. ¿Tiene ya fecha?

Posiblemente será en Olivenza o en Valencia; aún no hay nada cerrado en concreto.

El Domingo de Resurrección en Sevilla es una fecha señera del calendario taurino. ¿Planteará su apoderado la inclusión de su nombre en esta corrida inaugural de campaña en la Maestranza? 

Rafael Moreno tendrá que hablar con Eduardo Canorea, pero no es una fecha que sea imprescindible. Yo sólo quiero torear dos corridas en Feria de Abril; si, además, vengo el Domingo de Resurrección, perfecto, porque es una corrida preciosa para Sevilla. Pero yo ya la he podido paladear varias veces y no es mi guerra en estos momentos, ni mucho menos. En este punto de mi carrera me visto de luces para disfrutar, no para emprender ninguna guerra, que de eso ya tuve mis momentos.

¿Realmente esta temporada de 2001 será la última de Espartaco?

Es una decisión meditada y definitiva. Pero se ha de entender muy claramente: no me voy a retirar nunca. Posiblemente, algún año, toree una corrida de toros, o dos, con un sentido muy especial. Lo que no quiero es que este año, en las plazas donde toree, se forme una parafernalia que no me agradaría, porque no es una retirada. Ya he dicho que irme, me voy, pero sin estridencias, por favor.

“El toreo es muy sacrificado. La primera vez que estuve tres días en la playa
 mi hija ya tenía dos años”

Los toreros, cuando dejan de torear, aunque sean jóvenes, como es su caso, parece como si se murieran en vida, como si les faltara el aire. ¿No le da miedo dejar de vestirse de luces?

Te puedo decir que si yo tuviera que hacer por mí lo que he hecho en el toreo, yo, como ser humano que soy, hubiera retrocedido en varias ocasiones; no hubiera sido capaz de dar ese paso hacia adelante si no es por las circunstacias que se daban. Por eso, cuando un torero decida marcharse debe tener a su alrededor todo lo que le compense, para que cuando no se esté en activo se pueda estar lleno con otras cosas. Si no hubiese sido por la lesión, ya estaría retirado; pero no quería irme de esta forma. Nadie sabe el miedo que se pasa delante de un toro. Muchas veces ni voy a la plaza como aficionado porque paso un mal rato; más aún cuando soy yo el que estoy delante.

¿Y no siente tristeza al marcharse?

Creo que no, porque el torero tiene que tener otras muchas cosas preparadas en ese momento para que le compense ese posible vacío, y darle gracias a Dios todos los días porque todo eso que a uno le rodea en ese momento y que no es taurino lo ha logrado a través del toro. Si un torero necesita al toro de forma imprescindible, está perdido, porque llegará un día en el que sea imposible vestirse de luces; eso es un error. Por eso he dicho muchas veces que el triunfo da la soledad, porque cuando uno está arriba, como a mí me ha pasado tantos años, estás alejado de tu gente, de tu familia y amigos, centrado en lo tuyo. Y si después de todo ese triunfo tan bello, una vez que pasa, no tienes algo detrás que te compensé, ¿para qué sirve? ¿Para que digan los libros que has triunfado? Voy a contar algo mío como ejemplo. Yo conocía el mar, porque, como todos, iba con mis padres y mis hermanos de pequeño a la playa. Pero la primera vez en mi vida que estuve disfrutando de tres días seguidos de playa en un hotel y comprobé lo bonito que era eso ya tenía Alejandra –su hija mayor– dos años. Si a ese tremendo sacrificio, el torero no sabe buscarle el sentido, que es el que a mí me llega ahora, entonces está perdido, derrotado.

Tras esa reflexión, dejando a un lado que toree esporádicamente alguna corrida, una vuelta activa es impensable...

Totalmente. Por mucho que se pueda decir, cuando un torero vuelve es sólo por dos cosas: por situaciones familiares que te empujan a volver a lo tuyo, o por necesidad económica. Aquí nadie se pone delante del mosquito si no tiene una satisfacción a cambio. Y es algo que lo dice alguien que está en el toro en una situación de satisfacción personal, por ponerme otra vez delante del toro porque he estado cojo. Volver a ponerse delante de un toro, con dos leños, con la vida resuelta, habiendo llegado a ser figura del toreo, es una locura. Habiendo cumplido todas esas metas, ¡puerta! Si a pesar de haberlo logrado todo, se vuelve, yo no voy a poner en duda que pueda ser sólo por afición. Pero si todo lo que te rodea te llena, uno ya no vuelve. 

“Si un torero necesita al toro de forma imprescindible,
sin nada más que le llene, está perdido, derrotado”

¿Y no le tienta volver a triunfar como ganadero?

