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Feria de la Salud
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA

Tarde del 23 de mayo de 2001
Novillada con picadores
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Guadalest, complicados y mansos.

Diestro:

  • Leandro Marcos, silencio en ambos.
  • Alejandro Amaya, silencio y oreja.
  • Andrés Luis Dorado, vuelta y ovación.

Entrada: un cuarto de entrada en tarde bochornosa.

Crónicas de la prensa: El País, Diario de Sevilla


El País. JUAN ORTEGA.  Novillada noble

'Ese toro es de rabo', gritó un espectador cuando Leandro Marcos finalizaba su faena al cuarto novillo de Guadalest, de excepcional nobleza, como el resto del encierro, lidiado con el mismo hierro. Novillos la mayoría repetidores en la muleta, embistiendo otros de largo, sin dar problemas y complicaciones, sin hacer extraños, salvo los dos últimos debido a sus escasas fuerzas. Cuatro de las reses fueron aplaudidas en el arrastre. La mayor ovación fue para el cuarto, un colorao de 520 kilos, que iba de largo y al que Leandro Marcos no le supo dar fiesta buena. Le sucedió igual en el primero de su lote, otro animal que repetía y repetía en la muleta incansable, pero el diestro sacaba series sin reunir, sin profundidad. Este novillo, y el cuarto también, se llevaron las orejas a la incineradora cuando tenía que haber paseado el torero los cuatro apéndices de sus enemigos.

Sólo una oreja se cortó con semejante material bovino, que sólo bajó un poco en los dos últimos, novillos que se defendieron por su escasa fuerza, como queda dicho. Y la oreja la cortó el mexicano Alejandro Amaya, que con sus dos enemigos hizo faena fría y sin emoción. En su primero, segundo de la tarde, llegó a ponerse aburrido con tanto pase como dio, algunos de ellos con enganchones. En el quinto sacó una serie de naturales ante el novillo que sacó problemas por falta de fuerzas, pero nada del otro mundo.

Andrés Luis Dorado tuvo también en el tercero otro animal noble, como sus hermanos de camada anteriores. El diestro instrumentó series de derechazos muy templados, llevando bien a la res, pero a la hora de coger la muleta con la izquierda su enemigo había perdido fuelle, se había ido apagando poco a poco. Con el que cerró plaza, un berreón que se defendía, Dorado intentó sacar algo provechoso, mas le fue imposible.

Novillada, en suma, noble, con casta, que no dio problemas a los toreros.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. La terna desaprovecha la nobleza de Guadalest

Córdoba. ¿En qué porcentaje influye la suerte -buena o mala- en los toreros? El tema da para un tratado. Hay toreros, como El Califa de Játiva, a los que la diosa Fortuna les da la espalda. Es más, es el diablo Malasombra quien les persigue. El martes, por ejemplo, le insufló una horrenda cornada. Ese maldito demonio, después del año pasado en San Isidro, frenó a José Pacheco con una grave lesión de muñeca que le tuvo apartado de los ruedos. En la presente temporada se ha quedado fuera de las ferias de Sevilla y Madrid. Y ahora… ahora casi un mes sin vestirse de luces. Sin duda, la suerte juega una baza importante en los toros.

Ayer, cuando hacían el paseíllo tres chavales cuyos esportones están en estos momentos más cargados de ilusiones que de técnica, de sueños que de experiencias, me preguntaba: ¿de qué manera la suerte les acompañará en sus carreras?.

De momento, ayer la diosa Fortuna les tocó con su varita a los tres novilleros. La novillada de Guadalest derrochó nobleza en sus embestidas. Y no fue totalmente aprovechada. Así, el primero, que lanzó por los aires el estribo y algunas tablas de uno de los burladeros de salida, fue topón y salió suelto en varas. Pero en la muleta, nobleza, mucha nobleza. Leandro Marcos, que lo recogió bien a la verónica, se dobló toreramente en la apertura junto a tablas. En los medios, tanda entonada, aunque sin bajarle la mano. Con la izquierda trazó tres series desiguales, en las que alternó varios naturales de calidad con otros de bajo nivel. Faltó ligazón y sobró frialdad. Cerrando al novillo por el izquierdo se quedó al descubierto y el astado le lanzó por los aires, quedando encima de los lomos. Al dejar una casi entera en la suerte suprema se llevó un fuerte palazo en la ingle.

El cuarto novillo fue franco y noble hasta decir basta. Un colorado de 520 kilos, que cumplió en varas y fue incansable en la muleta. Leandro Marcos, tras un saludo capotero, realizó una faena con altibajos. Después de dos tandas mecánicas con la derecha entró en harina en una tercera por ese pitón en la que puso calor. Ahí se arrancó la música y hubo buen aire en los pases, con soltura, temple y gustándose. Duró poco lo bueno porque tras destellos con la izquierda con algún natural de exquisito trazo y un buen pase de pecho, el encanto desapareció.

El segundo fue otro novillo sin aprovechar totalmente. Con las muñecas dormidas, que no adormecidas, Alejandro Amaya sufrió varios enganchones en el toreo de capa. Su picador Francisco Martín estuvo muy acertado, castigando arriba al novillo, que se dejó pegar sin emplearse. En la muleta, entre que Amaya no se cruzaba y codilleaba en exceso y que el astado se defendía, la labor resultó sosa, deslucida y con multitud de tropiezos.

El quinto, salinero, sin entregarse totalmente, fue género también bonancible para el torero mexicano, que en esta ocasión dibujó buenas verónicas y alguna media en corto, con sabor. Con la muleta no llegó a centrarse totalmente y la faena fue una serie de dientes de sierra. Para nota algunos naturales y un pase de pecho, con empaque y elegancia, por el lado izquierdo. Mató de una estocada y recibió la única oreja del festejo.

El tercero, un burraco, con hechuras de toro, fue a más. Tras cumplir en el primer tercio tuvo cuerda y nobleza en la muleta. Andrés Luis Dorado, entonado en los lances de recibó, realizó una faena compacta y muy interesante. Destacó en dos buenas tandas con la diestra con la planta quieta, en las que hilvanó templadamente los pases. Con la izquierda también hubo una buena serie con ligazón. También hubo variedad como una capeína, un cambio de mano o las manoletinas que abrocharon la faena. Quiso matar en el mismo platillo y el novillo le enganchó afortunadamente sin consecuencias. Luego, con otro pinchazo, finiquitó al astado. Con peitición minoritaria, dio una vuelta al ruedo que fue protestada.

El sexto, que cumplió en varas y se dolió en banderillas, también tuvo nobleza, aunque se apagó por falta de fuerzas. Andrés Luis Dorado, porfión y voluntarioso, realizó una labor excesivamente larga por ambos pitones, en las que el novillo acabó tragándose los pases a regañadientes. Tras un pinchazo, salió rebotado en el siguiente encuentro, en la suerte contraria, al enterrar casi por entero el estoque.

La suerte se portó bien con la terna. De momento, ayer la diosa Fortuna les tocó con su varita a los tres novilleros. La novillada de Guadalest derrochó nobleza en sus embestidas; pero no fue aprovechada en su plenitud.

 

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