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Festejo 5º de feria
Plaza de toros de Córdoba
Tarde del jueves, 28 de mayo 1998
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Gabriel Rojas (1º sobrero en sustitución de
un inválido), sin trapío,
mansos, sin casta.
Diestros:
Picador que destacó: -
Banderilleros que saludaron:
Presidente:
Incidencias:
Entrada: un quinto
Tiempo: tarde agradable
Crónicas de la prensa: El
País
El
País.R. APARICIO, Córdoba . Timo permitido
De forma incomprensible, la autoridad permitió que se lidiara el encierro enviado por Gabriel Rojas,
indigno para una plaza de primera categoría . Novillos en lugar de toros saltaron al
ruedo. Y para colmo, inválidos, sin casta y mansos.
Un timo en toda regla.
Para completar la estafa, de director de lidia vistieron de torero a un tal Julio Aparicio
que, al parecer, años atrás, ejercía de matador de toros.
La mayoría de los espectadores que acudieron a la plaza pasaron el cáliz de los toros /
novillos, pero no perdonaron a Aparicio que se tomara a chufla su trabajo. Le dedicaron
epítetos de toda condición, incluso algunos atisbaron que el director de lidia estaba en
«éxtasis». Otros corregían lo dicho y diagnosticaban que el torero estaba en coma.
Daba igual.
Tan torcida tuvo la tarde Julio Aparicio, que no fue capaz de enfrentarse a dos esbozos de
toros. Al primero le quitó las moscas un par de minutos, entre los olés del público. El
segundo se rompió una pata en banderillas. Nos timó, al alimón
con Rojas.
En la truculenta tarde también participaron, con ánimo diferente, El Tato y Víctor
Puerto. Los dos sabían que muy poco valor iba a tener su trabajo ante tan insignificantes
enemigos, pero por respeto a los que acudieron a la plaza se pusieron en la cara de los
toros / novillos e intentaron lidiar. Pero también se encontraron con la invalidez y la
nula casta de sus oponentes. Un poquito de suerte tuvo El Tato. Aprovechó la escasa
movilidad de su segundo y le robó algunos pases.
El público, que estaba deseando ver algo positivo en el festejo, se alió con el torero
maño y hasta le regaló una oreja.
Víctor Puerto no tuvo tanta suerte. Le tocaron dos mulos que no andaban en ninguna
dirección. El primero se le echó, negando al torero que lo ejecutara con la espada. El
que cerró plaza no servía ni para perchero. Puerto se limitó a intentarlo y bien que le
agradecimos que enseguida tomara el acero.
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