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Feria de la Salud
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA

Tarde del 27 de mayo de 2003
Novillada

Crónica de la prensa


FICHA TÉCNICA

Manuel EscribanoJavier BenjumeaManuel Martínez

Ganadería: Utreros de Yerbabuena, muy bien presentados y con cuajo. Con calidad y nobleza aunque justos de fuerzas, que dieron buen juego en general. Pesos: 460, 514, 447, 512, 521 y 480 kg.

Diestros: 

  • Manolo Martínez, (burdeos y oro) Oreja y ovación y saludos.

  • Manuel Escribano, ( verde botella y oro) Oreja y vuelta tras aviso.

  • Javier Benjumea, (grana y oro) Oreja y vuelta al ruedo

Entrada: media plaza.

Crónicas de la prensa: Taurotoro, El País, El Día de Córdoba


Taurotoro. Oreja por coleta y novillos de calidad

El segundo festejo de abono cordobés se saldó con una oreja por coleta, aunque pudieron ser más, sí Escribano no falla con la espada en el quinto.

Manolo Martínez demostró muy buenas maneras en sus dos oponentes, con un toreo muy reposado y con gran pulcritud. En el que abrió plaza cuajo tandas muy templadas por el pitón izquierdo, citando siempre de frente. Cerró su actuación con una buena estocada que bien valió la merecida oreja. En el cuarto poco pudo hacer, salvo pegarse un arrimón por la corta embestida del animal.

Escribano fue el más destacado de la tarde y debió abandonar la plaza con más orejas en su haber. Manuel estuvo muy animoso y eficaz con las banderillas, realizando tercios vibrantes en ambos “toros”. En el segundo de la tarde realizó una faena de buen corte, llena de suavidad y temple. Bajó mucho la mano y alargó la embestida del noble novillo por ambos pitones. En el quinto tenía las oreja cortadas pero la espada le jugó una mala pasada. Realizó una labor llena de entrega y buen toreo, con ligazón en naturales largos y hondos. Con la franela en la diestra, instrumento series largas y de gran profundidad ante un gran ejemplar de Ortega Cano.

Por su parte, Javier Benjuema  que debutaba con picadores dejó una grata impresión en su presentación en Córdoba. Tiene este joven chaval, un toreo muy definido y con sello propio. Ante el tercero basó su faena por naturales y desgranó una faena de corte clásico y relajo, ligando siempre con el de pecho. En el que cerró el festejo, estuvo voluntarioso y con ganas, aunque la encasta embestida del astado lo puso en apuros en algunos compases de su labor. Lo mejor la estocada a un torito por “hechuras”.

En definitiva tarde muy interesante, con chavales dispuestos y novillos de calidad y nobleza aunque justitos de fuerzas.


El País. RICARDO R. APARICIO. Novillada light

Apenas apuntes los que dejó la segunda novillada de la feria taurina de mayo, donde lo más destacado puede quedar en la excelente presentación del encierro que mandó al coso cordobés José Ortega Cano. No es costumbre encontrar un lote tan bien presentado y el ejemplo lo tenemos en la novillada del sábado de impresentable cuajo. Ayudaron también los novillos de Yerbabuena al buen desarrollo de la lidia, dejándose llevar hasta donde las fuerzas acompañaron en las faenas de muleta.

Lastimosamente, a pesar de que los toreros pasearon por el anillo tres orejas, todo el festejo resultó light, demasiado gris, y en los momentos que parecían apuntarse posibilidades, los picadores pegaron en exceso a las reses, especialmente al cuarto y quinto, los de mejor cuajo, y que ya nos gustaría ver en las corridas de toros que durante la semana se van a lidiar.

El cordobés Manolo Martínez vino a refrendar lo que de él ya conocen los aficionados. Su toreo clásico, con buen conocimiento de los terrenos, no termina de romper en los tendidos. Pese a la escasa fuerza de su primero realizó una faena bastante hilvanada. Mató de una gran estocada, sin lugar a dudas lo mejor de toda la tarde, que ya mereció el premio de la oreja. Poco pudo hacer ante su segundo enemigo al que pegaron mucho en el caballo. El novillo terminó por amorcillarse y a base de mucho pundonor Manolo Martínez consiguió sacar algunos pases. Se le agradeció la brevedad.

Distancia
Lucido, hasta cierto grado, pasó por Los Califas el sevillano Manuel Escribano. Garboso con las banderillas, tuvo su momento de plenitud en el toreo al natural a su primero. Fueron pases sueltos, de gran calidad, con la mano muy baja. El resto se perdieron en la falta de remate y quizá, sobre todo en el primero de su lote, por no acertar a darle la suficiente distancia a su enemigo. Faena de pespuntes al quinto de la tarde, aplaudido cuando saltó al ruedo. Demasiados altibajos en una faena que fue perdiendo el tono mientras el torero se empeñaba en enjaretar nuevas tandas. Dio la vuelta al ruedo por su cuenta.

Debutó con picadores Javier Benjumea. Menos placeado que los compañeros de terna acusó más defectos de la cuenta. Tiene que mejorar mucho con el capote. Sin embargo, tuvieron desparpajo dos tandas con la mano zurda en su primero, la segunda de ellas con naturales largos y ligados. También tuvo el premio de la oreja.

