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Feria de la Salud
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA
Tarde del 26 de mayo de 2002
Novillada

Andrés Luis Dorado saluda al público.
(Javier Martínez)
Crónicas
de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Centeno Guerra,
bien presentados pero de poco juego y con varios novillos
peligrosos.
Diestro:
- Jorge Ibáñez, silencio y silencio.
- Andrés Luis Dorado, ovación y pitos.
- José Alberto, silencio y palmas.
Entrada: más de un cuarto de entrada.
Crónicas de la prensa: El
País, PortalTaurino, El
Día de Córdoba
El País. JOSE
LUIS RODRIGUEZ. Oportunidad perdida
Los tres novilleros anunciados ayer en Córdoba dejaron pasar una
novillada que pocas veces van a volver a encontrar con la nobleza que
sacaron las reses de Hermanos Centeno Guerra, que llevaron a plaza de
Los Califas un encierro muy bien presentado y que el público aplaudió
en el arrastre. Los aspirantes a toreros desperdiciaron esta
oportunidad: Jorge Ibáñez (silencio; pitos), Andrés Luis Dorado
(ovación; silencio) y José Alberto (silencio; palmas). Además, los
tres mataron mal. Perdieron la oportunidad de demostrar que quieren ser
toreros.
PortalTaurino FRANCISCO
MATEOS. Novillos a contraestilo de novilleros, o viceversa
Tampoco hubo resultado positivo en la segunda novillada que sirven de aperitivo de la Feria de Mayo. Los novillos de Centeno Guerra, difíciles y complicados pero encastados, demandaban un tipo de toreo que los tres jóvenes anunciados no acertaron a poner en práctica. El toreo estilista impone su monopolio y demasiadas veces se cae en el error de querer hacer lo mismo, las mismas faenas, los mismos muletazos, a toros distintos. Si bien es cierto que la uniformidad del comportamiento de los toros y la falta de variedad de encastes es una realidad cada vez más mayoritaria, no es menos cierto que, a veces, salen toros distintos a los que hay que hacerles 'cosas' distintas. Eso, precisamente eso, fue lo que faltó en este festejo. Y, no se olvide, estamos hablando de novilleros, no de consumados maestros.
Abría cartel el murciano Jorge Ibáñez. Con el complicado primero, que desparramaba la vista y buscaba al torero, poco se podía hacer. Sólo estar dispuesto de verdad a recibir un volteretón de padre y muy señor mío; no llegó. El cuarto, un novillo difícil por encastado que se fue ganando al público en los primeros tercios de la lidia, se le coló en el primer muletazo y se le fue directo al pecho, sin llegar a cogerlo. A partir de ahí, el novillo se impuso y el torero se hundió, sin confiarse nunca.
Andrés Luis Dorado volvía a disfrutar de una nueva oportunidad en Los Califas, y tampoco ha logrado triunfar. El torero tiene buen gusto y estilo, pero los novillos de Centeno Guerra no eran precisamente a modo para ello. A su primero, de descompuesta embestida, le logró sacar algunos muletazos al final del trasteo después de consentirlo en las primeras tandas. El quinto, encastado y con genio, se fue ganando el favor del público en los primeros compases de la lidia. Dorado, atrapado en su estilismo, chocó frontalmente con un áspero animal que pedía llevarlo muy tapado y doblarse y enfadarse mucho con él. Un novillo posible, pero con un toreo diametralmente opuesto al del joven cordobés.
El venezolano José Alberto no dijo apenas nada en su lote. Aunque era deslucido el tercero, el torero pareció estar nervioso y precipitado en los cites; no terminó de asentarse. Con el manejable sexto dejó una faena fría.
El Día de
Córdoba. FRANCISCO JAVIER DOMÍNGUEZ. Otra
novillada de tedio ante el conformismo de los toreros
Otra de tedio. Los novilleros que han actuado esta
Feria más parecían, por su comportamiento en la plaza, figuras del toreo
con dos cortijos, una punta de ganado y cien corridas contratadas para
esta temporada. Una lástima porque ninguno ha arrollado, ni ha tenido el
mordiente necesario que se precisa para encumbrase y no pasar
desapercibido en días anodinos y sosos hasta decir basta. Poca
personalidad en definitiva.
Si el sábado fue Chacón el que se salvó del naufragio. Ayer sólo
destacó Dorado, y a medias, en uno de sus toros, porque vestidos como
figuras del toreo Ibáñez y José Alberto anduvieron sin pulso, como de
compromiso en una plaza de primera, donde se jugaban mucho. Quizá parte
de su futuro.
Cierto que la novillada fue complicada. Con casta de la difícil y
cierto peligro los más. Se defendían en la muleta, medían, entraban sin
franqueza, pero de ahí a no querer verlos, evidenciar un claro vacío técnico
y falta de arrojo, va un trecho.
Lamentable lo de Jorge Ibáñez. Nada de capote; cogió la muleta y se
dedicó a perder pasitos. Sin asentar las plantas, medroso, ambiguo y
dudoso, se le destemplaba el alma cada vez que el centenoguerra
desparramaba la vista. Al segundo no lo quiso ni ver. Dos o tres veces le
amagó, se venció y vuelta a la espada, que manejó mal.
José Alberto tampoco dejó buena sensación. A su primer novillo no se
le castigó en varas, cambió el tercio con un par de banderillas, con
enfado del público e inhibición del presidente, y se consintió que el
pupilo de Campuzano anduviera revuelto en un mar de dudas tan grande como
el que ha tenido que cruzar para llegar desde su Venezuela natal. En el
sexto, se plantó con dignidad, presentó bien la muleta pero el público,
hastiado, no tenía ya ganas de toros.
Andrés Luis Dorado realizó lo más destacado. Se ciñó bien a su
primero en tandas con ambas manos en las que surgieron muletazos templados
y coreados por el públicos. Lento y despacioso en algunos compases de su
faena, consiguió una de naturales meritoria. Con la derecha, inició una
serie con el de las flores y, aunque facturó aceptable la faena, algunos
enganchones y el viento afearon una tanto el conjunto.
Con el sexto no se entendió. Después cumplir en varas, el toro llegó
a la muleta con genio, con la cara a media altura, bravo pero sin clase,
que dicen ahora los taurinos. Dorado se quedó descubierto en ocasiones y
llegó una fea voltereta sin consecuencias. Voluntad y demora con los
aceros. Al final sonaron algunos pitos.
Y el público, aburrido, deseó que aquello acabara pronto. El martes
llegan las figuras. Esto tiene que cambiar.
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