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Feria de la Salud
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA
Tarde del 22 de mayo de 2001
Corrida de toros
Crónica
de la prensa
FICHA TÉCNICA

El Califa, camino de la enfermería tras la cogida
Ganadería: Toros de Carmen
Borrero (bien presentados y broncos), para
Diestro:
Entrada: un cuarto de entrada en tarde
bochornosa.
Incidencias: parte
médico de la cogida de El Califa: durante la lidia del primer
toro ingresó en esta enfermería José Pacheco Rodríguez el cual
presenta herida por asta de toro en tercio medio, cara interna que
interesa piel tejido celular subcutáneo
con dos trayectorias, una
ascendente de dieciocho centímetros que alcanza y contunde ligamento
inguinal en su cara inferior y
otra de catorce centímetros distal
que alcanza hueco poplíteo seccionando abductores, vaso interno
y sartorio, diseca y
contunde paquete vasculonervioso. Se interviene bajo anestesia general
en la enfermería procediéndose a hemostasia cuidadosa,
reconstrucción masa muscular ,limpieza y drenaje por contravertura. Se
traslada al hospital de la Cruz Roja. Pronostico : Muy grave
Crónicas de la prensa: El País, Diario de
Sevilla
El País. JUAN
ORTEGA. Cogida muy grave de El Califa
El Califa resultó cogido de gravedad cuando lidiaba su primer toro.
Fue en el tercer pase de la segunda tanda de derechazos que interpretaba
cuando el animal, a mitad del viaje, le alcanzó el muslo derecho y lo
levantó hasta caer sobre las astas del toro, que le lanzó la cornada.
El mismo torero supo de la gravedad del percance pues nada más
incorporarse se encaminó él solo cojeando hacia le enfermería ayudado
poco después por sus compañeros. De su pierna manaba abundante sangre
cuando fue retirado.
Los médicos le estuvieron atendiendo bajo anestesia general durante
más de hora y media. El cirujano jefe de la plaza de toros de Córdoba,
Eugenio Arévalo, confirmó el pronóstico de muy grave, de las lesiones
producidas. Según este mismo facultativo, el torero deberá permanecer
hospitalizado en Córdoba al menos cuatro días y estará de baja unas
cuatro semanas. Los médicos no temen, salvo infección, que empeore la
situación del torero. El Califa fue evacuado dos horas después del
percance al hospital de la Cruz Roja. En la corrida estuvo presente su
padre, que se había desplazado a Córdoba para ver a su hijo y para
almorzar con Manuel Benítez, El Cordobés, que fue padrino de la
alternativa de este torero el 1 de mayo de 1996, en la plaza de toros de
Xátiva (Valencia).
El parte facultativo señala que El Califa sufrió una cornada en el
tercio medio de la cara interna del muslo derecho, con dos trayectorias
de 16 y 14 centímetros, provocando graves destrozos musculares y
dejando al descubierto el paquete vascular nervioso, se le hizo una
hemostasia, recomponiendo toda la parte del muslo, y se dejaron dos
drenajes, uno por cada herida.
Así las cosas, el festejo quedó reducido a un mano a mano entre José
Luis Moreno y El Fandi, que se las vieron con un encierro complicado en
su primera parte, en la que los toros sacaron mansedumbre y se mostraron
peligrosos y algunos embistiendo al paso. Moreno fue el encargado de
matar al toro que cogió a El Califa.
Tiene este torero cordobés mala suerte con la espada, que ya le ha
hecho perder trofeos después de haber cuajado faenas de interés a
toros de ganadería de renombre. En el segundo de su lote, Moreno hizo
una faena seria ante un animal probón que se negaba a pasar y que
buscaba al torero a la salida de cada muletazo. Con el tercero, quinto
de la tarde, Moreno sacó una tanda de naturales ejecutados con
profundidad y aguantó valiente un parón de la res antes de salir de la
muleta. Faena elegante, puede decirse, y como esta vez acertó a tumbar
al toro a la primera, el público le premió con una oreja.
Lo mejor de la actuación de El Fandi fueron las tres estocadas con
las que mató a otros tantos toros. Tres estoconazos ejecutados a ley.
Con su primero apenas acertó a sacar algo provechoso. Su toro desarrolló
peligro y no le dejó hacer el toreo. Con el segundo fue muy aplaudido
en banderillas y le hizo a este toro noble una faena sin emoción. En el
que cerró plaza, El Fandi vio en dos ocasiones cómo su enemigo le ponía
los pitones en la cara. Tampoco pudo hacer nada en esta ocasión.
Diario
de Sevilla. LUIS NIETO.
EL
Califa, herido muy grave
Córdoba.
Cartel precioso para el aficionado. Pero al tomar acomodo en el tendido,
el panorama era desolador. Había más cemento que en la constructura de
las Koplowitz. Qué pena de ambiente. Un cuarto de plaza y… siendo
generoso, muy generoso.
