|
|
|
Feria de la Salud
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA
Tarde del 25 de mayo de 2001
Corrida de toros
Crónica
de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Cuatro
toros de Juan
Pedro Domecq (tres
rechazados en el reconocimiento) anovillados, nobles; 3º, manso; y dos
de Parladé, 1º y
2º, anovillados, chicos y nobles.
Diestro:
- Joselito, ovación con
saludos en ambos.
-
José Tomás, ovación con saludos y una oreja.
- El Juli, petición
mayoritaria de oreja y bronca a la presidencia por no concederla y
dos orejas (salió a hombros por la Puerta de los Califas).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: Diario
de Sevilla, El
País, ABC.
Diario
de Sevilla. LUIS NIETO. El
Juli, una descarga de raza
Por fin se llenó la plaza hasta los topes. Desde
luego, si con José Tomás y El Juli, en cartel encabezado por Joselito
no hay llenazo; apaga y vámonos. Llenazo y nueva tarde con calor
asfixiante. El mercurio de los termómetros a nuestro paso por Córdoba
tiraba derrotes arriba, como los toros peligrosos.
El Juli llegaba a Córdoba tras conseguir otro triunfo épico en
medio de un diluvio. Sucedió en Nimes, donde obtuvó los máximos
trofeos en una faena. Ayer, en Los Califas, conmocionó a los tendidos
con una nueva descarga de su raza, de su casta. Una descarga con la que
estuvo a punto de dejar electrocutado a más de un espectador. Alta
tensión al darlo todo, alto voltaje en cada suerte, en la que expuso lo
indecible. Ocurrió en el sexto, tras picarle en el amor propio un José
Tomás, con sangre fría, que recibió un varetazo en el quinto y ni se
miró.
La tarde comenzó sin gas. Joselito recibió con verónicas suaves al
anovillado que abrió plaza, que se arrancó por su cuenta como una
flecha y atacó y derribó por los pechos a la cabalgadura. El Juli, muy
atento siempre a la lidia, salió al quite del picador. Después de otro
puyazo del varilarguero que hacía puerta, el astado se dolió en
banderillas. Joselito, descentrado y desconfiado, sólo sacó un par de
muletazos templados y mandones en la primera tanda. Con la izquierda, ni
eso. Se redimió con una estocada de premio, de magnífica ejecución,
entera y arriba, que fue soberbia.
Con el cuarto, un toro que se dejó pegar en varas, el torero de Las
Ventas, estuvo entonado con el percal. Tras dos pases sentado en el
estribo y una apertura muy torera, trazó una buena tanda por el derecho
en los medios. Allí, por ambos lados, se alargó en una labor tesonera
y pesada, ante un toro que no llegó a entregarse.
José Tomás recibió a otro anovillado y flojito animal con unas verónicas
desceñidas, antítesis de las ajustadas y bellas chicuelinas con las
que se expresó en un quite. El Juli, siempre presente, le respondió
por gaoneras, que abrochó con una tejadilla. Tomás no se lo pensó al
coger la franela. Abrió faena en los medios con cuatro estatuarios en
los que los pitones le rozaron la taleguilla. Con la diestra, con el
toro con la cara alta y suelto, el de Galapagar sacó una tanda de gran
valor, doblegando la embestida del astado. Cuajó otra serie al natural
y aguantó dos coladas impresionantes. Perdió premio al matar de una
media y dos descabellos.
El quinto, un jabonero al que le faltaban tan sólo nueve kilos para
los seiscientos, no se entregó en los dos primeros tercios. Tomás y El
Juli rivalizaron en quites. El primero colocó el listón alto con unas
gaoneras y el segundo, con variedad, resolvió un extraño del toro con
una inspirada caleserina. José Tomás luchó lo indecible con la sosería
del toro. Muy firme en todo momento, en algunos pases, los pitones le
rozaron la taleguilla. En un pase de pecho con la zurda, en el que obligó
en exceso al toro, sin dejarle hueco para la salida, le dio un varetazo
en la ingle derecha. ¡Ni se miró! Este tío, que asusta al miedo, le
endosó una tanda por manoletinas con empaque; en una de ellas los
pitones le barrieron las hombreras. Mató de estocada desprendida y ganó
por aclamación popular una oreja.
