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Feria de la Salud
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA
Tarde del 31 de mayo de 2003
Corrida de toros
Crónica
de la prensa
  
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de El
Torero, bien presentados y manejables.
Diestros:
Entrada: más de media plaza.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC, El Día de Córdoba,
Taurotoro.
El País. RICARDO
R. APARICIO.
Petardo de orejas
Lluvia de orejas en la última corrida del abono. La generosidad sin
límites del público y la escasa personalidad de la autoridad
convirtieron el resultado final del festejo en un auténtico petardo. Lo
más sobresaliente, el encierro de El Torero, con toros encastados,
bravo el primero, casi todos con movilidad y dispuestos a darle el
triunfo a los toreros. La incomodidad del viento impidió verlos en
mejores terrenos. De todos ellos, el mejor fue el primero, que se empleó
en todos los tercios.
Jesulín, que se olvide de los dos apéndices que le abrieron la
puerta de Los Califas y examine con detenimiento la obra construida ante
su lote. Con una faena vulgar, sin chispa, ventajista, dejó escapar el
mejor toro del encierro y de la feria. A una embestida fija y repetitiva
el gaditano respondió con escaso temple y lagunas técnicas. Idénticos
parámetros en el del ficticio triunfo. No hilvanó ninguna tanda y buscó
el calor del tendido en un arrimón que no merecía la condición del
toro. Estocada fulminante.
Finito tardó en acoplarse al excelente son de su primero. A la faena
le faltó la lógica sincronización. Los mejores muletazos llegaron
cuando ya estaban rendidas las fuerzas del animal. A las tandas
iniciales les faltó más decisión. Con el festejo en su punto álgido,
Finito apenas pudo emplearse con el quinto, el más parado del encierro.
Muletazos aislados en una faena en la que el torero exigía mucho más a
su oponente, que se quedó muy pronto parado.
El sevillano Morante, a su aire. Administra con demasiado celo el
arte que atesora y en Córdoba sólo dejó aromas refrescantes. Tardó
en entrar en su primera faena, a la que le faltó armazón. Detalles
pintureros en el de cierre, donde apenas se esforzó. El toro no era de
su condición y se alivió. Las cosas de Morante.
ABC.
EFE. Jesulín, por la puerta de los
Califas en la Feria de Córdoba
Jesulín de Ubrique fue el único en
salir a hombros por la Puerta de los Califas de la Plaza de Toros de Córdoba
en la Feria de Mayo, tras cortar dos orejas a su segundo toro. Se
lidiaron seis toros de Salvador Domecq, «El Torero», bien presentados
y nobles, a excepción del quinto y el sexto, que se pararon un poco
pero que sirvieron en líneas generales.
Jesulín de Ubrique, palmas tras aviso y dos orejas; Juan Serrano «Finito
de Córdoba»; oreja y saludos. Morante de la Puebla; oreja y saludos.
Finito toreó con mucho sabor a su segundo, aunque no rubricó su
buena faena a causa de la espada, mientras que Jesulín estuvo entregado
toda la tarde y cuajó una faena de mucho mérito al toro al que le cortó
las dos orejas. Morante de la Puebla dejó en su primero pinceladas de
mucho gusto pero sin llegar a consolidar la faena que sabe imprimir
cuando torea sin apatía. La plaza registró casi tres cuartos de
entrada en tarde de agradable temperatura.
El
Dia de Cordoba. FRANCISCO
JAVIER DOMINGUEZ. Devaluación
en Los Califas
La plaza de toros de Córdoba quedó ayer herida
de muerte tras un bajonazo del presidente. El usía, Manuel Rodríguez,
se entretuvo en otorgar la segunda oreja del cuarto a un Jesulín que,
aunque digno y templado, no rayó a gran altura. Los Califas y su
prestigio rodaron por los suelos porque aquello pareció una plaza de
pueblo, facilona, donde la sonrisa profident de un torero y las
alharacas triunfalistas del público contribuyeron al corte de orejas más
que varias series de naturales cargando la suerte y rematados atrás.
Porque Jesulín, reitero, no pasó de discreto con el cuarto, un toro
noble y que se arrancó con cierta alegría a su muleta cuando toreaba
en el tercio del tendido dos. Toro algo terciado, como casi toda la
corrida, y bondadoso, tuvo las fuerzas justas. Sin embargo, el de
Ubrique busco el éxito a toda costa. Comenzó su faena de rodillas para
alegrar a ese sector de la parroquia que luego le pidió los trofeos.
Hubo sin embargo una segunda serie templada por la derecha, donde se vio
que el toro tenía condición para ir de largo. Jesulín, quien realizó
toda la faena en el tercio, acortó pronto distancias y restó
importancia al toro. Redondos y un arrimón prepararon al toro para el
momento de la verdad. La estocada, fulminante, encrespó a los tendidos,
que se blanquearon de pañuelos. Dos orejas y luego protestas al
presidente. Inaudito bajón de categoría a la plaza.
Cuando el presidente concedió la segunda oreja, muchos aficionados
se echaron las manos a la cabeza en señal de decepción. Pero si se
quiere buscar algo positivo del triunfo de Jesulín, fue que encorajinó
a un Finito que debía justificar sus dos tardes en casa, mas eso es
harina de otro costal.
Antes, Jesulín había estado a la par templado y largo con el que
abrió plaza. Muy centrado y en su linea de torero técnico. Este toro
fue empalagoso por dulce, noble y pastueño, por eso el diestro de Cádiz
pudo engarzarle series de cuatro muletazos y el pecho con relajo. Mató
de casi entera pero se equivocó, porque en lugar de ir a por el
descabello esperó a que el toro doblara. Tardó mucho en morir y el
espacio de tiempo supuso que el público se enfriara. Perdió por ello
la oreja.
