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FILIBERTO MIRA
Cristo
expira en Olivenza (texto de Fernando Carrasco)
Un apasionado de los toros (texto de Carlos
Crivell)
Filiberto
Mira Blasco, abogado, periodista, escritor taurino y cofrade de
Sevilla, nació el 3 de agosto de 1928 en Olivenza (Badajoz) y falleció
en Chiclana el 17 de agosto de 2003.
El
martes, 19 de agosto, por la mañana se celebró una misa por su alma en la Iglesia de la
Santa Caridad, para posteriormente llevar sus restos al cementerio
sevillano de San Fernando, donde descansan.
En la madrugada del lunes 18 de
agosto de 2003, a la edad de 75 años y aquejado de una grave
enfermedad, falleció en la localidad gaditana de Chiclana -donde se
encontraba de vacaciones- el escritor y periodista Filiberto Mira
Blasco, persona que innovó tanto en el mundo de las Cofradías
sevillanas como en el de la Fiesta Nacional, sus dos pasiones tanto en
lo profesional como devocional.
Filiberto Mira nació el día 3 de
agosto de 1928 en la localidad pacense de Olivenza, aunque desde 1935
residió en Sevilla, por lo que era considerado como un hijo más de
esta ciudad, a la que dedicó toda su vida desde distintas tribunas del
periodismo. Estaba casado con Mercedes Abaurrea Losada, y era padre de
seis hijos: Guillermo, Mercedes, Carmen, Reyes, Teresa y Amparo.
En el aspecto taurino, su otra
gran faceta, además de sus crónicas en ABC, fue un pilar básico,
durante muchos años, en la revista especializada «Aplausos», tanto en
crónicas como en los llamados «Reportajes camperos» donde dio a
conocer los entresijos de la práctica totalidad de las ganaderías de
la cabaña brava española, francesa, portuguesa e hispanoamericana.
Autor de un gran número de libros
de temática taurina, destacan sobremanera «Antonio Bienvenida,
historia de un torero» (1977), «El toro bravo, hierros y encastes»
(1979), que tuvo una ampliación posterior; «Vida y tragedia de
Manolete» (1984) y los dos volúmenes sobre la plaza de toros de
Sevilla: «Medio siglo de toreo en la Maestranza, 1939-1989», y «Cien
años de toreo en Sevilla, 1900-2000», considerados como fundamentales
para conocer todo lo acontecido en el coso del Baratillo durante todo el
siglo XX. Asimismo, pronunció a lo largo de su vida multitud de
conferencias y charlas, siendo un contertulio de carácter excepcional
por su sapiencia.
Filiberto
Mira hizo el bachiller con los jesuitas en Villasís y estudió
Derecho en la Universidad de Sevilla, cuando ésta estaba en la
calle Laraña. Villasís y Laraña, el primero en la Campana. Con
Manuel Ferrand, Julio Martínez Velasco y Joaquín González Moreno
formó parte del Círculo de los Luises que, bajo "el ideal del
sevillanismo que se había perdido" (González Moreno), fueron
captados por la Compañía (de Jesús). Hace medio siglo pronunció
con Joaquín Carlos López Lozano una reveladora conferencia sobre
los entresijos económicos del Consejo de Cofradías. Periodista por
encima de todo, periodista campero, trabajó en El Correo de Andalucía,
ABC, Sur/Oeste, La Voz del Guadalquivir, Radio Sevilla, Onda Cero y
Radio Popular. Su obra Cien años de toreo en Sevilla es su
testamento taurino, una especie de Cossío muy particular de este
incondicional de Pepe Luis.
 
Cien
años de toreo en Sevilla 1900-2000
Filiberto
Mira.
Sevilla, 2002. Sensacional estudio sobre el mundo del toreo en
Sevilla. Precio: 30 €
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Egartorre Novedades
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Me imagino el disgusto que
te llevaste la semana pasada, Felu, cuando te enteraste de la
muerte de Miguel Criado «El Potra». Y me imagino tu memoria
evocando tantos y tantos años y momentos vividos junto a quien,
como tú, fue santo y seña del taurinismo, del mundo de los
toros. Él tenía el campo como «modus vivendi»; tú, Felu,
amigo y maestro, el sinvivir por difundir, por dar a conocer, todo
lo relacionado con tus dos auténticas pasiones: las cofradías y
los toros.
