“No se puede ir contra
todas las leyes de la tauromaquia”

Jueves, 5 de abril´2001. Francisco
Mateos. Fotografia de Javier Martínez.
El toro está siendo especialmente injusto con José
Antonio Canales Rivera. Ya en su etapa de novillero sufrió graves percances,
pero su prometedora carrera pudo vencer los muchos inconvenientes. Pero de
matador se recrudeció la dureza de las cornadas y le dejaron fuera de juego a
nivel personal y de todos los circuitos taurinos a nivel profesional. Sin
embargo, las cualidades que atesora, asegura, siguen intactas y con el deseo
de demostrar ahora, más cuajado y curtido en la dureza de la Fiesta, que
tiene su hueco en el escalafón de matadores.
PortalTaurino:
Pertenece a una saga torera de gran relevancia, con su tío Paquirri a
la cabeza, y por lo tanto sabía perfectamente lo duro que es el mundo de los
toros. Pero ¿imaginaba que, en su caso, iba a ser tan duro?
Canales Rivera: Esta profesión es muy dura, y no sólo en mi caso, que
a lo mejor ha sido, hasta ahora, más complicada y dura, sino la de las
propias figuras del toreo, porque la dureza no son sólo las cornadas, sino la
responsabilidad. Todas estas cuestiones tienen que ser asimiladas desde que
uno decide ser torero. Y, como dice, yo he vivido cerca el mudo del toro y su
dureza a través de mi familia.

PT:
En su caso concreto, las muchas cornadas le han frenado la
carrera en varias ocasiones...
CR:
Sí, creo que sí. Mi carrera se ha visto muy afectada por los
percances tan seguidos que he ido sufriendo. De novillero, los toros ya me
castigaron mucho, con seis o siete cornadas, y en los años de matador de
toros me han pegado otras tantas cornadas. Lógicamente, todo esto conlleva
que me quede más parado y piense muy seriamente sobre las consecuencias y las
secuelas que pueden dejar. Aún así, creo que con mucha ilusión y constancia
se puede superar todo, y en ello estamos.
PT:
En su primer año de matador de toros, el 98, sufrió fuertes percances
que le descolocaron en el escalafón. Era como si el destino estuviera
especialmente empeñado en frustrar su carrera. ¿No le asusta rozar tantas
veces la fatalidad?
CR: Ya
digo que da mucho que pensar, porque, a pesar de que en esta profesión se
madura mucho, uno no deja de ser un joven torero, y cuando le vienen tantas
cornadas grandes y tan seguidas te descoloca mucho. Los toreros no somos ningún
superhéroe. Aquel año fue tremendamente nefasto y me hundió del todo,
porque las cosas estaban preparadas para que fuera una temporada bastante
buena, y resultó que fue todo lo contrario. En Castellón me cogió un toro
de muy mala manera, con una cornada enfundada en los riñones. Cuando me
estaba recuperando, en el campo, en un tentadero, una vaca me cogió en el
escroto y me echó los testículos fuera. El 18 de agosto, en la Feria de Málaga,
un toro me pega una cornada muy grave en la garganta y la boca. A los diez días
de la reaparición, el 16 de septiembre, en una corrida en Portugal, un toro
me volvió a coger muy grave en la zona escrotal. Fue entonces cuando decidí
cortar la temporada porque aquello ya no era lógico, ni entraba en la mala
suerte; aquello debía ser otra cosa, porque seguir de ese modo no llevaba a
ningún sitio. No se puede ir contra todas las leyes de la tauromaquia.
PT:
Desde aquel año, su carrera se ha venido muy abajo. ¿Está ya
superado?
CR: He
cogido otro rumbo y otro enfoque sobre mi tauromaquia y parece que todo va
bien.
PT:
Las aspiraciones para esta temporada, ¿hacia dónde apuntan?
CR: A
lo más alto. Siempre que comienzo una nueva temporada renuevo las ilusiones y
espero que todo salga bien y poder llegar a donde uno aspira. Lo que pasa es
que yo soy consciente de mi situación y que en la actualidad hay muchas
figuras del toreo, por lo que es difícil entrar en las grandes ferias
taurinas. Pero confío en las empresas para que me brinden la oportunidad y,
por mi parte, debo tener paciencia y esperar hasta ese momento, estar muy
preparado y mentalizado, porque todo llega en su momento, ni antes ni después.