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ARTÍCULOS
DE JOSÉ
ANTONIO
ESQUINAS |
Críticos
taurinos
'Las estaciones de penitencia
según Curro Romero'
José
Antonio Esquinas. Las escuelas taurinas
El fenómeno de las “Escuelas Taurinas” no es
ni mucho menos un tema novedoso en nuestra Comunidad Autónoma, de hecho
nuestra capital ya contaba con tal institución en tiempos de Fernando VII
y de algúna manera podría entenderse que maestros de la relevancia de
Pedro Romero tenían bajo su “protección” a jóvenes chavales que
acudían a él para aprender el oficio de matador de toros.
Después
del ocaso del “movimiento maletilla”, donde cualquier matador de toros
ques e preciase debería haber dormido en el “hotel de las estrellas”,
como diría Martínez Molinero a los que iban al campo y pernoctaban al
raso; sin lugar a dudas Manuel Benitez “El Cordobés” fue santo y seña
de esta época, aunque tampóco habría que olvidar a toreros de la
categoría de Sebastián Palomo Linares, serían muchas las figuras que
por aquellos años sesenta y setenta iban con el hatillo al hombro
“orientandose” donde había tentaderos, durmiendo con el capote por lo
alto y la muleta de almohada. El camino “natural” que seguían muchos
de estos espadas era el tirarse como expontaneos en plazas de primera o
segunda, poniendo en peligro la vida propia y la de algún profesional, amén
de desvirtuar un espectáculo tan serio como el de los “Toros”. Otros
se perdían en festejos pueblerinos de “tios” de miedo sin ningún
tipo de asistencia médica especializada y con la muchedumbre
practicamente pidiendo su cabeza (que gran película “Los clarines del
miedo”).
Ya
en los años ochenta empiezan a organizarse las primeras “Escuelas
Taurinas”, la de Madrid bajo la dirección de Martínez Molinero, será
santo y seña de un época, instalaciones para torear, aulas para teórica
y residencia para internos actuará de imán de la muchachada madrileña y
de los alrededores que sueña con ser figura del toreo.
Joselito,
Carretero o Lucio Sandin son algúnos de los nombres que fueron niños de
aquella escuela y que más tarde hicieron paseillos en ferias de primera;
matadores de toros de la categoría de Andrés Vázquez aportarían sus
conocimientos para que estos niños de entonces sean toreros de hoy, algúnos
matadores, otros de plata, otros incluso haciendo pinitos cinematográficos
taurinos (Luis Miguel Calvo), en resumen encauzando sus vidas entre habíos
y bajo la sabia tutela de un maestro.
En
Sevilla, tenemos la fortuna de contar con
“Aula Taurina” verdadera precursora de la “Escuela de
Tauromaquia de Sevilla” que con el apoyo de la Real Maestranza de
Caballería y las instituciones locales ha conseguido ir asentando un
proyecto que es hoy una realidad. Miguel Serrano o
Rafael Puerto saben lo que es luchar por sacar adelante la que
debería ser la primera escuela del mundo taurino (debería y no lo es),
pero que por motivos que otro día analizaré no cuenta ni tan siquiera
con lo más esencial: una plaza de toros, la tuvo en “El Vizir” y en
“El Alamillo” (portátil) pero fueron de ida y vuelta, hay magníficos
proyectos durmiendo, esperemos que lleguen a buen puerto.
Curro
Puya, El Tito de San Bernardo, Chicuelo rebosaron sus conocimientos entre
la prole que acudía en autobús desde “La Maestranza” al “Vizir”,
a estos magníficos profesionales se unía la dirección del maestro
Antonio Chaves Flores (q.e.p.d.), cuantos buenos ratos pasé escuchando
las elocuentes enseñanzas del “Tercer Hombre” ante la mirada atenta
de sus alumnos (Carlos Lozano, Corpas, los hermanos Ronquillo, Salvador
Cortés, Carmen Torres …), con el Maestro Chaves compartí muchas tardes
de micrófonos y platós de
televisión, era un buen compañero de viaje en retransmisiones y un
verdadero pozo de anécdotas de larga y dilata carrera profesional. Lo
echaré de menos Antonio.
En
la actualidad el maestro Pepe Luis Vázquez Silva está al frente del
equipo y con una experiencia importante de los rectores de la Escuela, son
ya muchos los chavales de Sevilla que torean por plazas de España y
Francia en intercambios escolares bajo la batuta magistral del magistral
Pepe Luis.
