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LAS ENTREVISTAS DE PORTALTAURINO

Entrevista a Raúl Gracia El Tato

El tato. Portaltaurino.

El Grupo de Sanlúcar   Nadar a dos aguas

El traje de luces es más transparente de lo que parece

Viernes, 16 de febrero´2001
Ocho años después de su alternativa en Zaragoza, Raúl Gracia ‘El Tato’ lucha por mantener el cartel que logró disparar a lo más alto del escalafón tras abrir en el 96 la Puerta del Príncipe de Sevilla. La explosión de dos temporadas triunfales han venido seguidas de otras dos irregulares que el diestro maño afincado en Sanlúcar de Barrameda está dispuesto a recuperar en esta misma temporada. Para ello cuenta con la madurez que da la experiencia y el sosiego de estar convencido de sus propias capacidades taurinas. 

PortalTaurino: Vivió su niñez en la plaza de toros y es de familia de tradición taurina. El destino le marcaba como torero...

El Tato: Cuando mi padre se hizo cargo de la plaza como conserje yo tenía cuatro años. Mi padre tomó el relevo de mi abuelo, que había sido banderillero. También mi padre fue banderillero, pero al jubilarse para dedicarse a su nueva tarea en la plaza regaló todos los vestidos, los capotes, quitó sus fotos de torero,... No quería que hubiera nada en casa que influyera en mí para ser torero.

El Tato. Portaltaurino PT: ¿Pero lo hacía por amargura?

ET: No, al revés. Lo que pretendía era ofrecerme lo que fuera, que decidera por mí mismo el camino que yo quisiera. Recuerdo que las primeras veces que toreé no me acompañaba mi padre; sólo se decidió a ayudarme cuando ya debuté con picadores, porque ya parecía que la cosa iba en serio. Pero está claro que el ambiente influye mucho. Sin darnos cuenta, en las comidas, en vez de hablar de fútbol, en mi casa se hablaba de toros, yo jugaba en el ruedo como si fuera mi patio porque vivía en la plaza, la Escuela de Tauromaquia de Zaragoza se crea en el propio coso,...

“Cada vez se torea con mayor técnica y se pierde la magia y la improvisación, la chispa y la personalidad”

PT: Y esa experiencia única de vivir en una plaza de toros, ¿qué importancia tuvo para su formación?

ET: Mucha, porque en aquella época se celebraban en la plaza muchas novilladas con caballos para los alumnos de la nueva escuela. Me posibilitó mi debú en Madrid. Recuerdo que toreé la primera novillada de un año en Zaragoza y la segunda en Madrid, en el mes de marzo.

PT: Cuando ve reportajes suyos de aquella época y los compara con los novilleros de hoy, ¿observa diferencias?

ET: Muchas. Ahora, cuando veo torear a novilleros sin caballos sé que tendrán que ser matadores de toros a la fuerza. Yo veo mis vídeos de mis inicios y los comparo con los chavales de hoy día y veo una marcada evolución. Si yo viera a un chaval ahora hacer lo que yo hago en mis vídeos pensaría que no está preparado. Y es que cada vez se hacen mejor las cosas y a edades más tempranas, en cualquier ámbito de la vida. Cada vez se torea mejor. Hay chavales que torean sin caballos que ya tienen aprendido el oficio, las alternativas se toman muy pronto,... Pero todo esto también tiene una lectura negativa: cada vez se tiende más a la técnica del toreo y se pierde la chispa y la magia, la personalidad, la improvisación. De todos modos, aunque se torea ahora mejor que nunca, las figuras del toreo importantes siguen apareciendo con el mismo promedio temporal de siempre.

PT: En la temporada del 96 llega la explosión de El Tato al lograr abrir la Puerta del Príncipe de Sevilla. Con la madurez que da el paso del tiempo, ¿cómo analiza hoy aquel determinante triunfo y sus consecuencias?

ET: Las consecuencias fueron rápidas y drásticas. Incluso las consecuencias fueron anteriores, porque yo estaba puesto en la corrida del viernes anterior, en la de Victorino Martín, en la que corté una oreja y me sirvió para repetir el sábado de farolillos por la caída de cartel de otros toreros. Después de la salida a hombros en Sevilla, de tener muy pocas cositas hechas pasé a tener firmadas esa misma noche 50 corridas de toros. Además, cambió el tipo de corridas, el dinero, las plazas,... Pero también, por la juventud de uno mismo, se ven las cosas tan fáciles que no se analiza bien el partido que se le pueda sacar a sucesos tan importantes como ése. Luego te arrepientes de algunas cosas que pasan y que te marcan mucho.

PT: ¿De qué se arrepiente?

ET: Algo que no haría jamás siendo novedad y logrando una Puerta del Príncipe sería torear cinco corridas de toros televisadas seguidas; y además, no hubo suerte en ninguna. Otras cuestiones son haberle dado poca importancia al dinero, a los carteles, a las ganaderías,... Cuando estás en racha parece que no te va a superar nadie. Son cuestiones que surgen ahora, cuando tienes experiencia y el paso del tiempo pasa factura; pero si no suceden estas cosas no tendrías nunca la suficiente experiencia. Es decir, que estos errores llegan a ser hasta necesarios.

PT: El triunfo en Sevilla, aunque pasado, lo ha logrado ya, pero el de Madrid se le sigue resistiendo. ¿Tanto influye la rivalidad real de las aficiones de Madrid y Sevilla?

