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PLAZA
DE TOROS
DE LAS VENTAS
MEDICINA TAURINA |

La Razón, 140605. Entrevista de Sandra Lorente. «En muchas ocasiones pienso qué es lo que haría mi padre en mi lugar»
–¿Cómo trabaja su equipo?
–Tenemos un burladero, algunos se sitúan allí. Como nunca sabes cuándo vas a tener que salir corriendo, otros se quedan en el pasillo que une el ruedo con los quirófanos, otros dentro... Es importante ver cómo ha sido la cogida, en qué zona, la caída... También atendemos al público.
–¿Qué ocurre tras la intervención?
–Atendemos a un 99% de los heridos en la enfermería, luego los trasladamos a la clínica de la Fraternidad, porque las cornadas ya son consideradas accidentes laborales y allí es donde se atienden esos casos. Luego sigo el post-operatorio.
–¿Qué cualidades hay que tener para actuar con rapidez y eficacia?
–Tranquilidad. No te puedes echar las manos a la cabeza, hay que estar a la altura y dominar el tema.
–Aparte de vuestro equipo, ¿quién es imprescindible en una cogida?
–Por ejemplo, el mozo de espadas, que viste al torero y conoce la forma más fácil de desnudarlo. Hay que saber quitar los machos con rapidez, las taleguillas... y el que más rápido lo hace es él. Recuerdo que una de las veces que actué yo solo, no estaba mi padre, hubo una cogida tremenda. El torero venía sin conocimiento y lleno de sangre. Lo primero que hice fue abrir el traje de arriba abajo, para luego descubrir que el chico tenía un puntazo, la sangre era del toro... y el vestido quedó que no valía para nada.
–¿Teme más al toro o al torero?
–Al hombre. Como aficionado sé dónde está el peligro y muchas veces es el diestro el que no se coloca donde debe.
–¿Ha habido alguna situación que no haya podido controlar?
–Mi profesión es conocer el organismo y sé dónde están los límites del cuerpo. En muchas ocasiones pienso qué es lo que haría mi padre... Una cornada, si no es en el cuello o en el corazón, puede atenderse, pero una fractura de columna cervical puede destrozar a una persona... Hay ciertas veces en las que te sientes impotente.
–Su trabajo, estar siempre al quite.
–El torero puede considerarse un ser privilegiado porque cuenta con un médico a pie de obra. Las estadísticas dicen que muchos accidentados fallecen por no ser atendidos de inmediato.
–¿Qué relación mantiene con los toreros?
–Hay algunos a los que no les gusta pasar a la enfermería. En cambio, otros como Ponce o Esplá se pasan por allí para relajarse.
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El equipo médico de Máximo García Padrós es el encargado de custodiar la enfermería de Las Ventas. Tres doctores, dos anestesistas, un traumatólogo, un ATS y dos mozos de quirófano se mueven a sus órdenes. El cirujano forma parte de estas instalaciones desde 1966, año en el que ocupó la posición de segundo ayudante, dirigido por su padre. En esos inicios creó un archivo fotográfico, inexistente hasta entonces, sobre heridas producidas por asta de toro. Más de 2000 imágenes, siempre respetando la privacidad del paciente, le sirven para ilustrar las clases didácticas a alumnos de Medicina. Tras un San Isidro «tranquilo» en la sala de quirófanos, García Padrós habla de su papel en la plaza más importante del mundo. |
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