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Feria de la Salud
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA
Tarde del 1 de junio de 2002
Corrida de toros
Crónica
de la prensa

Último desplante de El Cordobés...
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Joaquín Barral,
desiguales de presentación y juego.
Diestros:
Entrada: media plaza.
Crónicas de la prensa: TorosComunicación,
El
País, Diario de
Sevilla
TorosComunicación.
Francisco
Mateos.
Manuel Benítez sale a hombros bajo la mirada de los
cuatro califas del toreo cordobés
Los más íntimos
rompían a llorar entre barreras cuando el Benítez levantaba las dos
orejas y el rabo del cuarto astado, el último de su vida, Potrero,
de 475 kilos. La plaza era un clamor. ¿Cómo es posible? En primer
lugar, porque a un loco como el Benítez sólo lo puede anunciar en una
plaza como la de Córdoba -31 años después- otro loco del toreo como
es el empresario Paco Dorado. Cuando el toreo actual está tan plano,
tan falto de personalidad, de ambición y, hasta diría yo, de afición,
el Benítez ha dado toda una lección de entrega y espectáculo. Ha sido
fiel a sí mismo sin caer nunca en el histrionismo o lo esperpéntico.
Con un vestido de estreno blanco y oro, Benítez le echó arrojo en el
capote al primero de sus toros y se estiró en un par de lances. Este
toro, de escasa fortaleza, quedó más mermado aún cuando se pegó una
costalada en varas. Tras el brindis al público El Cordobés inició
faena muy por alto para que no se le cayera. El astado no tenía fuelle
y sólo pudo haber algún muletazo suelto y, eso sí, una enorme
voluntad. Lo mató sin problemas.
El lío gordo llegó
en el cuarto. Entusiasta con el capote, no dejó ni que lo 'tocaran'
desde los burladeros. La faena fue más que entonada, con buenos
naturales con esa postura tan especial, encorvando el cuerpo para atrás
por la cintura y rompiendo la muñeca para desplazar al animal. Los
desplantes toreros, quedándose cerca del toro a cuerpo limpio,
terminaron por levantar clamores de los cordobeses. Pero un torero como
Benítez tenía que ser sorprendente hasta el final. Justo debajo de
donde estaba su mujer en una barrera, a la que le había brindado este
último toro de su vida taurina activa en España, delante de sus hijos
que estaban en el callejón, El Cordobés cuadró al toro y, sin
pensarlo, arrojó la muleta y se quedó sólo con la espada en la mano
derecha y la izquierda a modo de muleta para citar al toro a cuerpo
limpio. De esa forma, sin desviarse, Manuel entró a matar y agarró una
estocada por arriba. Sorprendente; genio y figura hasta el final. La
plaza se vino abajo, porque cuando toreros con 25 años con toros
del mismo tipo se desplazan a las afueras, él se tira por derecho y sin
muleta. Una demostración de afición y ambición impropia de una señor
rico de 66 años. Se demandó directamente el rabo y la presidencia sacó
tres veces de forma consecutiva el pañuelo blanco. Histórico.
Juan Mora toreó
muy bien en sus dos toros. Su toreo al natural y sus adornos toreros
fueron todo un lujo para los paladares más exigentes. Sorprendió su
sitio después de que esta fuera la corrida de su reaparición tras el
cornalón que sufriera en octubre en Jaén. Está en un momento
excelente, con gusto y sentimiento; parece que lleva 80 corridas
toreadas. La espada en el tercero le privó de la oreja, pero sí la
logró en el quinto.
El local Reyes
Mendoza ha sido el último torero que ha recibido la alternativa de
manos de Manuel Benítez; todo un lujo. En el de la alternativa
estuvo correcto con un animal deslucido, matando muy bien. En el sexto
dejó una faena muy firme y seria, con momentos bellísimos de un toreo
marcadamente cordobés, por vertical y serio. Fue inteligente y supo qué
necesitaba el toro en cada momento. En este logró las dos orejas y
salir a hombros junto al Benítez.
Al final del
festejo, Manuel Benítez volvía a salir, como tantas veces lo ha hecho
en su vida por una puerta grande en loor de multitud; pero esta vez,
además del fondo de pasodoble 'Soy cordobés', por la puerta
grande le seguían con la mirada los cuatro califas del toreo que
escoltan vigilosos la puerta grande del coso cordobés.
El País. JL.
RODRÍGUEZ. El Cordobés se corta la coleta
Manuel Benítez, El Cordobés, de
66 años, se cortó ayer la coleta como matador de toros en Córdoba,
ciudad en la que tomó la alternativa hace 39 años. Con la complicidad
del presidente cortó dos orejas y rabo tras una faena tremendista. El
usía, para el que también era su última corrida en el palco, al que
ayer volvió tras dimitir del puesto hace años, se contagió del
triunfalismo del público y sacó los tres pañuelos que otorgaban esos
trofeos, y, a la vez, dejaba a la plaza de toros de Córdoba por los
suelos. De primera categoría que es su decisión puso al coso de los
Califas en una posición muy inferior.
