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Feria de la Salud
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA

Tarde del 28 de mayo de 2002
Corrida de toros

Foto de Javier Martínez. TorosComunicación
El Juli cortó tres orejas el martes de feria

Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de José Luis Marca, desiguales de presentación y juego. 

Diestro:

Entrada:

Crónicas de la prensa: El País, El Día de Córdoba, TorosComunicación.


TorosComunicación. Francisco Mateos  

La primera corrida de toros cubrió las expectativas. Pese a ser martes, el público respondió al atractivo cartel y el coso de Los Califas presentaba un inmejorable aspecto, casi lleno. Enrique Ponce demostró en sus astados, muy distintos, por qué sigue siendo referente del escalafón. El primero, un cinqueño con kilos, se dejó torear. Aunque justo de fuerzas, la técnica del valenciano hizo que aguantara en la muleta, con un trasteo que se realizó siempre en los medios. Estuvo mejor Ponce por el derecho, porque cuando lo intentó con la zurda hubo enganchones y menos acoplamiento. La ligazón y la inteligencia fueron las mayores virtudes de esta primera faena, que estropeó con la espada, perdiendo un trofeo.

En el cuarto, un toro en el que ni él mismo confiaba -cuando iba a brindarlo al público, a la altura de las rayas de picadores, dio marcha atrás- logró que poco a poco se rindiera a su poderosa muleta y le hizo embestir. El toro terminó entregado tras unas tandas de muletazos con clase y mucho poder. Lo de mayor calidad llegó en las postrimerías del trasteo, cuando Ponce cogió la muleta con la zurda y, plegándola primero como hiciera el sevillano de San Bernardo, lanzaba el 'cartuchito de pescao' justo cuando se arrancaba y lo embarcaba en la muleta en un largo natural. Tras estocada y un descabello se le concedieron las dos orejas.

Finito de Córdoba apuntó buenos lances tanto en el saludo como en el quite del segundo de la tarde. Era toro pronto y repetidor, aunque remataba con la cara demasiado alta. En la muleta, mejor por el derecho; por el izquierdo, con altibajos. Le faltó a la faena ser más compacta, aun cuando hubo momentos buenos. Al Finito figura del toreo hay que exigirle más. El quinto fue devuelto y tardó casi media hora en que, tras la inoperancia de los cabestros, lo finiquitara Finito. Eso rompió el sentido ascendente que había marcado la corrida. El sobrero fue toro muy deslucido, topando, sin embestir, aunque tampoco Finito apretó el acelerador.

El tercero de la tarde, primero de El Juli, fue un toro más remiso a embestir, casi 'rajado', rehuyendo la pelea. El torero madrileño no lució en banderillas. En la faena le puso muchas ganas y se esforzó para sacarle muletazos sueltos a los que le faltó continuidad. La estocada final, de rápidos efectos, fue más que decisiva para la concesión del trofeo, que fue protestado por un sector.  En el sexto se creció El Juli. Ahora sí brilló en banderillas y el torero arreó en la faena, subido de moral. Tuvo que tragar ante una animal incierto y ciertamente reservón, que no era fácil. Aguantó parones y expuso. Faena de pundonor que, tras estocada caída, le valieron las dos orejas.


El Día de Córdoba. LUIS NIETO. Ponce, pinceladas maestras, y El Juli desata su casta torera

La corrida ascendió en pasión a partir del tercero, al que El Juli le cortó la primera oreja. Con el cuarto, emergió un Ponce en maestro, que desorejó a su oponente. Y en lo que fue una sierra de dientes, el festejo se rompió tras la devolución del quinto. Porque hasta media hora intentó inutilmente la parada de cabestros meter a este astado de Marca. A pesar de ello, aunque Finito se viniera abajo tras este impás terrible, subió en grados el espectáculo con un Juli embalado que, como postre, en uno de esos ataques de casta y rabia torera que le caracterizan, se metió al sexto toro y al público en el bolsillo.

Con los toros sucedió lo mismo. Tarde atípica, con astados de hasta cuatro hierros diferentes, de hechuras diversas y en los que tercero, quinto y sexto estuvieron por debajo de las exigencias de una plaza de máxima categoría, como es la de Córdoba.

Ponce no forzó con el capote al que abrió plaza, un colorao que embestía a media altura. El valenciano, sin molestarle, le fue confiando. En las afueras, en tandas por ambos pitones, brillaron varios naturales y un par de pases de pecho. Faena a más, que no remató con la espada, por lo que perdió un trofeo.