Pese a los premios, el festejo no dejó ningún sabor. Y menos aún recuerdos. 


El Dia de Cordoba.  FRANCISCO JAVIER DOMINGUEZ. Yerbabuena pide toreros

Los dos guiris que compraron por la mañana entradas para el tendido uno, el de los aficionados, no sabían que su gesto tipical spanish les costaría una sarta de bostezos y una siesta vespertina sobre una almohadilla blanca de Taurotoro. Porque los novilleros que actuaron ayer en Los Califas no estuvieron a la altura de la novillada de Yerbabuena, que mostró juego variado e interesante para el aficionado. Ortega Cano, propietario de este hierro, envió desde las dehesas sevillanas donde pastan los toros del cartagenero un encierro bien presentado, con cuajo, propio de plaza de primera. Sólo basta repasar el abanico de pesos que registró la novillada en la báscula, cuyos valores oscilaron entre los 447 y los 521 kilos.

Estos aficionados extranjeros en ciernes, llegados desde sabe Dios dónde, vieron cómo Manuel Escribano, uno de los referentes del escalafón de novilleros, no estuvo a la altura de las voces y expectación que suben Guadalquivir arriba; contemplaron a Manolo Martínez en un quiero y no puedo con los dos de su lote, que fue el peor, y presenciaron el atisbo de personalidad torera y la carencia de fondo técnico que tiene Javier Benjumea, quien debutaba ayer con picadores. Él y ella, los dos turistas, se durmieron en Los Califas. Sólo les despertó la vuelta al ruedo entre aplausos que Benjumea recorrió por su cuenta en el sexto.

Los seis de Yerbabuena pertenecían a la línea Domecq que tiene Ortega. El primero fue un animal fino de cabos, justo de fuerzas, que se cayó tras dos encuentros con los montados. Llegó a la muleta con escaso motor y, aunque no presentó problemas, se quedó parado en el ecuador de la faena de muleta. Martínez intentó sobarlo mucho para que aquello llegara al tendido. Pero el toro se fue apagando y el cordobés no supo añadir sal a aquel gazpacho tan insulso. Dignidad y trasteo pulcro, pero poblado de muletazos sin sentido. Hubo, sin embargo, algún natural profundo citando de frente. Lo mejor fue el inicio por estatuarios sin rectificar los terrenos con los que comenzó su trasteo. Al final, estocada al volapié de buena ejecución.

Con el cuarto, el peor del encierro, que rompió en marmolillo parado y sin casta al final de la faena tuvo que porfiar duramente para poder alargar el brazo y que de allí brotara el toreo. En el tercio, Martínez se empeñó en pegar pases al buey de carretas, pero todo quedó en leves pitos del público ante lo absurdo del arrimón al que recurrió ante la pasividad de su oponente.

A esas alturas, los guiris ya se habían dormido. Se despertaron en otras dos ocasiones con las banderillas de Escribano, quien no hizo por conservar la vitola que le precedía. Le correspondió al rubio de Sevilla el mejor toro del encierro. Informador, que así se llamaba el quinto pupilo de Yerbabuena, fue un toro aplaudido con razón en el arrastre, altito de agujas, largo para lo que es propio en su encaste, enmorrillado, con dos leños por delante y que se venía de largo en la muleta. Con vibración, en definitiva, porque tenía en sus intenciones de bravo 20 muletazos de cartel. Hasta eso lo entendieron los guiris. Y Escribano que cita de largo, ve que allí hay carbón para rato y comienza a acortar distancias entre él y su novillo. No le cogió su sitio, no lució al toro, estuvo acelerado y sólo pudo hilvanar muletazos sueltos con ambas manos sin rematar atrás, dando salida hacia afuera.

Lo mismo le ocurrió con el primero de su lote, un ejemplar con recorrido y manejable al que sacó algún muletazo pulcro y hondo, aunque aquello no tuvo continuidad ni hilo conductor alguno. Comenzó su faena de rodillas, la primera con la derecha fue aseada y hubo naturales de buena factura, pero de irregular ritmo. Cortó la oreja que pidió el público, mas debió ser más honesto en los remates de los muletazos.

En banderillas sí estuvo bien Escribano. Domina los terrenos y clava bien en la mayoría de las ocasiones. En su primero hubo un espectacular par iniciado hacia los medios y rematado por los adentros. Al quiebro el tercero, con soltura y agilidad. Con el quinto, espectacular par al quiebro con violín, que puso a la gente en pie pese a que los palos cayeron bajos.

Cerraba la terna el hijo de Pedrín Benjumea, Javier, que ha debutado demasiado pronto. Su bagaje es escaso y está verde. A eso hay que sumar las dos pésimas lidias que realizó su cuadrilla. Su primer novillo, noble y manejable, mereció más, porque las series fueron poco continuadas y sólo hubo muestras de una incipiente personalidad, que puede crecer si gana en oficio.

El sexto fue toro incierto y probón, que no le dejó estar a gusto. Demasiado baile de zapatillas y momentos de apuro con este cornalón que cerró plaza, justo en el momento en que los dos guiris volvieron a despertarse. Por dormirse, se perdieron algo que, en algunos momentos, se pareció, más que a un festejo de Feria, a una pequeña pesadilla.

 

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