Porque si en Sevilla has
sido -eres y serás- un referente para los cofrades, en el orbe
taurino, y escribo de toda España, Francia, México, Colombia,
Portugal..., tu figura se agranda aún más.
En una y otra de estas dos
facetas no se te ha hecho la justicia debida. En la primera,
Sevilla ha perdido -y lo escribo ahora, algo más de un año después
de que en una columna como ésta abogase por un «Homenaje justo y
necesario» que por fortuna llegó-, a un pregonero de nuestra
Semana Santa. Porque ¿quién mejor que tú para contarle a esta
ciudad lo que son y significan las cofradías? ¿Quién más
capacitado para alabar al Santísimo Cristo de la Expiración, tu
Cristo del Museo, y su bendita Madre María Santísima de las
Aguas? ¡Qué devoción por Ellos, Felu, la que sentías! ¡Qué
manera de encomendarte a Ellos!
Y si escribimos de toros...
tu legado tanto en lo periodístico como en lo literario queda
para todos los que tuvimos la suerte de conocerte y honranos con
tu amistad.
Se van contigo muchas cosas,
Felu. Pero, sobre todo, una forma de entender dos mundos que, a
pesar de ser tan distintos no son tan distantes. Las cofradías y
los toros. Tú, precisamente, te esforzaste en unirlos cada vez
que podías. Y ese homenaje el pasado año contó con gentes de
los dos.
Ahora que estás junto a tu
Cristo de la Expiración y junto a María Santísima de las Aguas,
reencontrándote con Manolete, Antonio Bienvenida, tu admirado
Paquirri; tu amigo Salvador Dorado «El Penitente» o enfrascado
en conversaciones a la par entre cofradías y toros, estoy seguro
que por Olivenza, tu pueblo, tu sangre, tu vida, Cristo expira con
la satisfacción de saber que vas a su encuentro después de haber
proclamado, por todos los rincones del mundo, que tu otra tierra,
Sevilla, es la de María Santísima. Sé feliz con todos, Felu.
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Un apasionado de Sevilla, los toros y las cofradías
La
muerte de Filiberto Mira, acaecida en la madrugada de ayer en la
torerísima ciudad de Chiclana, ha llenado de consternación al
mundo de los toros y la Sevilla cofrade. Filiberto Mira vivió con
intensidad para sus pasiones: Sevilla, los toros, su familia y la
Semana Santa de Sevilla. Era un apasionado, lo que le granjeó la
amistad de muchos y alguna incomprensión. Era tan buena persona que
perdonó, y lo puedo afirmar porque lo viví en persona, a quienes
le pusieron un sambenito tan absurdo como injusto. Decía con su
peculiar estilo que “la superstición es la religión de los
ignorantes”.
Nació
en la ciudad pacense de Olivenza, la que está entre España y
Portugal, y allí ya comenzó a saber de toros porque trató a
ilustres oliventinos, como
el ganadero Pepe Marzal, o su propio abuelo que también crió
reses bravas.
Apenas
tenía 7 años cuando se vino a Sevilla, que con el tiempo llegaría
a ser su segunda cuna. A Sevilla la amó tanto que le dedicó sus
mejores piropos. Dijo que “Sevilla era la madre y maestra de la
tauromaquia”.
Estudió
Derecho en la capital andaluza, aunque nunca llegó a ejercer la
esta profesión. Acababa la guerra, cuando la fiesta de los toros
tenía un lugar necesario en una España deprimida, la eclosión de
Manolete fue definitiva para dedicarse de lleno al periodismo
taurino.
No hay espacio para contar las anécdotas que vivió cerca de
Manolete, cuando junto a Marcos Núñez se iban a verlo al hotel
Inglaterra en las mañanas que toreaba. “Guillermo, acércale dos
billetes al hijo de Guillermo, para que esta tarde un partidario de
Pepe Luis le dedique unas palmas a Manolete”, le oyó un vez decir
al monstruo cordobés.