Con el cuarto sacó a flote su sabiduría, su capacidad, con un toro noble, pero sosote. Si a la verónica se estiró bien, con la franela, en el platillo, ahondó en la condición del toro, que entraba a regañadientes. Cabeza fría, dominio de la situación y, tras un despliegue algo frío en las primeras tandas, puso la sal que le faltaba al toro. Tandas medidas y con brillantez, fundamentalmente por el pitón derecho, ya que por el izquierdo calamocheaba. La faena creció como la espuma. Y entonces surgió el Ponce estético, más asentado, más ceñido y con una tanda al ralentí con la diestra. El epílogo tuvo la grandeza de un torero inteligente y hecho, en el que jugó con la escenografía. Como en esos tres semicartuchitos de pescao, unas trincherillas crujientes y algún cambio de mano deslumbrante. La estocada no cayó en lo alto. Pero el público pidió las dos orejas, que fueron concedidas con generosidad.

El otro espada que salió por la Puerta de los Califas fue El Juli, que cerraba plaza. Ante el tercero, suelto, distraído, con tendencia a tablas y un largo etcétera de defectos, anduvo seguro y con oficio. Entonado con el capote, fácil en banderillas, aguantó varios tornillazos a su oponente, al que robó tres series meritorias con la diestra. Un estoconazo fue el aval para cobrar una oreja.

En el sexto, el madrileño sacó su vergüenza torera. En plena noche, y con un festejo que comenzaba a pesar por el numerito de los cabestros, despertó al público con su apetito de triunfo. Alegró a los espectadores con capote y banderillas. Y en los medios se dio un arrimón serio, con un oponente mirón e incierto por momentos. Firmeza, aguante y pimienta de un torero con mordiente, que enloqueció a los tendidos. Mató de estocada y desorejó al último de la tarde.

Finito de Córdoba no remató con la espada la gran faena al segundo, un toro manso pero noble. Juan Serrano dibujó dos bellas verónicas. Con la franela, con expresión, armó una buena primera tanda con la derecha. Por ahí continuó con otra mejor, con uno de los pases de escándalo, arrastrando la muleta, llevando hasta el final al toro. Otra honda, aunque deslucida por un enganchón. Y una serie más mayestática, rematada con un pase del desprecio. Por el pitón izquierdo, con el toro pegajoso, desistió. Hubo en la bella labor soltura de brazos, conjugada con una importante carga estética. Pero todo quedó en agua de borrajas. Finito no veía la muerte al toro. Y después de una media y tres descabellos se esfumó un triunfo. Pero en esta faena quedaron grabados, a fuego lento, los pases más bellos.

La media hora de interrupción con los cabestros hizo mella en el ánimo del torero cordobés. Finito decidió estoquear, con autorización del presidente, al toro. Con el sobrero, de González Sánchez-Dalp, que no descolgaba, Finito en modo alguno creyó en faena con letras mayúsculas. Todo quedó en una labor aseada, apuntillada por un desarme. Tras la estocada, palmas.

Una tarde que pasó por muchos pasajes. Triunfalismo en algunos momentos, buen toreo en otros. Y lo más importante: el público salió contento. Las tres horas de duración no pesaron apenas en el tendido. Ponce, en sazón. El Juli arrancado y con chispa. Y Finito, con pases soberbios.


El País. JUAN ORTEGA.  Orejas por un tubo

A pesar de que ya se ha convertido en una costumbre, los hábitos del público que acude a las plazas son cada vez menos puristas. Admiten encierros sin ninguna presencia y jalean indiscriminadamente lo bueno y lo malo. Y como benefactores de pro premian con orejas a destajo faenas en conjunto ramplonas y de escasa condición.

De este vistazo general a la corrida, hay que abrir paréntesis a los detalles toreros de Ponce en los estertores de la faena al segundo de su lote, un toro manso al que terminó por encelar en la muleta y administrarle una tanda de naturales donde al fin hubo temple y hondura.

Finito pasó de puntillas en el primer embite, de tres, en la plaza de su tierra. Lo intentó ante el inválido sobrero. Mal sabor de boca dejó al torero la lidia de su primero, quizá el mejor de esta esperpéntica corrida.

Y El Juli a lo suyo, sigue siendo atractivo para el público y a poco que hace los tendidos se le entregan. Faenas aseadas, encontrando toro en todos los terrenos.

 

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