El espectáculo se rompió desde sus inicios, con la cornada que
sufrió José Pacheco El Califa. Ese primer toro salió rematando en
tablas. Pero, oiga, puro espejismo porque no se entregó en el caballo y
además echó la cara arriba. Poco importaron las pésimas condiciones
del astado a este Califa de Valencia que salió a darlo todo, hasta su
sangre. Con el capote no tuvo opción al lucimiento, aunque le sacó dos
buenas verónicas. Con la muleta fue a cara de perro con el toro de
Borrero. El bicharraco le avisó al valenciano en la apertura y en el
par de tandas que le propinó por el pitón derecho. Tornillazos,
siempre buscando. Sin embargo, El Califa en la siguiente serie fue a más:
se entregó al máximo. Y en uno de los pases el toro lo prendió de
manera fea a la altura de la parte interior del muslo derecho. Giró el
torero en el pitón en un segundo eterno. Y cuando cayó, con la
taleguilla ya empapada de sangre, se le apreciaba la dentellada del
afilado pitón. Una pena. El toro lo mató -muy mal- José Luis Moreno.
Silencio. Y las miradas que se pierden hacia la puerta de la enfermería.
Por la cogida, se corrió turno y el festejo quedó en un mano a mano
entre José Luis Moreno y El Fandi.
El segundo no enderezó la pobre nota del encierro. Aunque cumplidor
en varas -Pedro Morales Chocolote hijo le midió y precisó
correctamente el castigo-, en la muleta dejó mucho que desear. El Fandi,
aseado en el capote, levantó los ánimos de los espectadores con los
garapullos, ante un toro que le esperó. Se mostró más atlético que
otra cosa. Con la muleta, tras una apertura con varios avisos por el
derecho, intentó un lucimiento imposible. El toro, al paso, sabía lo
que se dejaba atrás. Debido a la entrega del torero, con tandas por el
derecho jugándose el pellejo, se vislumbró en varias ocasiones el quirófano.
Tampoco fue como para tirar cohetes el juego del cuarto, un burraco
que huyó al sentir el hierro. Pero el animal, aunque no bajó la cara
en el tramo final, no tuvo maldad. El Fandi, bullidor con el capote,
cosechó las ovaciones más sonoras con las banderillas, gracias
principalmente a un par al violín y otro, de máxima exposición, por
los adentros. Con la muleta comenzó junto a tablas, de rodillas, sobre
la mano diestra. Sacó una serie notable por ese lado, corriendo la mano
y rematando bien con el de pecho. La faena, también con otra tanda con
la zurda, fue a menos en función del toro, ya rajado. El Fandi, con
unas manoletinas y un afarolado, puso un broche brillante a su labor,
premiada con una oreja.
El granadino recibió al sexto con dos largas en los tercios. Vendió
su espectáculo con las banderillas, en el que de nuevo clavó un par al
violín. Después de atizarle en varas, el toro desarrolló sentido. Una
y otra vez, por la diestra y la zurda, recibió hachazos; algunos a la
altura de la cara. Acabó con unas manoletinas y un desplante de
rodillas.
José Luis Moreno también tuvo que sudar la gota gorda ante el
tercero, manso y peligroso, al que zurraron en varas. El regalito echaba
la cara arriba que era una delicia. Lo pudo comprobar El Fandi en un
quite por faroles -¡vaya idea!- en el que estuvo a punto de cortarle el
cuello. Moreno, en las afueras, se jugó los muslos. El toro, mirón, a
la búsqueda del bulto, puso a prueba el valor y la paciencia del
diestro cordobés. El hombre parecía que andaba entre un campo de
minas, porque el pajarraco le lanzaba gañafones ya le diera media
distancia o le quisiera tapar la cara con la muleta. Lo emborronó con
los aceros.
Moreno logró los mejores momentos en el quinto, un toro que no se
entregó de salida ni con el del castoreño, pero que fue noblote en la
muleta. El torero cuajó dos tandas por la izquierda en las que brilló
el temple y los pases de pecho. En una serie al natural se recreó
toreando despacito. También, uno a uno, con el toro ya remiso, sacó
otros en los que bajó la mano. Con la diestra dibujó varios pases
rematados atrás, en una magnífica serie que cerró con crujiente
trincherilla y un soberbio pase de pecho. El remate, con toreo por bajo
y pase del desprecio, realzó una faena de interesante carga artística.
Únicamente, como borrón, la estocada, que cayó caída.
Tarde desagradable por esa dentellada voraz que supone siempre la
cornada. El Califa contribuyó con el tributo de su sangre en una
corrida de Borrero con muchas complicaciones; en la que Moreno y El
Fandi, con un trofeo cada uno, dieron la talla. |
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