ET: Las dos últimas tardes que toree en el 95 en Madrid corté sendas orejas. El Domingo de Ramos del 96 volví a hacer el paseíllo en Madrid y, aunque no hubo triunfos, la gente se portó fenomenal. Después vino la Puerta del Príncipe de Sevilla, y desde entonces ya no noto el mismo trato. Incluso, en el primer paseíllo madrileño tras el triunfo de Sevilla, algunos, que sé que no son, ni mucho menos, los mejores aficionados de Las Ventas,  me decían ¡que esto no es lo mismo que Sevilla! Pero lo que está claro es que son necesarios los triunfos en Sevilla y Madrid para ser figura del toreo.

“Cuando se triunfa se ve todo tan fácil que parece que nadie te puede superar, y eso provoca cometer errores”

PT: Lo cierto es que, después de las temporadas triunfales del 96 y 97, en el 98 se inicia una etapa distinta en su trayectoria.

ET: Después de alcanzar un punto alto viene una bajada. El ánimo influye mucho. Según mi punto de vista, hay una corrida que es clave: el mano a mano con Pepín Liria en Sevilla con la corrida de Victorino en el 98. Estoy convencido que si esa corrida se celebra el año anterior, ambos habríamos cortado varias orejas. Sin embargo, la gente había puesto el listón demasiado alto. Noté mucha frialdad y eso me hizo daño. Todo esto fue minando mi ánimo, y eso se transmite a los tendidos, porque el traje de luces es más transparente de lo que parece.

PT: De cara a la nueva temporada, ¿qué sería lo más deseable: un zambombazo como aquella Puerta del Príncipe del 96, o triunfos no tan fuertes pero en plazas más estratégicas?

ET: Quizá sea mejor lo segundo en estos momentos, porque es señal de una regularidad, lo que se traduce en mayor seguridad para el torero.


El grupo de Sanlúcar 

Hace ya seis años que El Tato llegó hasta tierras andaluzas. El destino quiso que fuera en Sanlúcar de Barrameda y el propio torero reflexiona sobre aquella decisión. “Diego Robles, que vive allí, estaba buscando un torero que fuera poco conocido para apoderarlo, pero tenía que reunir unas condiciones que le gustara. Le hablaron de mí y me llamaron por teléfono. No me lo pensé. Cogí algo de ropa y al día siguiente ya estaba en Sanlúcar. A Diego le gusté y comenzó su trabajo conmigo, que creo que ha dado buenos resultados para los dos. En aquel momento, con 22 años, era un cambio muy brusco en mi vida, pero con el paso del tiempo pienso que ha sido la decisión más acertada que he tomado como torero. Se echa mucho de menos la tierra de uno, pero en Andalucía es donde un torero tiene las condiciones óptimas para prepararse: el clima, las abundantes ganaderías, la cantidad de compañeros y profesionales taurinos, el ambiente,...”. De la mano de Diego Robles se fue formando un grupo de toreros importantes que entrenaban en Sanlúcar: Litri, El Tato, Carmelo, Antonio Caba, Dávila Miura,... Sin embargo, El Tato y Diego Robles terminaron su relación profesional y Robles se hizo cargo de Dávila Miura, relación que se ha roto recientemente, y ahora lleva al cordobés José Luis Moreno. “Pero todos esos avatares no ha roto el grupo de toreros de Sanlúcar. Todos seguimos unidos, entrenando. Es más, cada vez se unen más toreros, como es ahora el caso de José Luis Moreno”.


Nadar a dos aguas

La trayectoria de El Tato no ha sido nada fácil. Sus triunfos con corridas de Victorino le lanzó a lo más alto pero le colocó el sambenito de torero de corridas duras. “Yo he ido cinco tardes a Bilbao con la corrida de Cebada Gago. Un año cortas una oreja, al otro estás bien, vuelves a cortar una oreja, pero en cuanto el presidente no te conceda la oreja dos años seguidos, al otro no vas. Creo que eso es injusto. La gente, quizá, se olvida pronto de las cosas que se hacen. Yo quise basarme en torear dentro de unas formas clásicas y lo más puro posible, aunque fueran corridas de las llamadas duras. La misma faena al toro Veraniego de Victorino Martín en Sevilla no fue un intentar comerse vivo al toro, ni mucho menos, sino de, aunque sea un tipo de toro muy peculiar, intentar torear lo más relajado y despacio posible. Pero con esas corridas de toros, en muchas ocasiones, no es posible, y los toreros que matamos este tipo de toros tenemos que desviarnos a recursos y a realizar cosas que, al final, te pasan factura. Y lo peor de todo es que, como no seas capaz de cambiar ese chip, te pones delante de otro tipo de toro y, aunque tenga otras condiciones distintas, sigues haciendo las mismas cosas. Por otro lado, con esos toros no es posible una regularidad en los triunfos”. El Tato incide en la reflexión sobre la forma de afrontar un torero corridas de encastes muy distintos. “Yo recuerdo haber toreado una tarde una corrida de Victorino Martín y al día siguiente una de Núñez del Cuvillo, y lograr medio engañar al toro de Cuvillo para que entrara en la muleta y lograr que se lo trague, pero pensar en ese instante que, eso mismo, si lo hubiera hecho la tarde anterior, el de Victorino no hubiera respondido ni mucho menos igual. Y nadar a medias entre esas dos aguas durante varias temporadas es muy complicado”. Para El Tato es imprescindible el toreo de salón para contrarrestar la dureza de la lidia de astados de hierros complicados, ásperos, “porque te da el sitio oportuno y se perfecciona la técnica, a la vez que se gana en temple y suavidad en la muñeca”.

 
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