Y no es sólo por esos trofeos que
generosamente regaló -la primera oreja la concede el público y había
petición mayoritaria- sino por cómo se desenvolvió la función. Todo
estaba previsto para que el festejo fuese una fiesta. Así, se preparó
a modo un encierro anovillado, más propio de un festival (aunque las
entradas estaban a precio de corrida de toros) sin apenas cara y sin
fuelle. Desde el tendido se oyó varias veces -miaú, miaú-
durante la lidia. Y ya se sabe que si no hay toro, que no lo hubo, todo
carece de valor. El Cordobés estuvo como siempre ha sido, poco ha
cambiado salvo que los saltos de la rana le cuesta un poco más de
trabajo desarrollarlos, mas luego no tiene problemas en abrirse
completamente de piernas como un bailarín o dar la segunda vuelta al
ruedo a cien por hora.
Con sus dos enemigos, Benítez estuvo
siempre con la muleta a media altura para evitar que se cayeran.
Demasiados enganchones. Las dos faenas fueron muy parecidas.
Juan Mora cumplió el segundo de su lote
y en el primero dio tandas y tandas de muletazos pero sin llegar a
transmitir al tendido.
El toro de la alternativa de Reyes
Mendoza se quedó hecho un marmolillo. Por el pitón derecho remataba
arriba y por el izquierdo se quedaba a mitad del viaje. En este toro, el
nuevo matador destacó a la verónica y en unas gaoneras muy ceñidas.
En el que cerró plaza Reyes Mendoza estuvo muy torero. Y como el
triunfalismo continuaba, el presidente no tuvo reparo alguno en
concederle dos orejas.
Diario
de Sevilla. LUIS NIETO.
El Cordobés desata la locura en Los
Califas
Como todos aquellos que rompen moldes, Manuel Benítez
El Cordobés, que se retiró ayer a los 66 años en la plaza de Los
Califas, enardeció al público con una personalidad arrolladora que
todo lo puede. Enloqueció de principio a fin a sus partidarios. Sin
duda, esa personalidad es un don de los elegidos. Y Benítez, envuelto
por sus fieles, entre ellos matadores y novilleros que le sacaron a
hombros tras cortar un rabo al segundo de sus astados, desplegó todos
sus resortes. Hasta ahí, magnífico. Incluso, ya está todo listo para
que este verano le proclamen como el Quinto Califa. Pero..., con la
fiebre con la que vivió el público la efeméride, con ese delirio que
se desató, acompañado en un par de ocasiones por el pasadoble Soy
cordobés, se desvirtuaron varias cosas.
Entre la multitud de notas negativas, el coso de Los Califas perdió
su categoría de primera al lidiarse un encierro de Barral impresentable
para una plaza de primera; con astados, para más inri, que apenas se
tenían en pie. Para colmo, se concedieron varios trofeos de tómbola.
Y, entre otros detalles, el presidente, Diego Márquez, que se subía
este año por primera vez al palco, se saltó el Reglamento a la torera
al cambiar el tercio del cuarto con un solo puyazo. Vamos, que ni el
picador más echado para adelante le mete un puyazo tan bajo a la
categoría de Los Califas, que ha quedado como los toros de Barral de
ayer: por los suelos.
El Cordobés, mito, dueño del cotarro taurino en los sesenta, de
blanco y oro como en su debut en esta misma plaza, nos devolvió a la
Fiesta profunda de hace cuarenta años, en cuanto al trapío de los
toros. A su primero, al que protestaron enormemente por su flojedad, el
diestro lo mantuvo hasta con ayudados por alto ¡Tela!
Al cuarto lo lanceó con buen aire. Después de la parodia del primer
tercio, brindó a su esposa e hijos, en una barrera, la faena de su adiós.
El animal se cayó en un par de ocasiones. Una labor con pases sueltos,
con la muleta retrasada. Lo mejor, dos naturales que recordaron aquella
muñeca privilegiada de sus buenos tiempos. Hubo un desarme, saltos de
la rana sin la fuerza de aquellos años. Y sacó a relucir su casta en
un desplante de rodillas y a la hora de matar sin muleta, de una
acertada estocada, suerte a la que le puso el sello el malogrado Antonio
José Galán. El magnetismo con los tendidos fue tremendo. Y, sin una
faena con unidad, el presidente sacó de inmediato dos pañuelos blancos
a la vez. Y, al poco... el rabo. Para mí, le sobró a Benítez en su
celebración el abrirse de piernas o el dar una vuelta al ruedo
corriendo, esprintando.
La alternativa de Reyes Mendoza y la reaparición de Juan Mora, que
el pasado año estuvo a punto de morir por una cornada en Jaén, fueron
barridas en gran medida por el vendaval cordobesista.
Reyes Mendoza, que brindó la faena de su doctorado a su madre,
fallecida, montera al cielo, estuvo variado en el capote en su lote
-desde gaoneras hasta tafalleras, pasando por alguna caleserina y
saltilleras. Se doctoró con Airoso, número 12, colorao, de 520 kilos,
tan parado que no le permitió lucimiento alguno. Con el sexto, flojísimo
y noble, que brindó a Benítez, destacó en los estatuarios de la
apertura, una tanda de rodillas con la diestra y otra con la zurda. Con
un pinchazo por delante de la estocada definitiva, le concedieron dos
orejas.
Juan Mora, en cuanto a belleza de muletazos, consiguió algunos con
el manso tercero, especialmente por el pitón izquierdo, el mejor. Al
flojísimo y noble quinto, le cuajó una limpia y ligada tanda con la
diestra. Cortó una oreja tras pinchar.
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