Tenemos
la suerte de contar con gentes en la provincia de la categoría de
Fernando “El Almendro” y Manolo Avila en Camas; a Escudero y a
Joaquina en La Algaba; a Rafael Aguilera en Guillena; a Villalba en Coria;
al amigo Cecilia en Osuna junto al maestro Pepe Luis Vargas, que también
dirige la de Ecija y a tantos buenos profesionales y aficionados que dan
su tiempo en pro de la labor docente más bonita del mundo.
Para
muchos los toreros en Sevilla salían y no había que enseñarlos, no es
cuestión de enseñanzas en esto del arte pero si de aprendizaje, la labor
de estos años así lo demuestra, donde cientos de sevillanos se han
formado, primero como hombres y después, si han servido, como toreros.
Gracias también a la Administración Autonómica, a D. Rafael Martín de
Agar verdadero enamorado de la Fiesta y trabajador incansable y siempre
dispuesto a arrimar el hombro por mejorar “esto”; a Eduardo Ordoñez,
que desde Jerez (ejemplo de Escuela) coordina a todas las escuelas
andaluzas, llegando a crear verdaderos “lazos de familia” entre ellas,
y a tantos otros que desde la sombra trabajan para la dignificación de la
Fiesta.
Dedicado
al Maestro Antonio Chaves Flores.
José
Antonio Esquinas. 'Las estaciones de penitencia
según Curro Romero'
Hace ya un mes que el
Maestro Curro Romero anunció su retirada “profesional” del mundo del
toreo, todo un acontecimiento para los que gustamos del “Arte de Cúchares”
y más aún para los que disfrutamos del toreo de arte, de ese toreo de
“pellizco” del que tan pócos ejercen en esta época de la Fiesta
donde abundan los pega pases y engaña públicos que cortan orejas a
distro y siniestro con plazas de ferias que hacen del más tosco,heredero
de Antonio Ordoñez.
Desde la tranquilidad y el
sosiego de estos días transcurridos se pueden ver las cosas con un prisma
mucho más claro y menos apasionado, no por ello menos válido.
Es esta ciudad, Sevilla,
capital que gusta de subir y bajar de altares a personajes, de encumbrar y
convertir en héroes o de crucificar y hacer villanos con la misma
facilidad y con el mismo desparpajo, hemos pasado la “Pasión de Curro
Romero” con llantos de pena y “estaciones penitenciales” dignas de
un mesías (del toreo, por supuesto).
“Curro con dolores de
espalda”, primera estación, el Maestro se encuentra mal y manda un
“parte” a la Empresa; segunda estación: “Curro se cae del
cartel”, los aficionados (algúnos) devuelven las entradas; tercera
estación, “Andex organiza un festival con Curro y Morante, mano a
mano”, Sevilla vuelve a perdonar la ausencia; cuarta estación de
penitencia, “Eduardo Canorea deja claro que es empresario”, Curro es
expulsado del “Templo”
(de la torería); quinta estación, “Curro sube a La Algaba ayudado del
cirineo José María Torres Zapico”; sexta estación, “Curro congrega
en un Calvario de ruedas de carro”, a miles de devotos, muchos más lo
ven a través del milagro de las ondas; séptima estación, “El Faraón
obra el milagro y está sublime”; octava estación penitencial,
invocando a no se sabe “quién” “Curro se retira pensando: ¿por qué
me has abandonado?”; novena, los buenos “discipulos” están
satisfechos pensando en que Curro ha alcanzado la gloria, los otros “los
malos”, se devanan los sesos “pensando en la divinidad de lo
humano”; décima estación, “Curro Romero se retira definitivamente
del Toreo”, lo hace como figura, sin aspavientos, dejando tras de sí lo
más bello y lo más feo del toreo, entra en vida en “El Olimpo de los
Toreros”, de Faraón a deidad, deja la tierra (el albero) para formar
parte del mito.
Honremos al Torero, pero
conociendolo en su grandeza de inmensas tardes y romeros en el ruedo, y en
las otras también, de bronca y quita moscas, el que no quiera reconocer
estas dos vertientes, y aceptarlas, no puede llamarse “currista”,
porque ahí, en esa dualidad está su grandeza y aquel que no la acepte no
es que nos sea “currista”, es que ni siquiera es aficionado.
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