El tercero, jabonero, saltó al ruedo con una salida mansísima que
encrespó al público. Tenía una cornada en el anca izquierda, por la
que sangraba. El respetable protestó hasta la saciedad, pero el
presidente lo mantuvo en medio de una sonora bronca. La bronca la apagó
Susurro, que metió la cara y un Juli, que sin haberse podido lucir con
la capa y sin banderillear -triste espectáculo el de su cuadrilla con
los palos- estuvo a gran altura. En corto, toreó al ralentí en
numerosos pasajes por ambos pitones. Así, en dos tandas por el derecho
y, especialmente, en tres series al natural, con un pase de pecho
interminable. La última serie con la izquierda, rematada con un pase
del desprecio, tuvo enjundia. El epílogo fue un precioso toreo por
bajo. Tras media y un descabello al petición estuvo ahí, pero sin
exceder en mayoría. Curiosamente, el personal abroncó posteriormente
al presidente, tras denegar el premio.
El Juli, que recibió al astifino sexto con una larga de rodillas en
los tercios, toreó bien a la verónica, descollando con una media de
manos bajas. En su quite, tres lopecinas, aunque movidas, fueron
aclamadas por el público. Joselito le respondió con un quite superior,
supremo, deslumbrante e inusual. Un quite por crinolinas -en el que el
capote vuela en sus inicios pasando de mano en mano para terminar en una
especie de gaonera-. El Juli puso la plaza bocabajo en el tercio de
banderillas, descollando con un tercer par de dentro afuera. Con la
muleta, en el platillo, la faena tuvo dos fases muy diferenciadas: En la
primera destacaron dos series con izquierda, en las que prevaleció el
temple; la segunda abrochada con un garboso pase del desprecio, y otra más
con la derecha. La segunda, con el toro rajado, comenzó con un arrimón
en los mismos medios, robó pases, como el mejor de los carteristas le
pueda a uno quitar la cartera. Y, con el público en catarsis por un
valor descomunal, terminó junto a tablas, como si persiguiera al toro,
sacándole una serie de rodillas con el público en pie. Estremecedor,
como estremecedora fue la estocada.
Lo de El Juli en el sexto fue de traca. Toreó y, luego, con rabia
juvenil, se merendó al toro en un arrimón de época. Le tuteó a José
Tomás y, al final, le ganó la partida. Aquello fue una descarga de
raza.
El País. JOSÉ
LUIS RODRÍGUEZ. Baile
de corrales
Como
en el día anterior, la llegada de los considerados figuras del toreo
provocó el baile de corrales y, como consecuencia de ello, que la
ganadería titular anunciada tuviera que remendarse con astados de
otro hierro para completar la corrida de toros. Aunque en honor a la
verdad habría que hablar de novillada, pues lo que saltó ayer al
coso de Los Califas fueron novillos, unos más chicos que otros, pero
novillos, así den el peso reglamentario como para lidiarse como
corrida de toros. De la ganadería de Juan Pedro Domecq rechazaron
tres los veterinarios por falta de trapío -¿cómo serían?- y se
completó el festejo con dos de Parladé, impresentables para una
plaza de primera. Y ni una protesta del público contra la
presentación de los animales. La única que se oyó, y con forma de
bronca gorda casi generalizada, fue dirigida al presidente por negarse
a devolver al corral a un manso de Domecq, que la única dificultad
que presentó fue esta mansedumbre en los dos primeros tercios. No
podía entender el público cómo el usía podía mantener a este
tercero de la tarde por mansear. A lo mejor fue que no les gustó la
capa del toro, un jabonero sucio que en la muleta rompió a embestir
con una calidad extraordinaria. Y si los inquilinos de los tendidos
que antes protestaron no llegan a estar ocupados con los pañuelos
pidiendo la oreja a El Juli habrían terminado, casi seguro,
aplaudiendo al novillote en el arrastre.
Con este animal, El Juli bajó la mano, pero los pases no fueron
muy ajustados. De la bronca al presidente el público pasó a la
euforia cuando el torrero se inspiró con la izquierda, coincidiendo
ya con la pérdida de fuelle del animal. En el que cerró plaza, El
Juli formó un alboroto en los tendidos. Toreó largo y templado y con
tiento mantuvo el pulso de la faena ante un animal que perdía gas. La
faena fue encimista y un arrimón provocó el delirio entre el
público, que pidió con fuerza las dos orejas.
Joselito puso de manifiesto que está sin sitio. En los dos de su
lote estuvo aburridísimo. Pases y pases, innumerables pases, y ni uno
bueno. Tal vez se salve un derechazo en el primero. Llegó a cansar al
público, que le protestó su primera faena y la pesadez con la que se
empleó en el cuarto.