A por los trofeos del segundo salió Finito. Éste fue el mejor
presentado de la corrida de El Torero. Colorado, altito de agujas y con
más de 600 kilos, llegó a la muleta con movilidad, pero con un
defecto: propinaba un incómodo derrote al final de cada muletazo por el
pitón derecho. Finito, a quien todo el mundo tiene catalogado como
torero artista y se olvida su depurada técnica, cuidó que no le topase
el toro el engaño, pugnó por desengañar al animal en tan incómoda
querencia, le quitaba la muleta a tiempo y, gracias a esto, pudo limar
esa aspereza propia del genio que tiene el de Domecq. Así las cosas,
consiguió dos primeras series aseadas, sin que el toro se orientara. La
tercera serie, por el izquierdo, tuvo muletazos con aroma a toreo bueno
y regusto puro. Engarzó bien la embestida en una quinta serie al
natural templada y con un largo de pecho. El toro vino a menos y
primaron entonces los cambios de mano y los remates airosos. Aunque tuvo
muchos muletazos de categoría, la faena tuvo altibajos y por eso no
alcanzó mayores cotas. Faltó quizá algo de ritmo a su labor para
animar a la concurrencia, por eso sólo cortó una oreja.
En el siguiente que estoqueó, estuvo voluntarioso, con ganas de
agradar. Lo lidió personalmente en varas y banderillas, algo raro en un
Finito que no parecía querer perder la partida con Jesulín. Quería
cuidar al animal, que llegó con nobleza a la muleta pero con las
fuerzas muy justas; se derrumbó varias veces. Estuvo bien y demostró
solvencia muletera cuando ejecutó un redondo largo, templado y
cadencioso. La faena tuvo buenos momentos al final. Cerró su balance
final de Feria con una oreja en cada una de sus tardes.
Otra oreja se llevó Morante del tercero. El sevillano tiene arte y
sabe vender el pescao, aunque tras sus ropajes barrocos de sevillanía
hay escasa profundidad. Todo es muy bonito, estético incluso, gusta
verlo, pero debe plantearse aspectos tan básicos del toreo como
cruzarse al pitón contrario y cargar la suerte con más verdad. En el
tercero consiguió series artísticas, con muletazos por ambas manos
bien rematados. A eso unió sus habituales cambios de mano, que son
carteles de toros, y molinetes.
Con el que cerró plaza y casi Feria, hoy se esperan los rejones, sólo
consiguió algunos muletazos sueltos en una porfía en la que toro y
torero caminaron por sendas distintas. Un hecho significativo: el público
abandonaba los tendidos antes de que el concluyera el festejo. Quizá
esto demuestre la desilusión que ha supuesto la Feria.
Taurotoro.
Un Jesulín exquisito, abre la Puerta de
los Califas
La última corrida de a pie del abono del Coso de los Califas, se
saldó con un gran encierro propiedad de Salvador Domecq. Toros de buena
presentación y de gran juego por nobleza y calidad. Qué embistan
cinco, de seis, es un lujo para la fiesta, tal y como están los
tiempos. Con este material los diestros se encontraron muy a gusto y
contentaron mucho, a los aficionados que se dieron cita en la bella
plaza cordobesa.
Jesulín de Ubrique que abría cartel se encontró consigo mismo, con
un toreo en ambos toros de gran temple y técnica. En su primero realizó
una faena de ligazón y temple exquisito, destacando el toreo al
natural. En el epilogo de su labor, paso ha acortar las distancias y se
metió entre los pitones, fiel a si mismo. Se entretuvo en no querer
descabellar y enfrió la cosa perdiendo la muy posible oreja. En el
cuarto, que brindó al quinto Califa “El Benítez”, desarrollo
nuevamente su repertorio de técnica envidiable. Tras presentársela en
la cara y llevarlo largo por ambos pitones, pasó a meterse a escasos
centímetros de las astifinas astas, tanto acortó las distancias, que
el toro no cabía literalmente entre él y la muleta, incluso le rozó
la taleguilla en un par de veces. Se clavó en el albero y se lo pasó
una y otra vez, como si jugara con el noble animal. Mató de gran volapié
y por fin, se abrió la Puerta de los Califas.
Finito también brilló a gran altura en su lote. Toreo de forma
esplendida a su primero, con un toreo de muchos quilates. Lo entendió a
la perfección con una faena justa y medida, llena de naturales ligados
y cadenciosos. Siempre lo llevó con gran virtud metido en la franela,
con mucha suavidad y sintiéndose torero. El quinto se lastimó tras la
salida del caballo, con una voltereta inoportuna. Juan se sobrepuso a
este contratiempo y quería compartir la salida a hombros con su compañero
gaditano. Se echó la muleta a la izquierda y recetó un par de tandas
de profundidad y cadencia. Lo justo para tener el triunfo en la mano,
pero la espada no quiso entrar. ¡Una lastima!
Cerraba la terna el sevillano Morante de la Puebla y también se sumó
al carro del triunfo, cortando una oreja a su primero. En el tercero con
una labor llena de mucho pellizco y sabor artístico, se le vio
entregado y a gusto. No hubo una faena redonda, pero sí calidad por
doquier, en las muñecas de José Antonio. En el sexto, que fue
castigado en demasía en varas, estuvo aseado y correcto con él. El
toro se paró en el último tercio y se defendía en la muleta. Poco
pudo hacer Morante, ante el único toro que no dio juego, de buen
encierro de El Torero.
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