GANADERÍAS DE ESPAÑA


 

JUAN RAMÓN ROMERO

Toma la alternativa en Atarfe

Juan Ramón Romero. Foto de CRESCENCIO TORÉS Juan Ramón Romero sembró de toreo la 'Montera' . Por J.tellez 

05/12/2004. La brillante iniciativa denominada ya como la 'Declaración de Los Barrios' que nace como una bandera en defensa de la Fiesta de los Toros, que se puso el sábado al conocimiento popular, se cerró ayer domingo, al medio día, con cielo encapotado y amenazante de lluvia con un Festival Taurino en la plaza de la Montera barreña a la que acudió, esa es la verdad, poco público, y fue una lástima para los que faltaron por que los que asistimos disfrutamos con ese aroma escaso a canela y a hierbabuena recién cortada adobado con los sentimientos de la mejor de las torerías ya cási olvidadas..

Juan Ramón Romero y Agustín Arjona, dos benditos locos románticos, pedazos de toreros los dos, con maneras y sabores rancios de toreo de arte, de pellizco, que todavía renace y se desperezan artos de estar escondidos en los pliegues de sus capotes y muletas. Fue su toreo como un regalo anticipado de la noche de Reyes Magos.
 
Abrió la mañana barreña el francés Andrés Viard, al que no se le había olvidado su etapa de matador de toros. Soberbio con el capote. Brindó la faena de muleta al alcalde de Los Barrios. Con el bravo de Fuente Ymbro, lo llevó con suavidad y torería. Guardó las distancias y dio reposo y clase a su toreo. Hubo cites en la distancia larga muy buenos con la mano derecha. Perdió gas el excelente becerro de Fuente Ymbro por causa de un acalambramiento inesperado. En la suerte contraria acabó con su noble enemigo y le cortó la oreja.
 
Agustín Arjona, de Sevilla, maestro de la fotografía taurina, con pinta flamenca y curvita de la felicidad incluida se entendió a la perfección con el de los Hermanos Tornay, un novillo de una gran calidad que se dejó torear. Y, Arjona, sacó los pinceles y empezó a dejar su sinfonía de toreo del sur. Nos dijo su cante por seguirillas, el que le bullía en el pecho y la cabeza y, capote y muleta, el primero ajustado y pausado y la franela con los primores del paulismo más puro con 'la borrachera de su toreo'. Se bebió hasta la última gota de su toreo y con él nosotros. Pinturería sana y buen gusto. Un deleite. Pero después de todo esto, la de Toledo dijo ¡que no". Y él pensó pa los adentros ¡que queréis, que también los mate!. Dio una triunfal vuelta al ruedo.
 
Mauricio Berho, grande como una columna romana. Arte en su cámara viajera. Fue la inesperada revolución para el respetable. Estuvo ayudado por un peón de lujo, Fernando Cepeda, que supo quitarle asperezas al garbanzo negro de la tarde,un colorao con genio de Manolo González. Hizo muy bien lo que supo y pudo, que fue mucho y como dejó la más extraña y cambiada estocada del Festival, paseó el galo las dos orejas.
 
Y llegó Juan Ramón Romero, que si es bueno con el micro en la radio andaluza, es aún más bueno con el capote y la muleta. ¡Que buen crítico para la fiesta, pero que gran torero hemos perdido!.
 
Al de Santiago Domecq, la perla de la mañana, bravo, noble, incansable en sus embestidas al que saludó con tres verónicas y dos medias que se recordarán mucho tiempo en la Montera. Su toreo fue de carteles de toros continuados. Torería en la plaza, sin un gesto de más y con una maestría asombrosa. Pureza y temple en sus series de naturales limpios, rematados de pitón a rabo, sin forzar la figura nunca, un deleite su forma de torear. Torear así haría, al menos a mí, ir tras un torero a don fuera menester. Su toreo en redondo de parón al final de corte 'ojedista' en el sitio donde el que manda es el torero y, de nuevo, Juan Ramón al son de la música nos emborrachó de toreo de antes y de ahora, es decir, de siempre cuando es bueno y se siente como él lo sintió. Quiso indultar al bravísimo novillo y hasta le pidió perdón al ganadero al entrar a matar. Paseó las orejas y el rabo entre un clamor del respetable y se fue tras el novillo aplaudiéndole en el arrastre por la legitima vuelta al ruedo dada al bravo animal de Santiago Domecq.
 
Juan Carlos Gil sustituyó a Ignacio de La Serna, su novillo de La Palmosilla, bravo y noblote. Anduvo bien y suelto de muleta en faena larga y variada. Cortó la oreja.
 
Sandra Moscoso, bonita jerezana hambrienta de toreo, sufrió algún revolcón sin consecuencia. Gustó su toreo de muleta y presencia de ánimos. Le cortó la oreja a su bravo del Marques de Domécq.
 
Regalaron el sobrero de Carlos Núñez con el que todos compartieron el toreo. Destacó Álvaro Acevedo, que fue novillero puntero y al que tampoco se le ha olvidado el toreo bueno. En resumen, un magnifico festival que recordaremos en este diciembre barreño de 2004.

Críticos taurinos

 

 
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