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Feria de la Salud
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA

Tarde del 29 de mayo de 2003
Corrida de toros

Crónica de la prensa

Enrique PonceEl JuliCésar Jiménez

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Zalduendo, bien presentados e interesantes en general. Destacó el bravo y repetidor 3º. Pesos: 562, 536, 517, 557, 569 y 590 kg.

Diestros: 

  • Enrique Ponce, (purísima y oro). Ovación y saludos y Oreja

  • El Juli, (grana y oro). Gran petición de oreja y bronca a presidente por no concederla y ovación y saludos.

  • César Jiménez, (verde oliva y oro). Oreja y ovación y saludos.

Entrada: tres cuartos de plaza.

Crónicas de la prensa: Taurotoro, El País, ABC, El Día de Córdoba


TaurotoroLa terna ofrece una buena tarde 

La terna de hoy ha ofrecido una buena tarde de toros y el público ha salido medianamente satisfecho. Debió llevarse un mejor sabor de boca, si no es por el protagonismo del palco, ya que le quitó el presidente de forma incomprensiva la oreja al Juli. Habrá que preguntarse el motivo, cuando el público en pie así lo solicitaba y al menos la primera es potestad del respetable. Condicionó con ello al resultado final del festejo, ya que de concederla, no hubiera escatimado esfuerzos con César Jiménez que se llevó una después de una muy buena faena.

Enrique Ponce, es obvio decir que está en un momento de gran esplendor. El valenciano estuvo con gran maestría ante su primero, sin darle nunca un tirón para que no se le viniera abajo. Suavidad y pulcritud en una labor llena de estética, a la que le faltó algo de transmisión por la embestida sosota del toro. En el cuarto de embestida bravucona se mostró en figura, con un toreo de ligazón  y temple. Se relajó en pases con la diestra y bajó algo de tono con la izquierda por la perdida de gas del astado.

El Juli formó un lío con los palos, al igual que en su primera tarde en el segundo. Con la muleta estuvo importante con un toreo muy ligado y reposado. Instrumentó series de gran recorrido presentado siempre la muleta adelante y se gustó en el toreo al natural. Se perfilo y se tiro detrás de la espada, haciendo rodar al toro sin puntilla y después vino, lo del palco…En el otro no tuvo opciones, se negó a embestir y nada pudo hacer, salvo matarlo de otro gran volapié.

César Jiménez se llevó el mejor lote del interesante encierro. Su primero bravo y repetidor, siguiendo los vuelos de los engaños hasta el final y el sexto tuvo veinte pases hasta que se apagó. Con esto Jiménez, siempre muy dispuesto y decidido, cuajó una gran faena al tercero. Basó su labor mayoritariamente por el pitón izquierdo y enjaretó varios naturales de gran profundidad y hondura. Se quedó siempre bien colocado para dar el siguiente, y abrochó las series volcándose al toro con los de pecho. En el último aprovecho las primeras embestidas, con un toreo muy vertical, en una faena de más a menos y también pudo tocar pelo si no se pone algo pesado con la espada.


El País. RICARDO R. APARICIO. César Jiménez pide sitio

Pocos aspectos positivos dejó la segunda corrida de feria, sobresaliendo la buena imagen del debutante César Jiménez. La fragilidad del encierro de Zalduendo, sin llegar a las cotas negativas de los toros de El Capea de la tarde anterior, cercenó los deseos de los matadores. Una tarde de toros que quedó maquillada con los detalles de César Jiménez.

Enrique Ponce y Córdoba se gustan de siempre. Esta debilidad del torero se traduce, año a año, en el esfuerzo del diestro por triunfar por encima de todo. En su segundo alargó innecesariamente una faena armada con consistentes tandas con la mano derecha en las que el de Chiva ligó y templó larguísimos muletazos. El toro desmayó su esfuerzo colaborador cuando Ponce intentó torear al natural, donde no se alcanzó el lucimiento deseado. El morlaco pedía la espada y Ponce, más con el corazón que con la cabeza, quiso seguir toreando en su eterno deseo de agradar. Consiguió la oreja después de un buen espadazo. A su primero, un inválido que debió volver a los corrales, lo mantuvo en pie con exquisita técnica. Faena con la muleta a media altura, sin transmisión y con escaso eco hasta en el propio matador.

