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Feria de la Salud
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA

Tarde del 24 de mayo de 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de José Luis Marca, para  (tres rechazados en el reconocimiento; 2º devuelto; terciados, nobles, justos de fuerza; el 2º, manso, y dos de Hermanos Sampedro (2º, sobrero), nobles, con la fuerza muy justa. 

Diestro:

Entrada: más de tres cuartos de entrada.

Crónicas de la prensa: El País, Diario de Sevilla


El País. JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ. Puerta grande para Finito

En el inicio de la segunda parte de la feria, con los carteles bien rematados, llegaron los llamados figuras del escalafón, pero no toros para una plaza de primera categoría como la de Córdoba. En novilladas anteriormente lidiadas se han visto animales mejor presentados y con igual o más kilos que el encierro que llegó ayer hasta el coso cordobés. Y esta segunda fase también atrajo a más público, en su mayoría triunfalista, que en los otros festejos. Pero aún anunciándose a Finito, el ídolo local, y a José Tomás, que por donde va llena las plazas, no se llegó a completar el aforo de la plaza de Córdoba. Desde hace años, Córdoba da la espalda a los festejos taurinos y el público no acude salvo que presenten un cartel compuesto por aquellos que aparecen en el papel cuché de las revistas del corazón.

Finito inauguró la nueva norma de la Junta de Andalucía, por la cual abre la puerta grande aquel coletudo que obtenga dos orejas en un toro.

Y el diestro más querido de la ciudad lo hizo con el segundo de su lote, en el que instrumentó derechazos templados, unos con la mano baja y otros a media altura, ya que la fuerza de su oponente no resistía que el torero le obligará a humillar. Al natural, Finito consiguió pases brillantes, largos. Puso la plaza bocabajo y el público pidió con fuerza las dos orejas, tal vez porque el presidente le negó una en su primer enemigo, por lo que recibió una bronca de época.

José Tomás cortó otra oreja en el quinto, un toro soso al que el diestro sacó donde no había. El público le aplaudió todo, hasta cuando pidió que parase la música durante la faena. El segundo, primero de su lote, no tenía un pase. A decir verdad, sólo aguantó dos y se rajó hasta acunarse en las tablas. José Tomás se las vio y deseó para matarlo, pues la res no colaboró en absoluto.

Dávila Miura llegó bien al sobrero de Sampedro cuando toreó con la derecha. Por el izquierdo se quedaba el animal y si no llega a dar un mitin con la espada el público le habría pedido la oreja. Con el que cerró plaza, el toro más boyante de la corrida, Dávila no cogió el sitio. Su oponente estuvo por encima del torero. 


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Fino toreo de ley

El termómetro estaba a revantar. Oleadas de abanicos. El bochorno era insoportable. Pero, al fin, los tendidos con público, ¡qué bendición! Hasta tres cuartos del aforo cubierto de esta comodísima plaza de Los Califas.

Así de claro. Así de sencillo. Finito, fino toreo de oro de ley ¿Número de quilates?… Hombre, no me haga usted entrar en una especialidad que no es la mía. Pero sí, sí, en su segundo el número de quilates estuvo por encima de una temperatura sofocante. Toreo con resplandor aurífero. Y toreo con sentimiento. ¡Vaya manera de celebrar su décimo aniversario de doctorado!

El primer toro, de Hermanos Sampedro, aceptablemente presentado, fue noble, aunque pecó de falta de fuerzas. Finito lo toreó a la verónica con sabor, embarcando la dulce embestida del toro con suavidad. Un toro flojísimo, al que midieron el castigo en dos puyacetes, Quite frustado por chicuelinas de José Tomás. Finito dejó refrescarse al noble toro y en faena compuestita, sin obligarle, sacó un par de series por cada lado en las que prevaleció la elegancia y el temple; matando de pinchazo y estocada. Hubo petición minoritaria y el torero saludó.

El cuarto, carpintero, se cargó las tablas junto al burladero del 1. Sin entregarse en varas,

Finito lo toreó muy bien a la verónica, tanto en los lances de recibo, con entrega, como en un precioso y quite. El diestro cordobés abrió muy toreramente su faena en las rayas. En los medios, tres tandas con la derecha con empaque, acompañando la embestida del toro, rematando muy atrás en la mayoría de pases. Al natural dibujó unos naturales magníficos en los que llevó prendido con temple excepcional al noble animal. Una capeína y un inicio por redondo o un cambio de mano le salieron de manera inspiradísima. Soberbio el diestro cordobés, al que se le vio entregado y con mayor mayor dosis de sentimiento que en Sevilla. Pinchó arriba en la suerte natural. En la suerte contraria mató de estoconazo. Fue premiado con las dos orejas. Con un gallo y un sombrero cordobés terminó una vuelta al ruedo apoteósica, recibiendo una ovación clamorosa en los medios.

Al descastado segundo le picaron mal. Se maleó mucho en un puyazo largo en el que quedó atrapado por un pitón de las riendas del caballo y recibió un puyazo muy trasero en el segundo encuentro. Luego, en banderillas, esperó y la cuadrilla de José Tomás dio un mitin. La papeleta para el de Galapagar no era boyante. El toro se fue a las tablas del 9 y de allí no quiso salir. Fue tanto su caudal de casta que... quiso echarse. El espada, sin opción a nada, tuvo que matarlo pegado a tablas de tres pinchazos y una estocada.

No tuvo suerte José Tomás. El quinto no se entregó a lo largo de la lidia. Y el de Galapagar, cumplidor a la verónica, sacó pases de donde no había. Aquello más que un pozo seco, era un cenagal. Lo mismo echaba el animal la cara arriba que se caía en la muleta. José Tomás, a base de esa quietud que le ha puesto en la cima, tragó y tragó. Consiguió hasta una tanda por cada pitón cuando ya llegaba su labor al final; con el torero haciendo acallar la música. Mató mal, de corta caída. El público, generoso, pidió el trofeo, que la presidencia concedió.

Mala suerte tuvo Dávila Miura, al que le devolvieron el flojísimo tercero, al que le recibió con ocho notables verónicas. Ante la ineficacia de la parada de cabestros, pasado un cuarto de hora, lo apuntilló Juan García, el tercer banderillero de Dávila. Como sobrero saltó un colorao de Sampedro, que no se entregó de salida ni en varas, acudiendo por su cuenta al picador que hacía puerta.Tras brillar en dos pares con garra Paco Peña, el diestro sevillano basó su faena por el lado derecho. Destacó en una serie corta y lentísima, en otra con muletazos largos y ligados y una tercera en la que -ya rajado el animal- impuso su ley. Desconozco por qué quiso matarlo en las afueras. Hasta siete pinchazos y un descabello hicieron que aquella faena, que iba para premio, quedara silenciada.

El sexto, un toro que cumplió en varas, fue codicioso, repetidor y noble en la muleta. El torero sevillano no consiguió aprovechar al toro. La faena, tras una tanda de altura con la diestra, bajó en otras series con enganchones e incluso un desarme. No se le vio muy centrado a Dávila, que mató de pinchazo y estocada.

En la anochecida, más que los destellos del traje de luces y la amplia sonrisa de Finito, refulgía en nuestro corazón el toreo de oro del diestro cordobés. ¡Vaya manera de celebrar su décimo aniversario de doctorado! Toreo de muchos, muchísimos quilates de Finito.

 

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