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Festejo 8º de feria
Plaza de toros de Los Califas
Córdoba
Tarde del domingo, 31 de mayo 1998
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Cuatro toros de João
Moura, anovillados, sin casta, mansos. Dos toros de Torrestrella, bien
presentados.
Diestros:
Picador que destacó:
Banderilleros que saludaron:
Presidente:
Incidencias:
Entrada: un quinto
Tiempo: tarde agradable
Crónicas de la prensa: El País
El
País.JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ, Córdoba . Dos cogidas, dos
orejas
Pepín Liria y El Pireo cortaron una oreja cada uno tras sufrir sendas cogidas, más
aparatosa en un principio la que originó su primero que la cornada que recibió El
Pireo al entrar a matar al último toro. Con esas orejas, el público premió el
pundonor de ambos matadores en sus respectivas faenas, en las que
los toros apenas colaboraron con los diestros dada su
falta de fuerza y su mansedumbre.
La quinta y última corrida de la Feria de Córdoba fue un calco de todo lo que hemos
visto a lo largo de la semana. Mala presentación de los toros -salvo los dos lidiados
ayer de Torrestrella-, escaso poderío físico e, incluso, con apuntes de mansedumbre.
Ante tal adversidad, poco pudieron hacer los toreros, que, en su confianza, resultaron
heridos, con excepción de Jesulín de Ubrique, que anduvo más vivo que sus compañeros
de cartel.
Pepín Liria escapó milagrosamente de una cornada que pudo ser seria. El toro, después
de derribarlo, hizo hilo con el matador ya en el suelo y le lanzó dos cornadas al pecho y
a la cara que, por fortuna, no calaron. Un milagro. Pasó Pepín Liria a la enfermería y
pudo lidiar sin más complicaciones el segundo de su lote.
La cogida del El Pireo sucedió en el instante final de la corrida. El matador se
entregó en la suerte de matar y de ahí se esperó el toro, que le infirió una cornada
en el muslo derecho. El joven matador de toros, que tomó la alternativa el
pasado sábado, aguantó de pie la muerte de su enemigo y posteriormente se puso en manos
de los médicos de la plaza. Su herida no reviste gravedad.
Del resto de la corrida, mejor ni acordarse. De nuevo, la autoridad permitió que saltaran
al ruedo cuatro toros, en esta ocasión de Moura, anovillados. Su escasa fuerza y su
mansedumbre hizo que siempre buscaran las tablas y se
defendieran.
Nunca tuvieron ventaja los toreros, aunque Jesulín de Ubrique, en su segundo, ya muy al
final de la larga faena, consiguió lucirse con la mano izquierda, terminando por dominar
al novillete, que se paseó todos los tendidos durante la
lidia. Cerca
del toril,
Jesulín, con temple
y cierto gusto, se puso a torear al natural ante la
sorpresa de todos.
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