Faena desigual
Peleó con un lote muy irregular El Juli, algo mejor el primero, muy medido de fuerzas, al que realizó una faena desigual y con falta de continuidad. Lo mejor, en el inicio, donde los muletazos en redondo fueron largos. El madrileño se quedó sin argumentos cuando el toro comenzó a defenderse y se sacó de la talega el muestrario de diario, tan del gusto de los tendidos. La estocada no cayó en buen sitio y la presidencia negó una oreja que fue muy solicitada. Con el disgusto en el cuerpo y sin digerir no quiso pelearse con el segundo de su lote, inválido y de bronca embestida, y al que el madrileño no quiso domeñar. Algunos aficionados le protestaron su escasa diligencia y que no se le conocía a El Juli por estos lares.

César Jiménez no quiere perderle la cara a las estrellas del escalafón. Con el desparpajo de los recién llegados, con ese estilo tan personal que interpreta, no cedió un ápice en el ruedo. Rompió el ritmo de la corrida en su primero, un toro muy justito de presencia, pero que sirvió para el último tercio. Más templados los muletazos con la derecha, dándole distancia al toro. Tuvo que enmendarse en el toreo al natural, series en las que el madrileño abusó de las ventajas. El toreo de César Jiménez llega al tendido, que supo corresponderle con la petición de la oreja. Faena de similar estilo al que cerraba plaza y a la que no supo encontrar final cuando acariciaba de nuevo el triunfo. Esta vez mató mal.


ABC. ANDRES DORADO. Ni sí ni no, ni blanco ni negro

Mal anda la cosa en las dehesas, por lo que estamos viendo, a la desesperante falta de fuerzas que ya se ha convertido en el pan nuestro de cada día, se une, y cada vez con más frecuencia, la falta de casta, que es la base del toro de lidia. Sin casta, la nobleza se convierte en bobaliconería y la corrida discurre por los senderos de lo «desangelao». Así, aún siendo de verdad todo lo que pasa en el ruedo -que lo es-, parece como si aquello fuese una representación teatral que ya tiene establecido el argumento de antemano. Y por si fuese poco, cuando como ayer un presidente se quiere poner en la línea «anti Juli» y niega por sus reales un trofeo pedido por abrumadora mayoría, la cosa se pone peor, porque la gente, los que mantienen este negocio, acaba pensando que todo el mundo le toma por el «pito de un sereno», le venden toros de lidia y le dan animales amorfos.

Muy blandito, sin «chicha ni limoná» el que abrió plaza y Ponce, al que nadie va a descubrir a estas alturas, le dio tiempo, distancia, muletazos en línea recta, aliviando las mortecinas embestidas, para intentar después bajar la mano y alargar en lo posible el recorrido. No había nada que hacer; por muy bien que se colocaba Ponce, en la distancia justa, sin atosigar y sin forzar para nada la voluntad del animal, no fue posible. El cuarto se desempleó en el capote de la misma forma que sus hermanos de camada, pero luego, en la muleta, pareció que iba a tener algo más de motor. ¡Qué va! Lo que ocurrió fue que Ponce le puso en juego toda su capacidad torera y tapó con su inteligencia y casta las carencias del toro, consiguiendo dos tandas sobre la mano derecha con mucho temple, con torería y con fibra. Lo intentó por el izquierdo, pero nada había que hacer por allí pese a que supo robarle una serie, que sin ser extraordinaria tuvo sello. Mató muy bien a este toro.

Juli volvió a conectar con los tendidos a fuerza de entrega. Banderilleó con precisión. Con la muleta puso toda la raza que le faltó al animal, consiguiendo ligar dos series con la izquierda de auténtica calidad, con cadencia y mucho temple. La diestra brilló también a buena altura y hubo un circular invertido completo a cámara lenta que hizo crujir la plaza. La estocada, entrando a ley, quedó algo desprendida y la bronca del público al presidente fue de órdago al no conceder el trofeo pedido con absoluta unanimidad. Al quinto era imposible sacarle partido .