José Tomás no se encontró a gusto con el segundo de la tarde, al
que instrumentó algunos derechazos templados. Con la izquierda, a la
res le costaba tragarse los muletazos y mostró evidentes indicios de
rajarse. Con el quinto, un animal soso, sólo destacaron la última
tanda de manoletinas. Mató de una estocada baja y pilló una oreja.
ABC. Andrés Dorado.
La raza de El Juli triunfa en Los Califas
La tarde se había roto con la salida del tercero,
un toro jabonero, que apareció por la puerta de chiqueros con
unos andares mortecinos que hablaban bien a las claras de su
mansedumbre. El toro, paradísimo, levantó las protestas del público
que abarrotaba la plaza y que presagiaba que se quedaría sin ver en
plenitud a «El Juli», porque pese a que «Joselito» y José Tomás
habían estado dignos con sus respectivos primeros, el festejo se estaba
viniendo abajo a marchas forzadas.
Luego, el toro sirvió para el torero que le pegó muletazos por docenas
pero sin la transmisión que debe tener y tiene cuanto se hace con el
toro bravo. Y es que en la plaza, ayer, faltó precisamente eso, el toro
bravo, con más o menos presencia, pero con bravura, con clase y con lo
que tiene que poner el toro para que la Fiesta no sea un chasco. Los
célebres toros «artistas» de Juan Pedro, que habían sido impuestos
por José Tomás y que trajeron la discordia entre los toreros,
retrasando al empresario en la confección y presentación de los
carteles de la Feria, fueron un remedo de toros. Un auténtico fiasco.
«Joselito» llevó a cabo un primer trasteo muleteril con su sello
característico después de torear a la verónica, el recibo con las
manos bajas y luego, en el cuarto, con la tarde hundida, se sentó en el
estribo para hacer el esfuerzo. Nada, la sosería del toro hizo que los
buenos deseos del madrileño se estrellaran contra un muro
infranqueable.
Tampoco emocionó en el segundo José Tomás que manejó con soltura la
capichuela e imprimió majestuosidad a una faena comenzada en los medios
con cinco estatuarios, quieta la planta, hierática la figura que quiso
el torero argumentar sobre ambas manos con quietud, pero tampoco aquel
trasteo levantó el vuelo. Tuvo que ser en el quinto, otro jabonero
sucio, con más movilidad aunque sin llegar a los mínimos, que cogió
al de Galapagar de mala manera cuando la tarde se vino arriba. Había
desgranado una primera parte de faena con templanza, pero la sosería
del toro iba enfriando el ambiente hasta que llegó la cogida. José
Tomás se levantó sin mirarse y se echó la muleta a la espalda para
instrumentar seis manoletinas que se corearon con fuerza. La oreja
llegó después de la estocada caída de efecto rápido.
«El Juli», queda dicho, le pegó pases por docenas al mulo que hizo
tercero, muletazos largos, con mucho temple, que pese a la buena
disposición del torero, no llegaron al tendido que le pidió después
la oreja de forma minoritaria. Pero en el que cerró plaza, «El Juli»
se empleó a tope desde la salida del toro al que saludó con una larga
cambiada, le hizo el famoso quite por «lopecinas», que fue contestado
por otro muy brillante de «Joselito», y luego banderilleó con
muchísima entrega. El segundo par, por lo adentros, fue de una
ipresionante precisión y riesgo y el que cerró el tercio, de adentro
afuera, aguantando un montón, muy brillante. La faena de muleta fue
trepidante, sin dejar que el toro parase ni un segundo. Le ligó tandas
sobre la mano derecha con sabor y ritmo, con buen aire y sobre la mano
de la verdad se explayó en un par de tandas que contaron con muletazos
templadísimos, casi a cámara lenta, que entusiasmaron al personal. Su
raza, la tan famosa raza de «El Juli», acabó por recomponer una tarde
que había estado a punto de irse a pique, por esas razones, las que
expuso el joven diestro de Madrid sobre el albero de «Los Califas». No
hay más remedio, nos guste más o menos su estilo, que reconocerle que
hoy por hoy es quien tira del carro, quien sale todos los días a poner
en juego cuanto tiene, que no es otra cosa que una afición desmedida,
una capacidad tremenda y unas ganas de ser máxima figura del toreo
impresionantes. Todo eso, acompañado de un valor que no tiene límites,
hace que su nombre suene entre el gran público, en ese que ayer llenó
la plaza a reventar y que se quedó en su casa el día anterior. Ante
eso, señores, se quiera o no, hay que descubrirse. Por lo demás,
afición y tiempo tienen todo el del mundo para cuajar en un torero con
más arte y sentimiento.
|
|