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Festejo 4º de feria
Plaza de toros de Córdoba
Tarde del miércoles, 27 de mayo 1998
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Seis toros de Antonio Gavira, bien
presentados y desiguales de juego con dos toros -cuarto y quinto- con calidad, y otro, el
tercero, que rompió con temperamento en la muleta. El resto estuvo bajo de raza. Pesos:
500, 580, 510, 531, 491 y 531 kilos.
Diestros:
Picador que destacó: -
Banderilleros que saludaron:
Presidente:
Incidencias:
Entrada: menos de un cuarto
Tiempo: tarde agradable
Crónicas de la prensa: El Correo
El Correo.JOSÉ
E. MORENO. Córdoba . Morante llenó de sevillanía Los Califas .
Durante el día, con lo que cayó en Córdoba, al parecer sólo se hablaba de suspensión.
Pero la tarde quiso abrir en el momento justo para que, con unos arreglos chapuceros del
ruedo, se celebrara esa primera corrida de la Feria de la
Salud. Aunque fue con diez minutos de retraso, sonó el pasodoble Manolete y
todos a torear.
Y que se diera la corrida tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas. Entre las primeras
indudablemente hay que situar la oreja que Chiquilín le cortó al cuarto, pero sobre todo
la faena que le
hizo Morante de la Puebla al quinto. Mala fue la paupérrima entrada que registró Los
Califas, y malo el gélido ambiente que la invadió con un público que, en ambiente de
tentadero, tardó en reaccionar con lo bueno que tuvo la tarde y que le dio muchas vueltas
al coco en la faena de Morante, medida y controlada para que el muchacho no superara al
local en número de orejas y saliera a hombros.
Pero no importa. No está mal eso de que midan en Córdoba al triunfador de
Sevilla siempre y cuando hayan entendido en esta plaza las razones del triunfo de Morante
en la Maestranza. Imagino que habrán apreciado que Morante es distinto a todos los
demás, que tiene un aire torero de otro tiempo que lo hace inconfundible y que torea
llevado por la inspiración. Sí, no exagero. Y a las pruebas me remito: es muy probable
que en la feria no se vuelvan a ver dos series de muleta tan redondas,
rematadas, ligadas, reunidas y con tanto arte como las que Morante le dio al quinto una
vez que lo hubo sacado a los medios con garbo y
una elegancia impresionantes. El torero dejó que el bonito colorado de Gavira se viniera
de lejos y lo embarcó perfectamente en la muleta para ligar dos tandas -una diestra y
otra zurda- que fueron un monumento a la perfección torera. Tanto es así que Morante ya
no lo pudo hacer mejor en el desarrollo de la faena, entre otras cosas porque el de gavira
se vino abajo. Cuando esto ocurrió, José Antonio echó mano del repertorio y llenó de
sevillanía la plaza con kirikikís,
molinetes y adornos de los suyos. Todo lo necesario para cortar dos orejas, porque,
además, de entrada había bordado la verónica en un
quite cumbre y, de salida, lo había dejado sin puntilla de entregado volapié. Pero la
plaza que ya observó fríamente la faena que Morante se inventó en el descastado
segundo, redujo el premio a una oreja.
Y, claro, es que Chiquilín sólo había cortado un apéndice por una faena entonada
con momentos buenos, sobre todo en el toreo diestro, y no era plan de que el otro saliera
a hombros. El cordobés, que puso empeño con el manso que abrió
plaza sin conseguir emocionar a nadie, sí conectó con los suyos en ese cuarto, sobre
todo cuando comprendió que el gavira pedía distancia para traer el viaje hecho. Entonces
ligó muletazos y no estuvo mal, aunque los hubo de distinta calidad en una misma serie.
Aunque también hubo un bajón en la faena y necesitó de media y un descabello para
liquidar al toro, cayó la oreja.
Romero de Córdoba, también tuvo un toro para triunfar, aunque éste fue más
complicado que el cuarto y quinto. Este gavira tuvo casta rayana en el genio y pidió mano
firme y, sobre todo, que le hicieran las cosas por abajo. Romero se las hizo algunas
veces, pero la mayoría estuvo a merced del toro, por lo que predominaron los desacoples y
enganchones. En el sexto puso un epílogo poco brillante a la fría tarde con un toro muy
parado.
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