Comenzó
a ejercer el periodismo taurino por loa años cincuenta. “Felu”
apelativo cariñoso por el que le conocían sus amigos, escribió en
El Correo de Andalucía, ABC, Suroeste y Sevilla Información, al
tiempo que su voz clara y prodigiosa se podía escuchar en Radio
Sevilla, Cadena Rato, Radio Triana, Radio Voz y Onda Cero.
Sin
embargo, sería en la revista Aplausos donde su dedicación fue
ejemplar. Allí dejó las crónicas taurinas de todas las ferias de
España y creó el reportaje ganadero, un modelo imitado hasta la
saciedad por quienes después nos incorporamos al mundo del
periodismo taurino.
Esta
labor periodística se complementó con libros, algunos de ellos
esenciales para entender la historia de la fiesta de los toros.
Entre ellos, “Antonio Bienvenida, historia de un torero”, “El
toro bravo, hierros y encastes”, “Vida y tragedia de Manolete”,
“Medios siglo de toreo en la Maestranza”, “Jesulín”,
“Hierros y encastes del toro” y el fundamental de “Cien años
de toreo en Sevilla”.
Pero
Filiberto amó a Sevilla en sí misma. Y como una forma especial de
este afecto queda su labor inmensa en el mundo de las cofradías,
que comenzó al ser uno de los fundadores del Consejo General de
Cofradías en el año 1954, que siguió en sus programas de Radio
Sevilla junto al inolvidable Manolo Bará. Allí hizo sus primeras
incursiones radiofónicas otro genio de Sevilla: Antonio García
Barbeíto. Es historia viva de la radio de Sevilla. Y aún más,
Filiberto tuvo la genial idea de crear ese cuadrante sobre la
situación por horas de las cofradías, que ahora nos parecen algo
consustanciales a la Semana Santa, pero que hasta que no lo plasmó
Filiberto en El Correo no fue realidad. Como el concurso de cultura
cofrade entre jóvenes hermanos.
Su
amor por las cosas de Sevilla fue absoluto. Participó en todas las
tradiciones de la ciudad y perteneció a múltiples cofradías, como
Montesión, El Museo, El Santo Entierro, Gran Poder, Santa Caridad,
Sacramental del Sagrario y San Isidoro. No fue pregonero de la
Semana Santa de Sevilla, y nunca se quejó por ello, pero no importa
porque nadie le dado tanto a la Semana Mayor como le dio Filiberto.
Viajero
incansable, de una cultura apabullante, lo que más llamaba la
atención a quien le trataba era una memoria
prodigiosa, capaz de recrear todas peripecias vividas con
pasión a lo largo de su vida. Y era un maestro. Se podía no estar
de acuerdo con sus criterios, pero al escucharlo se palpaba la voz
de la suma experiencia y la sabiduría de lo aprendido directamente
en contacto con los personajes que retrataba de forma nítida.
Se
ha ido y deja pendiente un libro sobre cofradías y otro sobre los
toros. Ha estado en activo hasta el último minuto, como dijimos
hace unos días de
Miguel Criado. Vimos juntos las corridas de San Isidro; nos
llamábamos para hablar de las maravillas de Morante y de su
admirado El Juli; era siempre una referencia en tauromaquia, cofradías
y temas de Sevilla. Una de sus últimas apariciones en público fue
en el acto de presentación del libro “Maestranza de Sevilla. Año
2002”.
La ovación de la sala con su presencia fue uno de los
homenajes postreros, como el que los cofrades le dedicaron en
noviembre pasado. El mundo del toro, tal y como acostumbra, no llegó
a tiempo.
Y
como todo hombre de talento, a su lado tuvo la mujer ideal. A
Mercedes Abaurrea y a sus seis hijos les queda el consuelo de saber
que Filiberto se murió plácidamente en Chiclana, tierra de
toreros, rodeado de toda su familia, como a el le gustaba estar
siempre. |
Críticos taurinos
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