El País. JOAQUÍN
VIDAL,
19 de marzo´2002. Temporada
Las Ventas es plaza de
toros de temporada. Buena señal. Cuando hay y funciona una plaza de
toros de temporada es que existe allí afición y puede disfrutar de
la fiesta durante la mayor parte del año.
Lo que pasa en Madrid y
su histórico coso de Las Ventas, no obstante, es que hace unos años
(no muchos) cuando anunciaban función se llenaban tres cuartos de
plaza, de ahí para arriba, mientras que ahora se llena un tercio, de
ahí para abajo. Luego no se acaba de entender...
Cree un servidor que no
queda en Madrid tanta afición a los toros como para mantener una
plaza de temporada. Si no fuese porque las condiciones de
arrendamiento de Las Ventas -propiedad del ente autonómico- obligan a
la empresa arrendataria a dar toros todos los domingos y festivos
desde marzo a octubre, ambos inclusive, seguramente se abstendría de
organizar funciones taurinas fuera de la Feria de San Isidro, que ése
es el único evento taurino con verdadera clientela.
La expectación enorme
que suscita la Feria de San Isidro -lleno todos los días, así dure
un mes- responde a las mismas motivaciones que se aprecian en las
restantes plazas españolas. A la gente en general los toros parecen
traerle absolutamente sin cuidado, pero si se anuncia feria en su
localidad y hay cartel con nombres que suenan, acude y llena el coso.
Y domina su transcurso mediante un talante desaforadamente
triunfalista que condona todo tipo de tropelías y corruptelas, en
aras del fin supremo de que aquello acabe en apoteosis, poder entonces
contarlo y presumir de que se ha asistido a un acontecimiento
memorable.
Cosas así suceden en la
famosa Feria de San Isidro, no se crea. Y no llegan a más, pues aún
queda un reducto -mínimo- de aficionados que intenta mantener la
cordura y la autenticidad del espectáculo. Aunque con éxito pocas
veces, incluso las más con estrepitoso fracaso, pues los llaman
derrotistas, retrógrados, aguafiestas, maleducados e intentan
echarlos de la plaza.
No es que esta situación
de la fiesta de los toros en Madrid vaya a desacreditarnos y hundirnos
en la miseria como sociedad civil; mas había aquí un valor y una
afición y una pasión bastante pacífica y generosa por un mundillo
intenso, vario y atrayente, que ha desaparecido.
Tienen gran parte de
responsabilidad en este profundo deterioro las autoridades -éstas y
las anteriores- por su incompetencia, por desentenderse del problema y
por su artera complacencia al tolerar las corruptelas despreciando a
la afición y la fiesta.
Sin embargo, en ésas
estamos y quizá haya llegado el momento de preguntarse si merece la
pena luchar para restituir los valores de este espectáculo secular
que llamamos fiesta de toros.
Pues quizá ni sea
posible cuando se ha hecho desaparecer de los ruedos el toro bravo y
sale en su lugar un animal feble, medio doméstico, fácil para
pegarle pases y hacerle desplantes; y cuando hay un público
mayoritario que lo acepta, y lo aplaude, y lo defiende siempre que se
producen las críticas adversas de la auténtica afición.
Hoy, festividad de San
José, siempre fue fecha señalada en Madrid donde se daba corrida con
determinados atractivos (hace años, no muchos), mientras ahora es un
puro trámite; función obligada por el pliego de condiciones de
arrendamiento de la plaza de Las Ventas. Y así seguiremos cada
domingo hasta que lleguen mayo y la isidrada.
Dicho lo cual, sabe un
servidor que le llamarán derrotista y enemigo de la fiesta por
decirlo. En esta cuestión (y en otras, no se crea) tiene amplia
experiencia. También dirán, por lo mismo, que no sabe escribir de
toros. Sin embargo, tampoco conviene ser tan radical. Algunas veces sí
sabe (más o menos). Dicho sea sin ánimo de ofender y mejorando lo
presente.
Pepe
Mata. TalaveraToros.
Han sido muchos los escritores taurinos que he tenido la
oportunidad de leer, y que me han impresionado; pero aún más
ha sido el impacto que me causa, la fascinante pureza con la que
trasciende el maestro don Joaquín Vidal, en esos auténticos
ensayos literarios, que regala al espíritu del diletante
taurino, tras la celebración de cada corrida.
Ensayos, en los que se unen las cuestiones de
forma, con los poderosos razonamientos del contenido... en una
armonía total. Donde cohabitan, sin lugar a dudas, con esa
sincera e incontenible defensa por la verdad sin compromisos.
Al maestro Vidal tuve la oportunidad de
conocerle, personalmente, apenas hace unos meses en la reciente
Feria de San Isidro, porque ya manteníamos tiempo atrás...
vigorosa comunicación electrónica. Tan pronto llegué a
Madrid, me comuniqué con él, y quedamos en acudir a comer en La
Hoja, un agradable restaurante cercano a la Monumental
Plaza de Las Ventas, donde se degusta de la exquisita comida
madrileña.
Fue un maravilloso encuentro que más pareció
el reencuentro de dos viejos amigos. Desde entonces se estrechó
consolidándose más la amistad, y continuamos en mayor
contacto, no importando el tiempo y el espacio, que se producen
el estar en Madrid y en la Ciudad de México.
A menudo hablamos para conocer de la situación
taurina de España y México, y por supuesto, saber de nuestras
vivencias. Desde el pasado mes de septiembre, cuando le anuncié
que viajaría a cubrir la Feria de Otoño, me comentó que su
estado de salud no era bueno, y ya en Madrid, le vi caminar sin
ímpetu acostumbrado, aunque su espíritu, continuaba expresando
la incontenible vitalidad por trascender.
Antes de regresar a la Ciudad de México,
volvimos a coincidir el 21 de octubre en Las Ventas, y ahí,
supe de su necesidad por asistir a un exhaustivo chequeo médico.
Anoche, sábado 17 de noviembre, he hablado
con el maestro Joaquín Vidal, y aunque está en plena
convalecencia -que posiblemente dure un mes y días-, espera
poco a poco ir recuperando la normalidad en su vida.
Desde aquí nuestro máximo reconocimiento, y
el ferviente deseo por su restablecimiento total; porque es un
hecho que hombres como el maestro Vidal dan vida y fundamento a
la implacable frase:
¡Dígase la verdad... aunque
sea motivo de escándalo!
|