Hacía su presentación César Jiménez en Córdoba y se llevó el único toro que sirvió, un gran toro que repitió con dulzura un montón de embestidas. Jiménez inició su faena en el centro del ruedo con seis muletazos, rodillas en tierra. Ligó una faena que tuvo la virtud de la variedad y de ese toreo vertical que practica y que no está exento de largueza, temple y buen juego de muñecas. Al sexto le inició la faena con un pase cambiado por la espalda, sacando a relucir después todos los efectos especiales que este torero maneja a la perfección, pero el trasteo careció de verdadero argumento.


El Dia de Cordoba.  FRANCISCO JAVIER DOMINGUEZ.  Las esperanzas quebradas

Hubo momentos en la corrida de ayer en los que el aficionado se ilusionó. Espacios de tiempo indeterminados donde parecía que la diosa Fortuna dejaría el oscuro chiquero donde se aloja para saltar al ruedo y ofrecer un espectáculo acorde con las esperanzas de los aficionados. Pero los deseos de paladear el toreo en toda su extensión se quebraron.

Al menos tres toros de la bonita y variada de comportamiento corrida de toros que envió Fernando Domecq desde Moheda de Zalduendo levantaron los ánimos de los sufridos pagadores. Los dos del lote de César Jiménez y el segundo de Ponce, cada uno a su estilo, aparentaron condiciones para que la Feria tomara otros vuelos.

El toro de Ponce, sin ir más lejos, suelto de salida, montado arriba, cabezón, pero más escaso de cara y enmorrillado fue un manso con casta de los que rompen a embestir en la muleta. No jugó bien en varas y demostró poca fijeza en las telas que le ofrecían los toreros. Anduvo a su aire un tiempo, pero la competente cuadrilla de Ponce y el propio matador le cerraron a tiempo el cerco para que saliera su fondo de casta.

Allí se quebró una de las varias esperanzas de la tarde. Como el toro tomó bien la muleta al inicio del trasteo del valenciano, que comenzó por bajo, en torero y ajustado, la afición calentó motores. Una primera serie con la derecha, otra por el mismo, bien rematada, y la tercera por el izquierdo, aseada, compusieron el prólogo de la rajada paulatina del toro. Al final, muletazos sueltos de Ponce, citando de frente. Qué lástima, pensó el respetable. Porque un voluntarioso Ponce, en figura, no acabó de rematar por culpa del cuarto. Con el primero, destacaron algunos naturales con clase y uno bueno de pecho. Estuvo por encima del toro.

Las otras dos ilusiones pasajeras de la tarde llegaron de las telas de César Jiménez. Muy decidido y con inmensas ganas de agradar, el torero de Madrid demostró que no es baladí la fama de la que venía precedido. Es variado y tiene gusto el chaval. Sin embargo, pese a tener el mejor lote de la tarde, no alcanzó el cenit.

Su primer oponente llegó a los vuelos de los capotes en el caballo humillando, entregado, con trote y hechuras de toro bravo. En la muleta rindió bien durante el primer tramo de la faena. Allí se sintió a gusto Jiménez. Antes, había desmayado verónicas a pies juntos en los medios y fue el inicio con la muleta de rodillas cuando el público comenzó a entregarse con el rubio torero. Hubo dos buenos derechazos en la primera serie, relajado y en los medios. El de pecho también resultó del agrado de la afición, que lo coreó.

La segunda serie tuvo pausa, aunque algo encimista, y en la de naturales donde habitó el reposo, rematando con otro de pecho de bella factura. A partir de entonces, el toro comenzó a bajar su rendimiento, pero siempre dentro de su calidad. A la par, el torero comenzó a usar redondos, molinetes y manoletinas. Fue una pena que el toro no durara al nivel del comienzo de la muleta durante más tiempo. Más de media sirvió para cortar una oreja con fuerza.

El sexto resultó un noble manejable que contentó a los tendidos con arrancadas de largo. Peor que el anterior, gastó antes sus fuerzas y sólo sirvió para que el torero luciera en quites con el capote: delantales, afarolado y larga cordobesa. Con la pañosa, cite de valiente en los medios y dos buenas series. Luego, desplantes y rodillas. Digno cuando acortó distancias.

Todo el mundo pensó que El Juli era su esperanza blanca, pero sólo pudo brillar, de forma relativa, en banderillas con su primero, con el que consiguió momentos buenos con la muleta. El público pidió una oreja que el presidente no concedió. Con el flojo quinto, sólo destacó al volapié. Nueva lección magistral.

 

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