Como ganadero, he cambiado. Humanamente, quizá un torero no cría el toro que quiere el aficionado, sino el que quiere el torero, que sea cómodo y que embista con clase, desechando los de malas intenciones. Por eso vendí Los Guateles y me he quedado sólo con mi hierro, para disfrute personal y escasamente comercial. Me limitaré a lidiar un par de corridas y seis novilladas por año.

¿Hasta qué punto merece la pena ser torero actualmente?

El toreo sólo merece la pena para los que están arriba, para ver la gloria de ser figura del toreo. Es muy sacrificado. Un torero no puede estar moreno –en referencia a días de playa–, ni estar pendiente de si su hija tiene fiebre,... Un torero tiene que estar centrado sólo y exclusivamente en el toro, en lo suyo, y apartar todo lo demás; absolutamente todo.


De tal palo tal astilla

A la sombra de Juan Antonio ha estado siempre su padre, que llegó a tomar la alternativa pero que de matador no terminó de romper. Mucho se ha hablado de la influencia de Antonio Ruiz en los logros de su hijo. Juan Antonio sólo tiene palabras de elogio para su padre, aun reconociendo que ha sido tremendamente duro. “Aunque triunfara, sólo era feliz si notaba que él lo era”. Tanto es el agradecimiento que le tiene profesionalmente, además del cariño propio de un hijo, que no duda en regalarle un toro cada vez que torea un festival. “Siempre le he dicho que cuente conmigo para lo que quiera. Ahora, eso sí, lo que no consentiría es que participara en festivales quitándole el puesto a otro que lo necesite, porque no sería justo. Por eso él lleva su toro, que yo le regalo de mi ganadería: en vez de seis toreros en un festival benéfico, se anuncian siete. A él le ilusiona mucho torear para el público, gratis, y eso le ayuda a mantenerse joven. Por su edad, le quedan cuatro o cinco años de poder hacer estas ‘locuras’, y yo, si tengo la posibilidad de darle esta satisfacción, ya que él no pudo vivirlo en su etapa como matador, le ayudaré encantado”. Espartaco padre ha declarado que le ilusionaría que la última corrida de 2001 de su hijo la torease junto a él y su otro hijo torero, Espartaco Chico, en Huelva, plaza en la que los tres tomaron la alternativa. “Eso es algo que me enorgullece, porque lo dijo con el corazón; pero podría entenderse mal, de una forma demasiada festiva y conmovedora, y nada más lejos de mi pensamiento”, comenta Espartaco.


"Ya sé que no soy el que era"

 “A mí me compensan mucho más los esfuerzos de ahora que los de antes, cuando estaba en el apogeo de mi carrera. Y eso tiene un por qué. La repercusión de los esfuerzos que hago ahora no va a cambiar nada: ni para ganar más dinero, ni para torear más corridas, ni para darme más nombre. Es un reto personal y una forma de encontrarme a mí mismo como torero. Sé que ha llegado el momento de acabar una etapa”. Juan Antonio tiene su propia reflexión sobre cuándo es el momento en el que un torero debe decidir que su trayectoria ha terminado. “Un torero no se puede despedir de los ruedos en el mejor momento de su carrera, eso es un error. Si un torero ha estado toda su vida luchando por alcanzar ese momento de máxima gloria, una vez que lo logra, ¿ahora se va? Porque, además, cuando un torero lo está consiguiendo, no es capaz de disfrutarlo de la misma forma que los aficionados viéndole torear, porque tiene una serie de tensiones y responsabilidades a sus espaldas que no le permite paladear lo que está haciendo. Se entra en una vorágine de muchas corridas, de entrevistas, necesidad de cortar las orejas todos los días, la obligación de que ningún torero se te adelante... Todo eso te impide disfrutar. Cuando pasa un poco esa cima, el torero sí empieza a disfrutar de verdad, y entonces torea donde quiere, lo que quiere y con quien quiere, para sentirse a gusto en una plaza. Es el momento en el que el torero piensa en sí mismo. Y eso dura hasta que vienen –en referencia a las empresas– y le dicen que tiene que tragar por aquí, y el torero tiene que tener el valor suficiente para decir que ya ha tragado todo lo que tenía que tragar, y que si no le dejan torear a gusto, mejor se queda en su casa. Por eso, cuando dicen o escriben de mí que ya no soy el que era, no me hacen daño; ¡claro que no soy el mismo!, eso ya lo sé. Si fuera el mismo estaría en el lugar que están El Juli, José Tomás o Enrique Ponce; antes salía un torero a hombros y me comía al toro que venía después. Esa no es ahora mi situación y, además, ni el propio público entendería que me fuera a portagayola todas las tardes, no tendría sentido. Estoy en otra etapa, porque si fuera el mismo de hace siete años, no me iría, sino que seguiría seis años más. Ahora, ¡cuidado!, sé que todavía soy capaz de estar por encima de ellos en cualquier momento, y por eso sigo toreando”.


 
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