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PARTES
DE UNA PLAZA DE TOROS
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largo de la Edad Media y Edad Moderna los festejos se celebraron
en las plazas mayores de las ciudades. A partir del siglo XVIII es
cuando se empiezan a construir lugares destinados únicamente a la
lidia de toros. |
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Nieto
e hijo de legendarios empresarios taurinos
Una
calle para D. Diodoro
ABC.
FERNANDO CARRASCO. "Público, toreros y empresas somos los damnificados de la novillada de
Sevilla"
«Aunque el reglamento establece que en plazas de primera categoría tiene que
haber dos sobreros, nosotros siempre tenemos uno más, por lo que estamos poniendo un cincuenta por ciento más de lo que se nos
exige. Ahora, si ocurre un desastre ganadero como el del pasado domingo en
la Maestranza, creo que la culpa no es de los empresarios».
Así se expresaba ayer a ABC Eduardo Canorea, cogerente de la plaza de
toros de Sevilla, que analizaba el desastre acontecido en el coso del Baratillo motivado por la devolución de cuatro novillos del hierro de San
Miguel, lo que dio lugar a que no hubiese más sobreros en los corrales, provocándose un auténtico altercado público que desembocó en el lanzamiento
de almohadillas y otros objetos al ruedo -caso de latas de bebidas- y que a
punto estuvieron de causar una tragedia.
Canorea delimitaba las culpabilidades. «Si un novillero se deja sus dos
novillos vivos por lo que sea, sin justificación, el petardo y la culpa es
del chaval. Por lo tanto, si una novillada entera se cae por los suelos, sale dando tumbos y no se mantiene en pie, la culpa será de aquellos que
crían ese toro».
«Nosotros, como empresa -abundaba el cogerente del coso del Baratillo- vemos
la corrida o la novillada en el campo y la contratamos en función de su trapío, comprobando que cuando llega a la plaza no tiene ni heridas, que sus
astas están intactas y que no tiene defectos. Así lo constatan también los
veterinarios. Ahora, si luego se caen y se derrumban, no se tienen en pie;
si parecen padecer una enfermedad... eso es algo que no puede saberse. En todo caso, la responsabilidad de la empresa comienza ahora, ya que se nos
podrá recriminar si dentro de dos, tres, diez domingos o el año que viene
volvemos a traer ese mismo hierro».
Eduardo Canorea, igualmente, recordó que su misión es tener toros dispuestos
en los corrales por si hacen falta sobreros, aunque está claro «que no podemos tener dos novilladas completas. Ponemos un sobrero más del que
estipula el reglamento. Creo que es más que factible. Lo que ocurrió es que
la presidencia, sabiendo que no había más, decidió devolver otro, con lo
cual se produjo el altercado».
No entra a valorar la actuación del presidente, ya que éste «actuó conforme
a lo que establece el reglamento. Lo que está claro es que los novillos se
derrumbaban. Quizá ese último novillo que devolvió lo podría haber mantenido
en el ruedo y posteriormente, si persiste en su invalidez, pues se apuntilla. Pero no fue ése el criterio de la presidencia el
pasado domingo y, por lo tanto, hubo un novillero que se quedó sólo con un novillo
toreado».
Por lo que respecta a la actitud del público al arrojar las
almohadillas y otros objetos, el cogerente del coso del Arenal fue claro al
señalar que «no está justificada esta actuación, pero puedo decir que no
fueron los aficionados sevillanos los que tiraron las almohadillas. Fue un
público asistente a la plaza que no se identifica para nada con el proceder
de esta afición. Lo que está claro es que el público, los toreros y la empresa somos los damnificados de esta novillada. Y la pena es que la
Maestranza está en boca de todos no por un triunfo, sino por este altercado».
Ficha
técnica, crónicas e imágenes del festejo.
En
la muerte de Don Diodoro Canorea
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Empresarios
taurinos. Index
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