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Festejo de Abono
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA

Tarde del jueves, 25 de mayo de 2000
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Torrestrella (justos de trapío, inválidos la mayoría y de juego variado. El 4º fue el más bravo y encastado). 

Diestro: 

Entrada:  Menos de un cuarto

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo.


El Mundo-Andalucía. Carlos Crivell. Triunfo menor de El Juli

Paradojas de la Fiesta: El Juli salió a hombros por la puerta de Los Califas, mientras sus compañeros de terna, Enrique Ponce y Finito de Córdoba, lo hacían a pie. La paradoja es que los que habían toreado de verdad fueron los que salieron andando, mientras que El Juli no paró de correr en toda la tarde.

El toreo bueno lo hicieron Ponce y Finito, pero la mayoría de la plaza había ido a ver al joven torero madrileño. Ponce cuajó al cuarto de la tarde. El valenciano realizó una faena en ritmo creciente sobre los dos pitones, toreando muy templado, ligando los pases sin modificar el terreno y rematando siempre con monumentales pases de pecho. Pero la espada entró contraria y fue necesario el descabello.

Le cortó sólo una oreja. Una solitaria oreja es un premio mínimo para un toreo tan excelso. Sin embargo, con el que abrió plaza apareció el Ponce más rutinario, fácil y liviano.

Ver a Finito en su tierra es todo un espectáculo. El torero de Córdoba está creciendo en su tauromaquia, viene de triunfar en Sevilla y sus paisanos querían rendirse a su buen momento. Lo pudieron hacer porque Juan Serrano estuvo por encima del segundo de la tarde y dibujó carteles de toros en el quinto.

El segundo embestía al paso, no podía con su esqueleto, de tal forma que el torero necesitó llevarlo a media altura. Aun así, apareció el corte elegante y clásico del diestro cordobés.

Lo que ocurrió en el quinto fue una pena. Era un toro salinero, de poco trapío, muy noble, aunque sin fuerzas. Finito dibujó derechazos y naturales perfectos, largos y plenos del mejor empaque. Había sido una faena con muletazos de calidad, pero hay que exigirle a los toreros que se enfrenten a toros de verdad, algo que no cumplía el de Torrestrella.

Las orejas que cortó El Juli en el tercero fueron un regalo verbenero. La lidia de ese animal fue un muestrario vertiginoso de la tauromaquia del joven madrileño. Lo más brillante fue el tercer par de banderillas. Un prodigio de conocimiento y de capacidad física. Todo lo demás fue una sucesión de carreritas y latigazos con la muleta. La masa se entusiasmó y de ahí que cortara las dos orejas, después de una estocada delantera.

Con el sexto no fue posible. Fue otro inválido, sin recorrido, al que no le pudo dar apenas más que un par de muletazos. Se fue a hombros por la puerta de Los Califas, pero el toreo de verdad lo habían hecho Enrique Ponce y Finito de Córdoba.


El País. JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ.  Córdoba. Orejas de saldo

La plaza de Córdoba ha pasado de tener 701 espectadores en una novillada y algo más de mil personas en las corridas anteriores a ésta, a llenar su aforo (más de 14.000 localidades) en uno de los dos carteles de mayor expectación de la feria. Y se llenó de público triunfalista, de un público que aplaudía todo lo que se moviera sobre el redondel, excepto los del castoreño, que recibieron ciertas críticas sólo por señalar puyazos a toros justitos de fuerza.

Y con este ambiente, que se prodiga cada vez más por las plazas españolas, se aplaudieron pares de banderillas a toro pasado, capotazos sin fundamento y estocadas contrarias. Aplausos y más aplausos, así transcurrió la corrida.

Doce orejas traían los toros y cuatro se quedaron en manos de los toreros con el consentimiento del presidente, que ayer ejercía de hermanita de la caridad en funciones o de rey mago, pues regaló las orejas, sobre todo la que le corresponde a su exclusiva decisión, que insistentemente pidió el público bullidor.

La terna se enfrentó a un encierro de Torrestrella que desarrolló nobleza, sobre todo el que hizo cuarto. Muy justos de fuerza como queda dicho y sus encuentros con las cabalgaduras fueron breves. Todos muy cómodos de cabeza.

Y prueba de la euforia de los espectadores fue cuando Finito salió a recibir a su primero. En el primer capotazo que dio sonó un olé que lo oyeron en la otra punta de la ciudad. Con este animal, de poca transmisión y que fue perdiendo gas durante la faena, Finito, con la mano muy baja, intentó sacar pases y los consiguió uno a uno, que era como se los tragaba el toro. Un natural y un pase de pecho magníficos fue lo único destacable de su labor, que fue premiada con una oreja.

Con el quinto, la faena, construida sobre la mano izquierda, fue bajando de tono por la escasa fuerza de la res, que durante la lidia se echó en dos ocasiones. Y menuda bronca se llevó el presidente por negarle la oreja al torero. Claro, y es que el público no comprendía cómo se le podían dar dos a El Juli en su primero (la pidieron los espectadores con mucha insistencia) y a su torero negarle otra que le abriría la puerta grande.

Abrió plaza Enrique Ponce, que no obligó en ningún momento a su primer oponente. Si con la derecha Ponce pasó inadvertido, la faena con la izquierda no tuvo vibración. El toro fue apagándose poco a poco. Ponce tuvo el mejor toro del encierro, el que hacía cuarto. Se arrancaba de lejos, tenía recorrido y una embestida noble. Un bombón, en pocas palabras. A pesar de esta condición del animal, el torero no le bajó la mano en ningún momento y mantuvo la muleta a media altura. Su faena no tuvo profundidad.

Cerraba El Juli, que recibió al tercero con una larga cambiada y su faena fue de lo más vulgar. No dijo nada su toreo. Mas como veía el ambiente caldeado, se tiró de rodillas al final de su trabajo y dio varias manoletinas antes de cobrar un estoconazo. Con el que cerró plaza, el torito más complicado, El Juli no se comprometió. Ya tenía sus dos orejas en el esportón y su salida a hombros, y dijo de no torear.

Orejas de saldo para todos. Orejas regaladas por el público bullicioso que convirtió la corrida en una casquería. La gente fue a los toros a divertirse y lo consiguió. La plaza de Córdoba se resentirá de lo que ayer se produjo. Se trata de un coso de primera categoría al que apenas acude público en festejos donde se anuncian los que no son primeras figuras, pero que lo llenan en cuanto les suena el nombre de los toreros. También puede considerarse lógico, pero no lo es el comportamiento triunfalista, que dejó a la plaza a poca altura.

 

 

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